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Justice League

Por Alejandro Arranz

-Échenle la culpa a Whedon, a Snyder o a los ejecutivos de Warner. Justice League es, esencialmente, una mala película.
-Un batiburrillo estruendoso, deforme y manufacturado. Ni siquiera Martha podría salvar ésto.

Muchos vieron una chispa de esperanza para Warner en la Wonder Woman de Patty Jenkins, y aunque reconozco que era ligeramente más sólida que sus precedesoras de DC, no me hechizó más allá de lo que su efectiva y manida fórmula permitió. Era ligera, divertida, políticamente correcta y para todos los públicos; le daba al público lo que quería sin transmitir en exceso la necesidad de agradar y sin arriesgar ni un ápice. Dejaba atrás las ínfulas de oscura epicidad, densa poesía del caos y existencialismo bíblico de Zack Snyder, para entregar una aventura más luminosa pero mucho menos autoral y arriesgada; más plana y más fácil. Acto seguido tocaba el regreso de Snyder, truncado por una tragedia familiar que le obligó a abandonar la producción. Un problema que Warner solucionó contratando a Joss Whedon, antaño maestro de ceremonias del UCM, para escribir nuevos diálogos, grabar dichas escenas y dar forma a un montaje propio que poder estrenar en cines. Whedon ha cortado mucho metraje del montaje final, ha contratado al compositor Danny Elfman para sustituir a Junkie XL y ha añadido sus reconocibles escenas engendrando a la criatura que finalmente podemos ver en el cine. Una especie de Frankestein sin alma, moribundo e incapaz de mantener unidos sus deshilachados pedazos.

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Lo mejor de la película lo tenemos al principio, con Wonder Woman frente a los terroristas y el regreso a Gotham City. A partir de ahí todo se convierte en un caos digital sin sentido. Superman y las llamadas cajas madre vienen a ser los “macguffins” de la película. La muerte del primero atrae una apocalíptica invasión extraterrestre liderada por Steppenwolf (Ciarán Hinds), un destructor de mundos que busca reunir las cajas para desatar un infierno sobre nuestro mundo. Un villano que ha logrado algo sorprendente en el universo DC, bajar aún más el lamentable listón dejado por Doomsday, el Joker y Ares. Es un personaje tan ridículo, antiestético y unidimensional como la película a la que pertenece. La torpe narración nos conduce paralelamente entre la confusa recolección de cajas y la anodina reunión de los héroes. Mientras tanto el guion, que parece más bien un borrador, ni siquiera intenta colocar un conflicto interesante frente al equipo para fomentar la cohesión y se conforma con un par de anecdóticos conflictos individuales. Entenderlo es sencillo, la película busca una excusa para lanzar a sus héroes hacia el caos, para conquistar al fandom con sus genéricos fuegos de artificio y revivir a la estrella de la función, Superman, que resuelve el entuerto con una facilidad que es hasta irrisoria. Resolución triste, porque la liga ni existe ni sirve sin él. Pero aún mejor, todo es una excusa muy cara de Warner para sacar su película de grupo superheroico y dar comienzo de una vez por todas a esta insegura franquicia.

Este pretexto termina por salir más caro que el cheque pertinente, pues ni siquiera cumple en términos de ritmo, emoción o atractivo visual; virtudes necesarias en cualquier blockbuster. Por el contrario tenemos una película aburrida, incongruente en sus tonos y partes, carente de un conflicto dramático efectivo, de nudo, desenlace y hasta de unos efectos creíbles. Parece otro producto hecho por unos ejecutivos; una producción rutinaria, plana, incoherente y fea; con una fotografía lúgubre y unos escenarios digitales artificiales y sin imaginación. Y por si fuera poco, las ganas de replicar la fórmula del rival adoptando un tono más desenfadado acompasado por constantes gags, fracasan como todo lo demás. Principalmente porque estos superhéroes no tienen química conjunta ni carisma individual. Formando equipo de más a menos: una Wonder Woman que defiende más a su arquetipo que a su personaje, un Batman demasiado perdido, un Aquaman rebelde que tira botellas al mar, un Cyborg tan soso como era de esperar y un Flash que parece entrañable y acaba siendo irritante, pues la velocidad de sus chistes no va acorde con su efectividad. Y dejo para otro artículo el tema de Lois y Clark, menudo desastre.

Justice League es una de las peores películas del año y del género. Impersonal, artificial, farragosa y sin razón para existir. Los diálogos son fatales, el CGI recargado y horrible, las escenas de acción, tan ruidosas como aburridas, parecen hechas con el piloto automático. Lo siento Warner, de esperanza no se vive, hasta Superman lo sabe.

Alejandro Arranz

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