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La autopsia de Jane Doe

Por Alejandro Arranz

-Una de esas pequeñas joyas que continúan demostrando que este género no necesita renacer, sigue muy vivo.
- Øvredal saca el máximo partido a todos los elementos que componen esta modesta apuesta del género. Magnífico tramo inicial.

Puede que muchos no sepáis -aún- quien es André Øvredal, pero este cineasta noruego nos sorprendió a unos cuantos con la estupenda Troll Hunter, que resultó ser uno de los mejores trabajos que nos hemos topado en el desgastado “found footage” reciente. Pues ahora el director quiere demostrar que también puede con el terror, y ofrecer una de las apuestas más interesantes que el género ha brindado en 2016. Øvredal no pretende inventar la rueda con esta The Autopsy of Jane Doe, solo pretende coger los elementos del género y hacerlos funcionar por encima de la media; y de paso dejar alguna que otra idea interesante en el desarrollo. Una localización, un par de actores (Emile Hirsch, Brian Cox, Olwen Kelly) y mucho talento al servicio de la atmósfera más escalofriante de la temporada. Como dijo el anatomopatólogo, vamos por partes.

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En primer lugar os recomiendo no ver ni leer nada sobre la película, ir a ella libres de toda información vinculante. Vale, lo sé, estáis leyendo ésto; pero un servidor intentará ser tan preciso en el trazo de sus impresiones como lo es un médico experto delimitando el trazo de su bisturí. Y ciertamente, la precisión de ese bisturí se asemeja con el modo con el que el señor Øvredal maneja los elementos a su alcance para poco a poco introducirnos en la historia y luego hacérnoslas pasar canutas. Más o menos de esa forma de divide la película, en dos partes bien diferenciadas. Un primer tramo de suspense cocido a fuego lento con presentación de trama y dibujo de las psicologías de sus personajes, y en la mitad, un cambio de 180 grados hacia el “grand guignol”. La verdad es que no es muy difícil adivinar exactamente por donde va la película, pero el guion a menudo resulta más inteligente de lo habitual en el género y la pericia del cineasta de nota en cada escena. Øvredal hace un trabajo soberbio, impecable en la construcción de su atmósfera, en su dibujo de los personajes con un par de pinceladas, en su equilibrio del ritmo, la dosificación y ejecución de los sustos y en especial con una intachable puesta en escena, que saca partido de su única y muy bien ambientada localización. La segunda mitad puede no gustar si la mirada es superficial y si se concluye que el cineasta ha optado por “caminos fáciles”, no obstante, un análisis más minucioso de los tejidos, hallará una brillante reflexión sobre el miedo masculino y el retrato de la figura femenina en el género. También es muy entretenida.

André Øvredal confirma su talento con una sorpresa en toda regla. Una de las apuestas más potentes del terror en 2016. Conclusiones de esta autopsia: los órganos funcionan de forma notable y el cuerpo goza de buena salud. La campana vuelve a sonar en 2016, lo que demuestra que el género aún respira. No tiene la mejor salud de su larga existencia, pero con estos intensos baipases parece que aún le quedan unos años más hasta tener que llegar a los trasplantes; salvo por algunos alumnos precoces.

Alejandro Arranz

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