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Kong: Skull Island

Por Alejandro Arranz

-Uno de los mejores blockbusters de los últimos años. Es inteligente, hermoso, atrevido y peligrosamente divertido.
-Los problemas de guion no son capaces de impedir que el viaje sea un auténtico disfrute cinéfilo. Cualquier pero se queda pequeño comparado con Kong, el auténtico rey de los monstruos.

Jordan Vogt-Roberts es un director estadounidense que iba a encargarse de la adaptación al cine de la famosa saga de videojuegos “Metal Gear Solid”. La verdad es que no sé como lleva esa tarea completamente imposible, pero tampoco entendía muy bien la decisión. La razón, su único largo hasta ahora era un interesante drama independiente sobre la adolescencia titulado The Kings of Summer. Cuando la vi me sorprendió bastante. Era fácil encariñarse con esos personajes que huían para crecer por si mismos, su humor era tan extraño como cautivador y las influencias del director eran sofisticadas. Aún así, saltar de ahí hacia la adaptación de MGS, un thriller de ciencia ficción inabarcable y en el terreno maldito de las adaptaciones del videojuego; algo peculiar. Sea como fuere su nuevo proyecto me despistó más o menos por igual. Se iba a encargar nada más y nada menos que de una precuela de mi amado King Kong. A priori no es un momento nada malo, pues se está apostando bastante por el género Kaiju Eiga, aunque personalmente creo que no se está profundizando bien en él. Hace ya 12 años desde que Peter Jackson cumpliera su sueño de la infancia de revivir a Kong para el celuloide, con aquella desproporcionada aventura de 190 minutos que tan pronto me hechizaba como me fatigaba. Ahora Warner Bros nos lo trae de vuelta, más grande, con guion de Dan Gilroy (Nightcrawler) y Max Borenstein (Godzilla 2014), y un reparto coral muy potente en el que podemos encontrar a: Tom Hiddleston, Brie Larson, Samuel L. Jackson, John Goodman, John C. Reilly y Toby Kebbell. Pero que quede una cosa bien clara, Kong es el verdadero rey de la función.

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Esta es una gran película de Kong. Un torrente de entretenimiento puro con virtudes inesperadas y con el que Vogt-Roberts recupera la esencia del mejor cine de aventuras y revive el afán de descubrimiento con una plena evocación a los clásicos de siempre, que resuena a Michael Crichton, al amado Julio Verne de nuestra infancia y al tesoro de Robert Louis Stevenson -entre otros-. El director erige una magnífica puesta en escena que derrocha referencias y estilo visual. Se rechaza el montaje centelleante típico de estas producciones para optar por los planos largos y el trabajo con la atmósfera. Con estos elementos cada escena es una nueva y monstruosa sorpresa que además brilla en su empleo del homenaje al cine ochentero más de culto, desde el sci-fi alienígena de McTiernan y Cameron hasta algunos trazos de Full Metal Jacket, todo ello acompasado por un repertorio musical setentero y totalmente roquero. Hasta queda tiempo para contonear con experimentos visuales de lo más variopintos (el flash de la cámara en el estómago, los momentos FPS, el sandwich, etc). No obstante, dónde apabulla el trabajo de Vogt-Roberts es en dos escenas de acción clave. La primera, la de los helicópteros, 15 minutos portentosos que terminan con un cielo llameante y un duelo de miradas sobrecogedor entre los dos “badass” más pletóricos de la cinta. En el otro lado del río, la impresionante pelea final, un regalo para los fans de la Serie B Kaiju Eiga pero realizado con presupuesto de superproducción, dan ganas de rugir.

La mezcla de géneros es abundante y extraña, aunque está hilada con solidez, incluso los momentos cómicos funcionan a pleno rendimiento. El núcleo es el género bélico, de ahí que Apocalypse Now sea un referente casi permanente y que la historia transcurra al final de la Guerra de Vietnam. Todo gira en torno a la guerra, su conjunto de personajes no puede dejarlo mas claro. Incluido ese Marlow de John C Reilly, nombre del protagonista de la novela de Conrad y contracara del Kurtz de Brando. El guion deja múltiples lecturas antibelicistas y en relación a la psicología del hombre, la tecnología contra la naturaleza, el modo de vida actual, la memoria americana, la derrota, etc. Aunque su discurso es inteligente y bienvenido, encuentra obstáculos importantes en subrayados torpes, paralelismos convenientes y tramposos trucos narrativos en pro de la acción. Además los personajes son una vuelta de tuerca a los estereotipos habituales, con unas pinceladas que los hacen interesantes pero no eliminan el problema. Los únicos elaborados son el de John C. Reilly y el militar vengativo de Samuel L. Jackson; arquetipos paradigmáticos. Personalmente no le doy importancia a esta decisión, creo que la película logra que los personajes me importen más de lo que se podría esperar. Protagonizan la mayor parte del metraje de forma satisfactoria. Pero el cineasta tiene claro que Kong es el centro de la película, ese es el personaje que le interesa al espectador, por eso cada minuto suyo en pantalla es un derroche de puro cine, y cuando no está se siente su presencia. Por lo tanto Vogt-Roberts ha conseguido que Kong y la acción sean los pilares centrales, pero sin rechazar un discurso sólido ni un grupo de personajes humanos -acorde a éste- que logran nuestra empatía a pesar de su plana construcción. Eso no lo consiguió Pacific Rim ni lo consiguió Godzilla (2014), pero este regreso de Kong lo logra con suntuosa facilidad. Así se da forma a un pulp de calidad casi preocupante, que se considera placer culpable porque hay miedo a llamarlo de otra forma. Si no fuera por sus problemas de guion sería la película más redonda de la saga desde la original.

Kong: Skull Island es una aterradora película de supervivencia, una excelente fábula bélica, una comedia bien elaborada, una gran aventura selvática, una deliciosa cinta de monstruos gigantescos y una sorpresa postcréditos de tamaño considerable. A pesar de todo ésto, nunca me agota como ocurría en el filme de Jackson, aunque de aquella echo de menos a Andy Serkis. No os defraudará si sois fans del gorila más famoso del celuloide, aunque no os prometo que renueve vuestra fe en el cine de Hollywood si hace tiempo que lo disteis por perdido. Pero eso sí, en términos de blockbuster moderno, esto es un desmedido ¡WOW!

Alejandro Arranz

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