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Kryptonita en forma de película

Por Rodrigo Aliende

Los superhéroes nunca pasan de moda, de eso no cabe duda, pero hay veces que están más presentes entre nosotros que otras. Marvel ha sido la encargada de volver a colocarlos en un pedestal cinematográfico con sus faraónicos proyectos que confluyen en Los Vengadores y sus secuelas futuras. Aunque la popular editora de cómics haya sido en gran parte responsable, ha habido un hombre que también ha tenido que ver: Christopher Nolan y su readaptación de Batman al cine. Es cierto que las comparaciones son odiosas, pero en este caso están justificadas debido a las claras semejanzas entre ambos personajes y su contexto actual.

El hombre de acero está compuesto por tres nombres, un trío que creí que nunca podría defraudarme y menos aún juntos: Zack Snyder, Christopher Nolan y David S. Goyer. Para empezar, Snyder firma su película menos característica. Apenas se aprecia su mano en ella, salvo por su pasión por los efectos especiales exagerados. Nolan no supo aportar su experiencia con la trilogía de El caballero oscuro, o quizás no le quisieron escuchar. Por último, Goyer tampoco parece que haya trabajado con Nolan y el murciélago, pariendo un guión simplón y sin apenas interés.

Snyder cuenta la historia de Kal-El (nombre original del que en la Tierra conocemos por Clark Kent o Superman) al completo, desde su nacimiento hasta que se convierte en un héroe hecho y derecho. La recreación de Krypton está conseguida gracias a incluir tecnologías impresionantes que se alejan en gran medida a la humana. Se nos dan unas pequeñas pinceladas del funcionamiento de la sociedad krytponiana para que después podamos entender mejor al villano, el general Zod.

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Tratar a Superman como personaje es algo difícil. Estamos hablando de un tipo que tiene una fuerza descomunal y es capaz de volar, lanzar rayos por los ojos y un largo etcétera de habilidad sobrehumanas. Por muchas preocupaciones y discusiones filosóficas internas que tenga, es complicado sentir algún tipo de empatía por alguien superior que toda nuestra raza. Henry Cavill no hace mal el papel, aunque más por su imponente apariencia física que por sus dotes artísticas. Otro personaje importante que siempre va a la vera de Clark es Lois Lane (Amy Adams), presentada como una mujer fuerte e inquisitiva y una periodista terca y concienzuda. Sin embargo, su presencia se hace reiterativa, da la sensación de que tiene el don de la ubicuidad, y sus acciones a veces parecen más dignas de una quinceañera detrás de su ídolo. No me puedo olvidar del general Zod (Michael Shannon). Este villano carece de carisma por completo y se tira más bien del tópico del guerrero que quiere devolver el antiguo esplendor a su patria.

Donde más destaca El hombre de acero es en los efectos visuales. Snyder no se corta e imprime esa sensación de “digital” que acostumbra a tener en sus películas. Es cierto que sufre un poco del síndrome Michael Bay (cualquier objeto es susceptible de explotar), pero tampoco creo que sea su talón de Aquiles. Las inconcebibles habilidades de Superman hay que demostrarlas en la pantalla de alguna forma y esa forma es mediante espectaculares combates que destruyen una ciudad entera. Esto es lo que da la escala que se merecen las peleas entre Superman y sus compatriotas kryptonianos.

En definitiva, la sensación con la que me quedo es la de decepción. Ni el material original ni el elenco trabajando en él parecían anticipar el resultado final. El guión convierte la película en dos horas y media bastante aburridas y faltas de interés para el espectador. La mejor forma de entretenerse con El hombre de acero es tomártelo como un espectáculo hecho por ordenador, entonces sí que disfrutaréis de lo lindo.

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