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La bicicleta verde, sin hueco para el Diablo

Por Mac Nagy

He de admitir que aunque lo que leí acerca de La bicicleta verde había despertado  mi  interés, principalmente a partir de los premios obtenidos en varios festivales internacionales, incluido el de Venecia, y del dato histórico de que es la primera película dirigida por una mujer en Arabia Saudí, no me decidí  a verla hasta que un día caminando por la calle escuché de casualidad a un tipo hablar sobre ella. Era uno de esos tipos que le gusta dárselas de intelectual, y que explicaba a dos mujeres que le acompañaban en el paseo: “argumentalmente  está muy bien. Pero el problema es que se hace un poco pesada, ya que  la Directora no ha sabido darle el ritmo adecuado”. Enseguida me di cuenta de que la persona que realizaba dichas afirmaciones rezumaba falsedad, y que podría ser el equivalente al tipo que saca de sus casillas a Woody Allen en la cola del cine en Annie Hall, hablando mucho sin saber realmente nada.  En cualquier caso,  aunque no pude escuchar entera la crítica que realizaba de la película, dudo mucho que lograra impresionar a sus acompañantes.

Así pues, una tarde  en la que se me hacía necesario el refugio en una sala de cine, me decidí a ver La bicicleta verde, o Wadjda, según su título original, que constituye la “Opera prima” de su directora, Haifaa Al-Mansour. La película nos cuenta la historia de Wadjda, una niña de diez años que vive con sus padres en Arabia Saudí. Va al colegio, sólo de niñas, y su cotidianeidad transcurre  bajo el corsé de una religión, o al menos una interpretación de la misma, que coloca a la mujer en una posición radicalmente subordinada a la de los hombres. Las mujeres no deben mostrar su rostro a  ningún hombre, salvo a sus maridos, que también son los únicos que como norma general deben escuchar sus voces. Igualmente, a los ojos de la sociedad que describe la película, el cometido principal de la mujer radica en proporcionar descendencia, preferiblemente masculina, a sus maridos. Y desde el punto de vista de la infancia, las niñas no deben ir en bicicleta, ya que es algo reservado exclusivamente a los niños.  No obstante, la crítica social que realiza Haifaa Al-Mansour  no es para nada trivial o demasiado obvia y se articula a través de la descripción  de una realidad que ella conoce perfectamente. Lejos de centrar su atención en el origen del problema, prefiere dirigir su cámara directamente a quienes considera que tienen la solución al  mismo, que no son otras que las propias mujeres. De acuerdo con la Directora del film, las mujeres, en gran parte, pueden ser tan libres como ellas mismas decidan serlo, aunque para ello tengan que superar numerosos obstáculos. Así, en la película no aparecen actos de represión o control llevados a cabo por varones. Son las propias mujeres las que se controlan para cumplir con una moral que muchas veces ellas mismas parecen asumir e imponerse. En cualquier caso, es una película con esperanza de cambio y de libertad en el sentido amplio de la palabra, dando a entender que si una niña consigue recorrer su barrio en bicicleta sin temor a lo que digan los demás, todo lo demás puede cambiar.

No obstante, más allá de la ineludible crítica social que vertebra la película, es conveniente dejar claro que La bicicleta verde constituye mucho más que eso. Así, y de manera principal, hay que resaltar el personaje de Wadjda, la niña protagonista del film. Dejando a un lado, sin que sirva de precedente,  el consejo del gran Alfred Hitchcock  de no trabajar nunca “con perros, con niños, o con Charles Laughton”, es obvio que hubiera resultado mucho más apropiado respetar el título original de la película, formado únicamente por el nombre de la protagonista, que sustituirlo por el título que se le ha dado para su comercialización en España. Y es que Wadjda, con su forma de caminar, de escuchar música, de ponerse o quitarse el velo, según convenga, y principalmente de ingeniárselas para conseguir dinero para poder comprar la bicicleta, que tanto anhela, es quien consigue que el espectador mantenga el interés durante todo el film. Así, Wadjda nos hace reír, pero también logra emocionarnos, mostrándonos que la inocencia de la infancia puede traer problemas, pero también puede ayudar a solucionarlos.  Seguramente la razón por la cual la Directora de la película logra sacar tanto partido al personaje protagonista es que, al mismo tiempo que cuenta la historia de Wadjda, parece contarnos también en parte la suya propia, siendo fácil adivinar que seguramente  su bicicleta verde  sea la realización y comercialización de esta película.

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También merece la pena resaltar la sencillez y belleza con que la película muestra la desgarradora historia de amor de los padres de Wadjda y el choque de la misma con el contexto social en el que se desarrolla. Da la impresión de que la misma relación, con los mismos problemas pero en otro lugar, habría podido ser eterna.

Para terminar, y para evitar sembrar cualquier tipo de duda, me gustaría que quedara claro que el ritmo de la película me parece impecable. Es más, tengo la gran sospecha de que el “crítico callejero” al que hago referencia al principio, en realidad, no había visto la película.

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Comentarios

  1. Juan Ignacio

    Yo también leí que era la primera película dirigida por una mujer en Arabia Saudí, pero en realidad es la primera película dirigida, completamente, en aquel país donde la exhibición cinematográfica está prohibida.

    Estoy de acuerdo, es una gran película, sencilla y compleja a la vez. Y el personaje de Wadjda, y Waad Mohammed, que le da vida, están para comérselas.

    Saludos.

  2. laura

    Excelente película, entrañables interpretaciones, una relación madre-hija que llega a emocionar, por un momento nos hace olvidar la crueldad de una religión, para centrarnos en esa criatura que ya a los 10 años esboza y lleva a cabo sus deseos. . En ese sentido abre una expectativa de esperanza y optimismo.

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