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La chica del tren

Por Alejandro Arranz

-Rutinaria, soporífera, torpe y muy tonta. Una película que cree jugar con el espectador cuando realmente le está aburriendo.
-Mas allá de que la intriga sea previsible, el problema es que a nadie le importa lo que ocurre. Ni siquiera el competente reparto femenino puede hacer que aparte la mirada del reloj.

Mi segunda apuesta en el primer día de la “Fiesta del cine” es un estreno, La chica del tren. Las películas del director Tate Taylor siempre suben de nivel gracias a sus intérpretes. Criadas y señoras y I Feel Good son ejemplos de lo que digo. Su último trabajo es un cambio de registro en toda regla. Un thriller frío basado en el best-seller de Paula Hawkins. La encargada de escribir un guión notoriamente feminista es Erin Cressida Wilson. En cuanto al reparto, lo encabeza un estupendo trío de actrices: Emily Blunt, Rebecca Ferguson y Haley Bennett. Y detrás encontramos otros nombres conocidos como: Luke Evans, Edgar Ramirez, Justin Theroux, Allison Janney y Lisa Kudrow. Ahora veamos todo lo malo que tiene que ofrecer esta propuesta.

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Ya desde un primer tramo terriblemente mal enfocado y ejecutado, recibo la película con bostezos a pesar de la energía con la que entro a la sala. Me permito pensar que tras el inicio de la intriga la cosa cambiará, puesto que la presentación de unos personajes planos, grises e insípidos; no me interesa ni un poco. Da la casualidad de que me equivoco, la película no mejora cuando entra en juego la intriga, sino que se vuelve incoherente y juega con una narración incesantemente tediosa. Taylor y Wilson enredan los elementos narrativos en un intento de mantener al espectador en constante tensión, intentando unir los cabos. Pero lo único que consiguen es hacer su película confusa y enmarañada. Además el filme es reiterativo hasta la nausea, contando una y otra vez lo que ya sabemos desde el principio. Y lo que cree que no sabemos hasta que nos lo permita, también lo sabemos, pues no tarda mucho en mostrar sus cartas. Uno de los motivos es que el director maneja los elementos de su intriga sin ningún tipo de habilidad ni sentido del ritmo. A eso hay que sumarle su manifiesta y recalcitrante naturaleza de película “feminista”, que no deja duda alguna respecto a la resolución de la trama. Con ésto claro, la película se desvía hacia el culebrón, dejando el thriller casi moribundo. Lo más gracioso de todo es que los responsables en ningún momento trabajan para un espectador inteligente, y en su pretenciosa arrogancia deciden incluso utilizar trucos de baratillo que irritan más que hacer gracia. Llegados a este punto, entre un guión bastante espantoso y una dirección entre el encargo y el témpano desidioso (excepción, su decente jugueteo con el vouyerismo), el espectador intenta refugiarse en la labor de las actrices, que sin salir de la mera competencia, resulta un refugio aceptable dentro del desastre. Por desgracia, la mera competencia de Blunt, Ferguson y Bennett acaba enterrada bajo la insoportable vacuidad de sus personajes. Al final llega el poco sorprendente giro de guión y un desenlace que da bastante vergüenza ajena, y el fallo no está en que lo pudieras descubrir al principio, o a la mitad. El fallo está en que durante 90 minutos no te ha importado nada de lo que ha ocurrido, y en los últimos 20 tampoco te va a importar.

Película abúlica, lúgubre, taciturna, inane, incompetente, insoportable, insultante, espantosa de principio a fin. Una telenovela de domingo por la tarde que se pierde entre flashbacks y puntos de vista al ser incapaz de desarrollar personajes, estructurar una narración, ocultar sus costuras o contar algo que no sea irremediablemente estúpido de una forma que no sea patética. Es tan mala que casi le cojo manía a Emily Blunt, casi.

Alejandro Arranz

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