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Kamikaze

Por Enrique Fernández Lópiz

Kamikaze me ha parecido una buena película buena, de impecable factura, que trata temáticas diversas como el terrorismo, el drama, el romance, la comedia, etc. Es por lo tanto un film donde, a diferencia de la mayoría de las pelis actuales, las cosas no se ven claras hasta el final, es decir, que tiene un importante margen de imprevisibilidad y desconcierto, en el mejor sentido del término, para quien la ve. Y todo ello, aun a sabiendas de que Kamikaze es el debut de Álex Pina, quien dirige magistralmente la cinta sin dar margen al academicismo o a la rutina cinematográfica. Como digo, esta película estaría desclasificada en cuanto a género: ¿thriller de acción, terrorismo, romántica, comedia, drama, costumbrismo español, conflicto generacional, humor? Cualquiera de estos calificativos tiene cabida en la cinta.

Pero el hilo conductor es el de un terrorista suicida, Slatan (Alex García), oriundo de Karadjistan, una República de la órbita Rusa, un personaje cargado de sufrimiento y odio hacia los sojuzgadores de su pueblo, los rusos, que ha decidido inmolarse con un chaleco-bomba dentro de un avión que viaja de Moscú a Madrid, con el fin de perpetrar su venganza. Pero el azar quiere que una tormenta retrase el vuelo, lo cual que los pasajeros son alojados por la compañía de viajes en un perdido y nevado hotel de montaña, a la espera de que amaine el temporal para reanudar el viaje. Y este es el quid de la historia, pues el tal retraso obliga al terrorista a convivir con sus futuras víctimas durante tres días. Y además, los pasajeros del vuelo, donde hay señores, mujeres, niños, parejas de novios, españoles, argentinos, etc., son personas positivas y alegres, y con una visión optimista de la vida.

Una vez en el Hotel y poco a poco, el Kamikaze va tomando conciencia de que aquellas personas no merecen el fatídico fin a que les quiere someter con su inmolación. Hay fiestas, diversiones en la nieve, amoríos, buen humor. Y Slatan empieza a sufrir un cambio lento y paulatino que le va a llevara a empatizar con estos simpáticos personajes.

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En el plano actoral destacan el protagonista Alex García y su contraparte y compañero de habitación en el Hotel, el argentino Eduardo Blanco. García hace un papel sobrio, como corresponde a su rol de sufrido y aterrado en cierto modo kamikaze, y Blanco hace creíble a su personaje cómico en su papel de vendedor ambulante de zapatos de mujer. A ellos se les unen una convincente Verónica Echegui –que tiene química con García-, una sembrada Carmen Machi, un veterano y sólido Héctor Alterio y otros actores como Leticia Dolera o Iván Massagué que hacen una labor actoral y de conjunto muy digna y en ocasiones brillante.

Como decía, la dirección de Álex Pina es para tener en cuenta, al igual que un buen guión del propio Pina junto a Iván Escobar. Unido a una excelente fotografía de Miguel Ángel Amoedo. Los diálogos y la trama se van resolviendo de manera cómica, dramática, romántica, etc., pero siempre ajustando bien las piezas.

Desde luego, esta película tiene un mensaje desde mi modo de ver muy importante. Esto es, el cambio interior que se produce en el personaje kamikaze tras convivir con gentes de otras culturas y condición, con humor, con jovialidad, y cómo eso hace ceder sus tendencias violentas y su sed de venganza irracional. Esto me recordó a una lectura que hice hace años de un reconocido científico del pasado siglo llamado Konrad Lorenz (1903-1989), Premio Nobel de Medicina junto con Tinbergen y Frisch en 1973. Lorenz fue un gran etólogo que estudió los comportamientos animales en su estado natural: rituales de cortejo, defensa territorial, conductas filio-maternas en aves, etc. Pero una de las conductas a las que dedicó especial relevancia fue a las conductas agresivas; y tiene un libro MUY interesante titulado: Sobre la agresión el pretendido malque yo leí en su octava edición castellana de 1978. En esa obra, en el capítulo final que titula Confesión de esperanza”, Lorenz opina que la agresividad es un instinto o pulsión irrefrenable y presente en todas las especies y por supuesto en nosotros los humanos, PERO que puede canalizarse o mitigarse a través de cuatro maneras fundamentales: (1) estudiando sus causas y poniendo remedio; (2) atendiendo al concepto psicoanalítico de la “sublimación”, es decir encauzándola y viendo las posibilidades de descarga o abreacción de a través de medios culturales aceptables como el arte, el deporte, etc.; (3) educar el fervor de los jóvenes para que hallen en nuestro mundo moderno causas dignas de ser servidas con entusiasmo (y no las guerras o los enfrentamientos); y (4) -y a ella voy especialmente por su relación con la película-, la de fomentar el conocimiento personal y, si es posible, la amistad entre individuos miembros de familias o grupos de ideología diferentes […] debemos hacer todo cuanto podamos para favorecer las amistades individuales internacionales. No hay persona capaz de odiar a un pueblo en el que tenga varios amigos. Unas cuantas ´pruebas´ de ese tipo bastan para despertar una sana desconfianza respecto de todas esas abstracciones que se atribuyen a ´los alemanes´, ´los rusos´ o ´los ingleses´ propiedades o cualidades nacionales típicas… por lo general desfavorables, claro está. Que yo sepa, fue mi amigo Walter Robert Corti el primero que realizó un intento serio de oponerse a la agresión entre naciones fomentando las amistades internacionales. En su célebre aldea para niños de Trogen, Suiza, viven juntos muchachos de todas las nacionalidades posibles, en amistosa convivencia. ¡Ojalá este intento halle imitadores en gran escala!. Y este asunto en la película queda meridianamente expuesto, la relación del violento joven y la amistad con otras gentes de otras culturas e idiosincrasia, lo que le lleva a arrepentirse y sacar fuera de si la infernal idea que lo impulsaba de inmolarse con los pasajeros ¡A viajar chicos, a conocer gentes, a relacionarse con chinos, negros, maronitas, judíos, musulmanes y a entender mejor nuestro planeta y a nuestras gentes!

En resolución, si alguien tiene –yo confieso que las tenía- sus dudas o prejuicios sobre si ver cine español, yo os digo que llevo vistas en dos semanas dos pelis que merecen absolutamente la pena, “Ocho apellidos vascos” (que por cierto va también de esto pero con mucho humor) y esta peli Kamikaze que yo creo merece mucho la pena.

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