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La batalla de Midway (Documental)

Por Clara Castro

Nadie duda cuando se habla de John Ford se dice que ha sido uno de los directores más importantes de la historia del cine. Aunque quizás sus películas más aclamadas fueran sus westerns, lo cierto es que destacó también en otros géneros. Sin embargo, la mayoría del público quizás desconozca que Ford también realizó documentales; concretamente, documentales propagandísticos al servicio del Gobierno de los Estados Unidos.

A finales de los años 30 John Ford fue convencido para crear una unidad fotográfica (la posterior Oficina de Servicios Estratégicos) dentro de la Marina de EE.UU: la intención de sus superiores era la de contar con personal cualificado para crear material de utilidad para la Marina y el Gobierno (bien con fines de documentación y registro como panfletarios). Cuando tras el ataque en 1941 de Pearl Harbor los Estados Unidos se vieron obligados a entrar en la II Guerra Mundial, el director fue movilizado y, tras diversos destinos, fue enviado a la isla de Midway, situada en el medio del Pacífico y calificada como el patio de entrada a EE.UU. La misión encomendada era clara: retratar el ataque inminente que el Ejército japonés había planeado contra ellos.

Teniendo claras las intenciones y el contenido, Ford optó por no limitar el documental únicamente a mostrar el combate. Siendo La batalla de Midway la primera oportunidad para el pueblo estadounidense de ver a los soldados movilizados (tanto en su vida cotidiana como entrando en acción por su país), el documental pretende mostrar precisamente la complejidad de la vida y la rutina de los miembros de la Marina.

Guiado en todo momento por una voz over que introduce al espectador en el contexto (recordando la presencia del enemigo) y el objetivo de la movilización estadounidense en Midway, el documental presenta brevemente las instalaciones de la Marina, a los soldados, y se permite un poco de humor cuando muestra la isla y a sus verdaderos habitantes (las libres gaviotas, en claro paralelismo con los aviadores). Pero el conflicto se acerca, y Ford escoge avisar al espectador a través de imágenes de los marines en la calma tensa que lo precede.

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Para mostrar el combate con las tropas japonesas, el documental opta por dos vías: la que muestra el ataque de los japoneses a las bases americanas (el propósito del ataque era el de destruir la flota naval allí reunida) y la respuesta de la Marina desde los portaaviones.
El bombardeo a la isla de Midway está registrado casi íntegramente por el propio Ford cámara en mano: si bien había colocado micrófonos y aparataje técnico cerca de los objetivos más claros, el director estadounidense decidió filmar con su cámara el ataque (de ahí que predominen las tomas errantes y temblorosas -habituales en las películas bélicas actuales- así como la entrada en cuadro de la puerta del edificio en donde Ford se guarecía), mostrando de cerca las explosiones y la destrucción en la isla. Aunque estas imágenes parecen evidenciar para el espectador la complicada situación para la Marina, cuando los marines izan la bandera estadounidense la suerte cambia. Enfocando la atención en la ofensiva americana, el documental se centra desde ese momento en la batalla que la aviación emprende desde los portaaviones, predominando las tomas aéreas que muestran la persecución de los objetivos en el aire, los aviones despegando y a los soldados disparando. Frente a las reacciones nerviosas en la isla, primeros planos muestran ahora los Marines eufóricos y confiados en su suerte. La victoria es clara.

Así, el documental muestra también la llegada a las bases de los soldados heridos y desaparecidos durante el combate, destacando lo épico de su vuelta a casa tras días desamparados en alta mar. Tras mostrar los funerales y los respetos a los caídos, el documental acude, a modo de epílogo, a enumerar las bajas causadas en el ejército nipón enalteciendo la victoria estadounidense.

Aunque la imagen del bombardeo es la principal novedad de La batalla de Midway, es el uso del sonido no diegético el que construye el discurso. Si bien el argumento y las acciones están configuradas alrededor de la voz over narradora, hay otras tres voces que participan en el discurso con distintas funciones: la que ante las imágenes interpela al espectador, alabando y reconociendo la labor de la Marina; una voz femenina que se dirige a los mandos expresando sus miedos y dudas, facilitando la identificación de la audiencia femenina (sobre todo, madres y esposas de los Marines) con el documental; y la voz que parece partir del propio documental y de parte de la tropa, comentando las escenas y mostrando camaradería con los soldados: a través de anécdotas, esta voz permite conocer y poner rostro a los héroes. Entre medias, canciones (desde el himno americano, himnos católicos o militares) ayudan a enfatizar el patriotismo y la trascendencia de las escenas.

Por su parte, el sonido diegético no recoge diálogos o voces, centrándose en los sonidos del combate: los disparos, las explosiones y los aviones en el aire.

La batalla de Midway se configura así como un documental con una intención movilizadora y de reafirmación sentimental clara. Utilizando un tono épico, la victoria de la Marina estadounidense llegó a los cines para mostrar a la población los combates y las victorias, consiguiendo elevar la moral y el apoyo a la participación de Estados Unidos en la IIGM. Siendo el primer documental estadounidense filmado en el “campo de batalla”, inició también una nueva vía de colaboración entre Fuerzas Armadas y Hollywood a la que habitualmente aún se recurre para la elaboración de películas de ficción. Dentro de la historia del cine documental, La batalla de Midway muestra otra manera de realizar y configurar un documental propagandístico.

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