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Kick Ass 2: Con un Par

Por Alejandro Arranz

-Es más grande, más violenta y más gamberra pero mucho peor.
-Los jóvenes que “fliparon” con la original volverán a hacerlo con esta e incluso la encontrarán mejor, es parecido al fenómeno de las adolescentes con la saga Crepúsculo y sus derivados.
-Ha perdido todo lo que hizo grande a la original, se echa en falta su humor notable y tantas otras cosas, y sinceramente, también echo de menos a Big Daddy.

Ya han pasado 3 años desde que Matthew Vaughn nos sorprendió con aquella jocosa parodia superheroica, una ultraviolenta ráfaga cinematográfica que fue definitivamente una de las películas más divertidas que se han visto en el género; cómo no elogiar la interpretación de Moretz ya para el recuerdo como Hit-Girl, o la de Cage que conseguía en tan sólo media hora volver a ganarse nuestro respeto.

Ahora en pleno ocaso de la temporada veraniega llega la secuela de aquella magnífica película, el director deja de ser Vaughn (que continúa como guionista) para darle paso a Jeff Wadlow, (Rompiendo las Reglas), y entre la incesante publicidad de Con un Par nos la venden como “Más grande, más fuerte, y con más pelotas”. Todo eso es verdad. La factura técnica es mayor, la violencia pega con el doble de fuerza y los chistes sobre pelotas se suceden uno tras otro, pero esta secuela es muchísimo peor.

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¿Cómo comenzar de otra manera, si no es con Hit-Girl? Y la verdad es que esta película no debería llamarse Kick Ass. Aunque según Vaughn los primeros 45 minutos van sobre Hit-Girl y el resto sobre el personaje principal, la pura realidad es que esta secuela se parece más a un spin-off del personaje de Moretz, que no sólo se vuelve a llevar los mejores diálogos y vuelve a dar los mejores mamporros, sino que también se lleva más primeros planos.

El guión tiene muchos agujeros, los personajes han perdido carácter y no necesitas ser una entidad en el género para saber lo que va a ocurrir mucho antes de que suceda, todo esto no es más que uno de los tantos errores garrafales de Kick Ass 2, que pierde muchas de las virtudes de la fantástica e inolvidable primera parte: el factor sorpresa, la originalidad y su humor fresco y desvergonzado, además se echa en falta la mano de Vaughn en la dirección. Al menos es eficaz en su función de entretener.

Un punto fuerte de esta secuela es el fichaje de Jim Carrey, que vuelve a la acción tan divertido como nunca con su Coronel Barras y Estrellas, una pena su decisión de renegar de su papel en la película, por otro lado totalmente comprensible, pues mantenerse indemne ante la violencia de Kick Ass no es normal, su contenido es por momentos inaceptable y en absoluto divertido, está claro que Wadlow no ha sabido transmitir el espíritu de la primera y sólo ha podido traer a ésta el humor incorrecto y la violencia más censurable.

Hay dos o tres momentos geniales que van más allá de lo típico y grosero, casi consiguen recordarnos la genialidad de la primera parte, su buen rollo y la sorpresa que nos provocó, lo demás -aunque entretenido en ocasiones- es malo e insultante; es una de esas películas que te gustan más en el momento que en la retrospectiva.

Es demasiado violenta, exagerada, escatológica y misógina, sin embargo, sigue proporcionando algunas risas, buenas interpretaciones y escenas de acción bien coreografiadas todo con un buen ritmo que la convertirá en una secuela más que válida ante los fans; otros le exigíamos más a la secuela de la divertidísima película de 2010, Kick Ass 2 es en última instancia innecesaria e indecente, deja claro que Wadlow no supo ir más allá de sus defectos y los exacerbó hasta convertirla en una especie de película de Jackass: violenta y desagradable, llena de contenido burdo e incorrecto y sin gracia.

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Comentarios

  1. Adrián

    No es Kick Ass 1, pero cumple más de lo previsto. El que va a verla sabe lo que se va a encontrar, no engaña a nadie.
    Recomendable para los que le gusta este tipo de cine.
    A pesar de estar un punto por debajo de su predecesora se puede ver. No es ni tan violenta, ni tan sangrienta como se decía. A mí al menos no me lo pareció.

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