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La casa de los cocodrilos

Por Jon San José Beitia

Desenfadado y discreto relato de misterio que tiene como protagonista a un joven niño lleno de imaginación que comienza a sospechar de los extraños comportamientos de sus vecinos, dando paso a una investigación simple.

Logra resultar un producto de entretenimiento acertado, dedicado para un sector del público muy concreto: los niños. El argumento peca de sencillo y carece de una verdadera sensación de intriga. Se sigue con la misma facilidad que se olvida. No hay nada reseñable en ella. Es una especie de relato, al más puro estilo de Las aventuras de los cinco, sólo que, en esta ocasión, no hay más que un investigador.

El hilo argumental del relato es muy sencillo, el niño protagonista parece el listo de la clase y llega a resultar molesto en algunos momentos. Todo se desarrolla como se espera, haciendo que vaya perdiendo interés a medida que se desarrolla. Al tratarse de una película dirigida al público infantil, no hay atisbo de violencia, ni de verdadero peligro, lo cual hace que se siga su desarrollo con relativo interés.

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Las interpretaciones del reparto se ajustan a la calidad del conjunto de la película, un tratamiento correcto al tiempo que discreto, perdiendo el gancho y el encanto de los tradicionales relatos de misterio y aventura. Todo el misterio se desarrolla según lo establecido en el género de misterio e intrigas, jugando con los posibles culpables, pero le falta chispa y energía. Cuenta con los mismos elementos habituales del género, pero le falta alma, es una película que no logra llenar a los amantes del suspense.

Se deja ver, un aspecto positivo que le podemos encontrar es que despertará el interés de los jóvenes por el misterio, pero no llega a ser una película redonda. El tratamiento de la imagen y del propio relato tienen el aspecto de alguna serie de Megatrix o algo similar.

En resumidas cuentas La casa de los cocodrilos no llena el tiempo invertido en ella, quedándose en un trabajo de misterio insulso y pasajero, sólo para el público infantil en una tarde de domingo. Poco más que decir.

Jon San José Beitia

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