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Kinsey, quedarse en la periferia

Por Enrique Fernández Lópiz

La película la cuenta historia del científico Alfred Kinsey (1894-1956), quien en 1948 publicó El comportamiento sexual del hombre, una obra que significó una gran revolución que cambió sustancialmente la historia de la cultura americana. Desde esta obra, se empezaron a replantear muchos tabúes y mitos, así como ideas y pre-concepciones sobre la sexualidad propias de una sociedad puritana.

Bill Condon realiza este biopic sobre el pionero y padre de la investigación empírica de la sexualidad humana, Alfred Kinsey. Se trata de un film que abarca seis décadas desde la niñez del autor en los primeros años del siglo XX, hasta su muerte en 1956. En general, esta película ha obtenido buenas críticas en los Estados Unidos. Se puede decir que Condon dirige con soltura la historia, con guión de su puño y letra, buena fotografía de Frederick Elmes en la que hace uso de colores matizados, incluye escenas de juventud en blanco y negro y exalta la luz sombría de los paisajes boscosos de la vida del científico Kinsey. Y música de Carter Burwell, que incluye una partitura original que resalta el espíritu tranquilo y fuerte de Kinsey y acompaña bien la historia, amén de fragmentos de Chopin, Mozart, Sibelius, Cole Porter, etc.

En cuanto al reparto me parece que nada hay que objetar, es excelente, con un Liam Neeson sembrado y una gran Laura Linney que fue nominada al Oscar como mejor actriz de reparto. Y en torno a esta pareja hay todo un coro de actores de excelencia, que arropan de manera muy buena al dúo principal, como Chris O´Donnell, Peter Sarsgaard, Timothy Hutton o John Lithgow, por mencionar parte de este elenco.

También ganó el LAFCA Award al mejor actor y el NBR Award a la mejor actriz secundaria, y fue nominada a 3 Globos de Oro: película, actor y actriz secundaria. Es pues film a considerar, habida cuenta su palmarés en certámenes importantes y prestigiosos.

Y antes de entrar en otros asuntos que pudieran ser de interés, quiero añadir algunas ideas más sobre esta película. Me parece que estamos ante una cinta que merece la pena ser vista, sobre todo por parte de adolescentes y personas jóvenes que se abren por vez primera al mundo de la sexualidad. Se encontrarán con una historia en la que los descubrimientos científicos de Kinsey llegan a convertirse en un drama intelectual para él, lo que refleja una época con un clima político y moral donde prevalecía el miedo y la represión. Y no olvidemos que el miedo es paralizante y tiene una enorme fuerza destructiva. Y cómo contar todo eso tuvo que batallar el pobre Kinsey. La historia revela la gran cantidad de suspicacias y enfrentamientos con el Staff científico, político, religioso, etc., de la época, cuyas consecuencias aún hoy siguen teniendo su peso, a pesar de los más de cincuenta años transcurridos. Sin embargo, es mi parecer que todo este entramado se deja cosas en el tintero, y no deja de tener un cariz convencional y hasta tópico.

Mas como digo, la cinta tiene su interés, pues cuenta la historia de la ciencia aplicada a la sexualidad, asunto sin duda delicado y polémico. Kinsey es un clásico; luego vendrían las investigaciones del ginecólogo William Masters y la trabajadora social Virginia Johnson con sus estudios esencialmente fisiológicos sobre la sexualidad adulta.

Pero con relación a este film y a esta historia, tal vez convenga hacer algunos apuntes históricos que vendrán bien para hacer aclaraciones de peso sobre la revolución en el terreno de la investigación de la sexualidad en el pasado siglo y que en esta cinta no se cuentan. Ya sé que se trata de la vida de Kinsey, pero ¿quién sería Kinsey sin el psicoanálisis que sentó los cimientos del estudio de la erótica humana y con mucha más entidad? Creo pues, que el film debió subrayar este escenario científico.

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Por empezar, hay que conocer, como tanta gente sabe, que fue a final del siglo XIX cuando Sigmund Freud puso de manifiesto la importancia de la sexualidad en el devenir de la vida psíquica y emocional de las personas (Estudios sobre la histeria, 1895; La interpretación de los sueños, 1900; y vendría luego en 1905, Tres ensayos sobre una teoría sexual donde avanza sus hipótesis (contrastadas) de la sexualidad infantil, etc.) Este sencillo apunte histórico no es baladí, pues por ser la época anterior a Kinsey, y dominar la moral victoriana que se imponía, más en una sociedad tan conservadora como la austríaca (Viena) de pre-guerra y guerra donde Freud desarrolló sus hallazgos clínicos sobre el sexo, las teorías freudianas fueron furibundamente atacadas y vilipendiadas, y aún hoy lo son, quedando excluidos Freud y todos sus discípulos del ámbito académico prácticamente y considerados poco menos que como unos pervertidos en su época (y repito, aún hoy). Es decir, Freud sorprendió y produjo serias resistencias en el terreno médico, psicológico, social, religioso, etc. Y es que Freud fue el primero en subrayar la importancia de sexualidad, en afirmar el peso de la sexualidad infantil en la formación del “Aparato mental” y por ende en la estabilidad de la arquitectura personal. Por supuesto Freud, además de hacer saltar las alarmas de la época sobre los asuntos psíquicos inherente a la erótica humana, fue además uno de los pensadores y científicos más significados del pasado siglo, que aún sigue teniendo un enorme peso en la Psicología y en nuestra cultura en general. Por lo tanto sus aportaciones fueron vitales para la humanidad, más que las de Kinsey por supuesto, pues el psicoanálisis es una herramienta de análisis del ser humano, pero sirve igualmente a modo de hermenéutica de la Historia, del Arte, de la Política, etc., etc. Creo que Condon tendría que haber hecho alusión a esta gran primera revolución en el terreno sexual, siendo que apenas se hacen un par de comentarios, para colmo jocosos, sobre este tema.

Ahora bien, dentro de este segundo plano en el que sitúo a Kinsey con relación al enfoque psicianalítico, no niego que él fue también otro valiente al atreverse a abordar científicamente por medio de entrevistas o cuestionarios, desde la empiría y la verificación, aclaraciones relevantes sobre el terreno de algo que a nadie deja impasible: la sexualidad. Y muchos mitos e ideas equívocas e inexactas sobre este complejo asunto fueron abordados con arrojo y valentía en su momento por Kinsey y su mujer.

Recuerdo que Kinsey inició sus estudios sobre biología, investigando una particular especie de avispa. Y este afán por la Biología (ocurrió igual con otros psicólogos y pensadores como Piaget por ejemplo) hace que en un momento dado se interese por la sexualidad. Para Kinsey la sexualidad es una parte del irrenunciable principio de libertad humana. Es decir, las personas han de tomar decisiones y su sexualidad está en el reino de la autonomía y la independencia. Por eso Kinsey estaba contra las fórmulas represivas y contra los modelos prescriptivos. Se trata de una libertad que debe ser asu­mida con responsabilidad y ética con uno mismo y con los demás. Sin embargo, debido a esta opción de libertad y autonomía, y al denunciar Kinsey prejuicios, ideas y tabúes sobre este espinoso tema, encontró “en frente”, las fuerzas de la “contra” de tipo religiosas, ideológicas, políticas, etc.

La película -dirección, guión e interpretaciones- hacen creíble esta historia de interés y lucha en la batalla que Kinsey libró contra quienes lo consideraban un inmoral e incluso un indeseable. Y cómo su ánimo, magníficamente interpretado por Liam Neeson, no decae, antes bien al contrario, continúa en su interés por desvelar la verdad de tan “delicado” aspecto de la vida humana.

Hay sin embargo otro aspecto que siempre he pensado sobre el famoso informe Kinsey y que también quiero apuntar como elemento de interés. Esto es, la mera consideración biológica y estadística de la sexualidad. Es decir, Kinsey y sus seguidores tipo Masters y Johnson han dado al mundo datos y secuencias de la sexualidad humana, deslindadas un tanto del terreno afectivo y emocional, e incluso del psiquismo de las personas, como ya consideraran por esos entonces autores de la talla de Erich Fromm (1900-1980), quien advirtió la relación entre el carácter de los individuos y el sexo, e incluso llegó a decir que: «El sexo sin amor sólo alivia el abismo que existe entre dos seres humanos de forma momentánea.» O el controvertido pero interesante Wilhelm Reich (1897-1957), quien afirmó que «La salud mental de una persona se puede medir por su potencial orgásmico.»; o sea, que un individuo psíquicamente sano disfruta del sexo libremente, sin traumas o inhibiciones, y una persona neurótica no. De esta manera, el abordaje de Kinsey sobre la sexualidad, por más que interesante, queda un tanto corto y frío, pues no hay que olvidar que el sexo es una vía de comunicación afectiva y no meramente el ejercicio de un acto sin más. Pero claro, esta es una cuestión ya más dentro de la preferencia epistemológica o la óptica científica, y Kinsey se quedó corto y en la periferia de toda esta complejidad. Si hago notar estos aspectos es porque creo que un comentario sobre un film ha de incorporar elementos de interés sobre la obra, y no quedarse meramente en una crítica puramente técnica.

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Comentarios

  1. Andrea

    Excelente análisis de esta película, teniendo en cuenta el contexto de la historia en el tema en cuestión. Felicitaciones.

  2. Enrique Fernández Lópiz

    Gracias Andrea por tus palabras. Me agrada que te haya gustado. Saludos. Enrique FL

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