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La bala en la recámara de Stallone

Por Adrián Pena

Si hace una semana hablaba sobre la última película que Arnold Schwarzenegger nos trajo de la mano del coreano Kim Ji-woon, hoy le toca el turno a su amigo y rival directo en taquilla Sylvester Stallone. El actor neoyorquino, y archiconocido por sus sagas de Rocky Balboa y Rambo, viene de la mano del veterano director Walter Hill (The Warriors, Danko: calor rojo, Johnny el guapo, El último hombre o Invicto) con este nuevo film de acción llamado Una bala en la cabeza.

Acompañando a la experiencia en pantalla y en la silla de dirección nos encontramos con Sung Kang, que sale del circuito de A todo gas para ser el compañero de aventuras de Stallone, del que podríamos decir que hace un trabajo digno y al nivel que nos ha acostumbrado en la saga de la velocidad y los coches. Como enemigo principal y al que nuestro veterano protagonista busca, muerto o muerto, nos encontramos a Jason Momoa, conocido por el remake de 2011 Conan, el bárbaro, realizando un papel de villano “clásico” de los 80 o 90, es decir, duro de matar y con poca elegancia, siendo ésta una interpretación bastante pobre. Tras estos dos personajes fundamentales también nos encontramos con rostros conocidos como el de Adewale Akinnuoye-Agbaje (de la serie Perdidos) o, el más conocido, Christian Slater (Amor a quemarropa), actor que bucea sin rumbo en la mediocridad desde hace 20 años, siendo el suyo un papel secundario tan corto que podríamos decir que se trata casi de un cameo.

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En cuanto a la trama es bastante simple y habitual en este tipo de cine de acción, amén de que el mismo título nos lleva a una idea clara de lo que vamos a ver. Stallone interpreta a un asesino a sueldo que tras un último encargo verá que su compañero es asesinado, así es la presentación de la cinta, que nos muestra a los matones de turno trajeados como si fueran los Vincent y Jules de turno, aunque nada tengan que ver con los carismáticos personajes de Pulp Fiction. Tras esta premisa Sylvester cambiará su compañía por la de Sung Kang, un poli que le acompañará de manera inesperada en su búsqueda de venganza. Lo que viene a continuación es un más de lo mismo en el cine de este género: peleas, disparos, palizas, brutalidad y violencia, incluyendo escenas que bien nos podrían recordar al mítico balneario que Cronenberg nos mostró en Promesas del Este o esa escena fundamental, en el cine de los 80 y 90, de la lucha final contra el malo, que bien nos puede recordar a Los inmortales, donde “sólo puede quedar uno”.

Una bala en la cabeza es puro músculo, aunque quizá algo falto de adrenalina, una vuelta al cine de hace un par de décadas. Sly transmite el carisma y la seguridad del que ha hecho esto mil veces ya, a pesar de no matar a tantos como antaño, y gracias a eso se sostiene gran parte de la película. A eso y a Walter Hill, que tras diez años de larga ausencia en la gran pantalla, da una lección a la nueva escuela de directores sin recorrido en este mundo de cómo hace cine la vieja escuela. Los 90 han vuelto al presente, y como cine de esa época va directa al grano y sin engañar al público. Una película lejos de pretensiones, a la que habría que agradecer no ser ni un remake ni una secuela, a pesar de no ser tampoco una gran película. Un título más en el currículum del “resucitado” Stallone.

Esto no es una crítica ni positiva, ni negativa, sabía lo que me iba a encontrar y me he encontrado con lo que esperaba.

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