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Keaton-Gleeson apenas salvan el film por la campana

Por Enrique Fernández Lópiz

Ayer entretuve la tarde con la película Una cita en el parque (el título original es Hampstead, el barrio londinense donde tiene lugar casi en su totalidad esta comedia sentimental). Había leído, de la pluma del crítico de cine Angie Errigo, que esta aventura modestamente tierna, ligera y en la medianía del encanto estaba “dirigida a los cinéfilos entrados en años”. Y a fe que era así. La sala de proyección estaba mayormente ocupada por espectadores de la edad media-avanzada para arriba. Yo me tragué los 102 minutos sin rechistar, al fin, sin ser nada del otro mundo, tenía su toquecillo de ese “algo” progre y el amor en el “tercer acto de la vida”, que me atrajo.

En la película Emily Walters (Diane Keaton) es una viuda que desde que falleció su esposo hace un año vive en las nubes, desatendiendo su casa, a su hijo Philip (James Norton) y sin poner orden en sus menguadas y caóticas finanzas; todo ello a pesar de las advertencias y consejos de su amiga Fiona (Lesley Manville), quien le va señalando la deriva peligrosa que su vida está tomando, una vida que parece desmoronarse. Emily vive en un bloque de apartamentos frente a Hampstead Village, un apreciado parque londinense que viene a ser un remanso de calma y espíritu bucólico en medio de la urbe. Un día, en el diván de su piso encuentra unos viejos prismáticos con los cuales, mirando por la ventana, descubre entre la vegetación y los árboles del parque una casa desvencijada y curiosa y al lado, bañándose en una laguna, al hombre que la habita (Brendan Gleeson), un sujeto huraño y soltero, irlandés, que es quien ha levantado la tal choza en lo más intrincado del parque. Entonces, Emily se dispone a conocerlo, lo que resulta el pistoletazo de salida de esta película sin pretensiones pero con briznas de simpatía.

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Es curioso, o no, según se mire, que el director británico Joel Hopkins ya hubiera dirigido una obra igualmente de amor entre adultos mayores de título: Nunca es tarde para enamorarse (2008), una cinta que trata esa interesante historia romántica, sin que, a decir verdad, la película esté a la altura del relato ¿Ocurre tal vez lo mismo en esta cinta? Bueno, creo que en parte sí. De nuevo un romance entre adultos mayores y esta vez Hopkins ha logrado hacer (de nuevo) una comedia-dramática-otoñal correcta, amable, desaborida, tópica y previsible con los actores como puntales principales de su obra. A la vez, posee una “leve crítica social, apuntes de autoayuda de género y escenarios con los que soñar” (Ocaña), de lo que resulta que cumple con cierta dignidad. Y poco más.

El guion de Robert Festinger está basado en una historia real de un personaje coherente consigo mismo que continuó viviendo en su chamizo sin agua ni electricidad a pesar de tener posibles. Pero el libreto carece de sentimiento y también de mordiente, dirigiendo siempre sus afiladas críticas al mundo exterior que rodea a los excelentes personajes encarnados por Diane Keaton y por Brendan Gleeson, puñaladitas dirigidas a la pérfida burguesía, pero dejando de lado los temas íntimos y más personales de los personajes, lo cual mutila en gran medida la trama.

La música de Stephen Warbeck es apenas soportable con poco más que un tema de piano que se reitera hasta el cansancio; y buena la fotografía de Felix Wiedemann que sabe retratar el bello parque de Hampstead.

El reparto del film es la gran baza del mismo, su valor principal, con una Diane Keaton que como siempre hace gala de su formidable encanto natural y sus dotes de actriz sin paliativos. A su lado un Brendan Gleeson que a mí me encanta, con su porte rudo de barbudo gruñendo a cada rato (quiero recordar dos filmes con él de protagonista muy buenos que he comentado aquí y que recomiendo: El irlandés; y, Calvary. Lo malo del tándem Keaton-Gleeson en esta película es su total falta de química y sintonía, dentro de un relato que resulta poco creíble. Y si estos son los amantes de la historia, este error se paga, obvio. En el reparto no hay que olvidar a dos secundarios de lujo como Lesley Manville y James Norton. Y en perfecta armonía actores y actrices de primer nivel al estilo británico: Simon Callow, Jason Watkins, Alistair Petrie, Will Smith, Mark Underwood, Elizabeth Conboy, Rosalind Ayres, Ruth Shaw, Jo Wheatley, Mario Demeteriou y Josh Wichard.

O sea, un quiero y no puedo, de nuevo la edad madura y muy madura pretendidamente enamorada pero el cuento no le sale bien al bueno de Hopkins que nos lanza de manera trivial el manido mensaje del amor en los mayores y el de ser fiel a uno mismo, con alguna gesta revolucionaria –lo digo con sorna-, como ese picnic de ambos enamorados en la tumba de Karl Marx en el cementerio de Highgate en Londres. El resto es pura flaccidez de un otoñal flirteo que pretende además y para colmo, servir a modo de “vehículo para llevar a cabo una denuncia contra el mercado inmobiliario” (Salvá), cuando lo que en verdad pasa es que el conjunto de la película es aséptico y simple.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=9GDiGsNBDtQ.

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