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Justicia para siempre

Por Javier Fernández López

Cuando vi Kick-Ass: Listo para machacar en 2010 me quedé sorprendido. Una historia de lo más friki y absurda pero que funcionaba, y lo hacía de tal manera que se permitía el lujo de soltar alguna que otra reflexión social, algo que te hacía replantearte cosas. Porque es curioso que en este mundo todos quieran ser ricos y famosos, pero nadie en el fondo quiere ser Spiderman. La cinta se apoyó en una puesta en escena magnífica, a cargo del director Matthew Vaughn, quien un año después nos traería la estupenda X-men: Primera generación. La historia narraba la vida de un chico poco popular y adicto a los cómics que acaba convirtiéndose en un superhéroe (o algo parecido), pero toda decisión tiene consecuencias.

La película, basada en el cómic homónimo creado por Mark Millar y John Romita Jr., no dejaría indiferente a nadie. La mayoría de los comentarios hacia ella fueron positivos, pero una parte del público la vio como una cinta excesivamente violenta. Pongámonos serios, Kick-Ass no es un producto para niños, su contenido exhibe un alto grado de violencia y de diálogos malsonantes, algo que resulta genial. Entre tanto superhéroe oscuro y tantos poderes especiales, tanto el cómic como el film se presentan como algo fresco, diferente.

La primera entrega tenía una reflexión de fondo, y es que realmente nadie quiere ser un superhéroe en el mundo real, no queremos ser como esos personajes de los cómics o del cine, porque esos personajes sufren. Spiderman es un hombre al que todo le sale mal, pero no duda en salvar a las personas aunque no reciba nada a cambio. Así son las cosas, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Pero preferimos ser alguien rico y famoso, tener cientos de millones sin más.

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Kick-Ass 2: Con un par nos trae otra reflexión, esta vez más cercana a la filosofía del héroe. Parte de la premisa de que en este mundo, si hay un héroe, debe haber un villano. ¿Habría existido el Joker sin Batman? Desde ahí, comienza una frenética película llena de momentos de diversión. Mantiene el mismo esquema narrativo de la primera entrega, pero no roza lo repetitivo. Aaron Johnson (Anna Karenina) vuelve a sorprender aún más si cabe en esta película, quizá porque el personaje de Chloë Grace Moretz (La invención de Hugo) ya no resulta tan impactante como lo fue la primera vez. Molaba ver a una niña luchando, ahora es una adolescente, lo que le quita chiste y encanto, lo cual no ha sido motivo para dejarle sin escenas sangrientas y emocionantes. La lucha final resulta impresionante.

Esta vez la dirección corre a cargo de Jeff Wadlow, quien anteriormente había dirigido Rompiendo las reglas (la segunda parte no tiene desperdicio en cuanto a escenas de lucha), y muestra unos planos algo más estáticos que en la cinta original. Vaughn, en este sentido, lo supera, pero no por ello quiere decir que esta secuela sea mala. La puesta en escena sigue siendo muy buena, magnífica en muchos momentos.

El villano de la cinta no es otro que El HijoPuta, interpretado por Christopher Mintz-Plasse (Supersalidos), quien realiza un trabajo estupendo, tremendamente divertido y que no dejará insatisfecho a nadie. Junto a él estarán otros grandes villanos como Madre Rusia. Y también tenemos a John Leguizamo como el acompañante de Mintz-Plasse en la cinta, y tengo que decir que siempre me hace ilusión ver a Leguizamo, al cual siempre le he tenido cariño desde aquella A Wong Foo, gracias por todo, Julie Newmar.

La banda sonora de Henry Jackman es una genialidad desde el primer minuto, el soundtrack original no tiene ningún desperdicio. Aporta a la cinta épica, incluso grandiosidad. Recicla los temas de la original modificando algunos y añadiendo otros tremendamente potentes. Y los temas de artistas que aparecen en la película también merecen mencionarse, en especial el tema de Glasvegas Euphoria, take my hand.

La polémica de la película viene de Jim Carrey (La máscara), quien interpreta al Coronel Barras y Estrellas. El actor criticó duramente la película por ser excesivamente violenta, a lo cual un servidor presenta una candidatura para decirle a Carrey que sólo tenía que ver la original para saber dónde se metía. Me temo que sólo has querido coronarte diciendo la mayor estupidez que se te ocurrió y así pudieses sonar un poco más en Hollywood. Me caes bien, y tu papel en la película es genial. Evitemos comentarios inútiles y vacíos, por favor. Eso sí, cabe decir que recoger el testigo de Nicolas Cage con su Big Daddy era algo que le venía grande a cualquiera.

¿Conclusión? Una excelente secuela, una puesta en escena magnífica, quizá no con la personalidad de la primera, pero igualmente genial. La banda sonora es un trabajo estupendo y los personajes te atrapan por su fuerza. De lo mejorcito Kick-Ass 2: Con un par.

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