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La ceguera de la codicia, el mal del oro

Por Enrique Fernández Lópiz

Siempre me gusta ir al cine, siempre me apetece, pero he comprobado que hay ocasiones en las que tengo más hambre de película que otras. Pues bien, cuando fui a ver esta película, tenía hambre de película y tal vez en parte por eso, pero no sólo por eso, la película me agradó bastante, me pareció muy interesante, excelente dirección y guión a tono, buenas interpretaciones, buen ritmo y un tema sugerente, el tema de los timos y las idas y vueltas que hay que dar para que el bluf y la farsa resulten.

Gold, la gran estafa es una película de sobre un gran timo, una monumental estafa. El protagonista, Kenny Wells (Matthew McConaughey) es un hombre bebedor, entusiasta hijo de un señor dedicado a la prospección y búsqueda de minerales valiosos. Al señor Wells le va bien y ha logrado crear una próspera empresa familiar. Kenny en tanto contrae matrimonio y comienza a hacer planes con su hermosa mujer (Bryce Dallas Howard). Pero al fallecer el patriarca, Kenny, con su impulsividad y temeridad arruina la empresa paterna. Pero su fracaso no lo desanima y desde su precaria infraestructura empresarial, decide convertirse en un explorador y viaja a Indonesia donde crea una empresa junto al geólogo Michael Acosta (Édgar Ramírez), para buscar oro en las junglas de Indonesia (Borneo). En una servilleta de papel acuerdan y firman ambos repartir al cincuenta por ciento los beneficios que obtengan, esperando tener un golpe de suerte.

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Tras una penosa enfermedad de Kenny, su socio le avisa de buenas noticias y del hallazgo de oro en la zona. Ahora, la antigua empresa familiar, la “Washao Mining Company” de Kenny, llega a ser conocida como tenedora de la mina de oro más grande a nivel global. Tras ofertas de un lado y otro de los grandes capos del preciado metal, tras salir a bolsa la sociedad y todo eso, se acaba descubriendo que la mina realmente no posee oro, lo cual que la sociedad quiebra, perdiendo los inversores su dinero. Su socio Acosta desaparece y se le da por muerto, asesinado supuestamente por los soldados indonesios enviados por el presidente Sukarno. Kenny, tras un largo y prolijo interrogatorio por parte de la policía es finalmente dado por inocente y desconocedor del fraude que su socio había cometido. Entonces regresa a vivir con su esposa quien le había guardado la correspondencia durante el largo tiempo que había estado fuera de su hogar. En una de las cartas, Kenny recibirá la sorpresa de su vida.

El director Stephen Gaghan había hecho ya sus pinitos en esto del dinero sucio, la política, etcétera, con el guión que escribió para la película de 2000 dirigida por Steven Soderbergh, Traffic. Ya en ese entonces había puesto en evidencia su interés por los flujos de dinero, cuya temática aborda en esta película que, aunque con guión ajeno, sigue teniendo su marchamo particular y su curiosidad por las corrientes del vil metal, corrientes que siempre se tocan con la política y los grandes lobbies. Pero aquí el truco del pobre hombre versus los grupos de poder, dan el triunfo al primero (y segundo, su socio). Gaghan nos “ofrece el eterno fuego de artificio de las películas sobre estafas. Esas que, a golpe de martillazo, por una vez, aplastan la cabeza del poder económico” (Ocaña). Y lo hace con una colección de gestos no por esperables menos interesantes, diálogos sugerentes y fluidos, un montaje dinámico y un encadenado de piezas musicales muy bien trenzadas.

El guion de Patrick MassettJohn Zinman es un libreto conseguido, bien hilado, con ritmo y una continuidad en la trama, o sea, sin pasos en falso, lo que hace la historia creíble. Resulta el guión de la adaptación al cine de un caso real conocido como el escándalo minero Bre-X de 1993, cuando tras un supuesto descubrimiento de oro en la jungla de Indonesia, se desveló un fraude, dado que las muestras analizadas estuvieron falsificadas. Pero la ambición ciega, esa es la cuestión, nadie sería timado si no está tocado por el virus de la codicia.

Excelente la banda sonora de Daniel Pemberton que podéis escuchar aquí; y el mismo Pemberton fue nominado Globo de Oro en 2016 a la Mejor Canción Original que co-escribió con Iggy Pop, Danger Mouse y el director Stephen Gaghan, un tema precioso que se puede escuchar aquí interpretado por Iggy Pop. Esplendorosa la fotografía de Robert Elswit recogiendo matices y tonalidades exóticas de los bosques y ríos indonesios.

En el reparto brilla con luz propia el actor texano Matthew McConaughey, al que parece le hayan hecho la cinta a su medida; un individuo animoso, incansable fumador y bebedor, driblando entre los especuladores y los ambiciosos del negocio del oro, entregado a todo nivel a su papel, en el que resultan llamativos los cambios físicos que se producen en el actor-protagonista que en su inicial decadencia en la historia se presenta calvo, con una desastrosa dentadura, sudoroso siempre, con barriga; en fin, amén del gran trabajo actoral que realiza, de todo punto creíble y que incluso llega a caer bien al respetable. Solvente, medida y enigmática interpretación de Edgar Ramírez que, al fin, es el dueño y sabedor de todo el entramado. Mayúscula, muy guapa y expresiva Bryce Dallas Howard, a la que habrían tenido que dar más protagonismo en el film. Y acompañando actores y actrices de nivel como Corey Stoll, Toby Kebbell, Rachael Taylor, Bruce Greenwood, el ya clásico y mítico Stacy Keach, Bill Camp, Joshua Harto, Steve Larese, Catherine Haun, John Pirkis, Shad Adair y Jamie H. Jung. Muy bien todo el equipo de actores.

Mi valoración es que, sin ser una gran obra, sin embargo resulta sorprendente cómo atrapa en su visionado, con su suspense, con la maraña de aspectos que aborda, siempre con relación al poder, la ambición y el engaño, lo cual hace de ésta una “película es absorbente que tiene no un tercer acto sino un cuarto y hasta un quinto” (Weinrichter). Y es que ocurre que el final no está previsto y el detalle de la última escena es muy reconfortante para el espectador.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=gdLXPv5NsA4.

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