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Jurassic World

Por Alejandro Arranz

-Si buscan criaturas grandes y feroces, peligros en cada esquina y saciar su menester de aventura, ésta es su película. Trevorrow firma una secuela formidablemente entretenida.
-Más grande, ágil y con más dientes, pero no mejor. A pesar de tener la atracción más repleta de esteroides de todo el planeta, no nos hace olvidar la original de Spielberg. Aunque sí sus dos terribles secuelas.

Hace 22 años que el genio Steven Spielberg estrenaba una de sus películas por excelencia y también una de las mejores de los 90, Jurassic Park. El tiempo no le ha pasado factura al filme, que a pesar de las revisiones sigue dejando las mismas sensaciones positivas. Una sonrisa permanente cuando esos grandes dioses de antaño aparecen corriendo al son de la inolvidable música de Williams o esa terrorífica tensión cuando el aliento del T-Rex resopla en la nuca de los protagonistas, también acompañado por los compases del icónico compositor. Tengo pocas cosas negativas que decir sobre esa obra maestra de mi infancia que con cada visionado me devuelve a aquellos años y me hace temblar, reír y aplaudir como la primera vez. No me apasionan de igual manera las secuelas del propio Spielberg y Joe Johnston. La secuela del 97 es entretenida y los efectos especiales eran excelentes, pero en todo lo demás palidecía en comparación con su predecesora. Es en opinión de este cronista, una de las peores películas del señor Spielberg, en relación tanto a su objetivo de provocar diversas emociones en el espectador como a nivel narrativo y demás. A parte el guión de Koepp es horrible. Por último la de Johnston que fue escrita sobre la marcha por múltiples guionistas, es sencillamente una espantosa parodia con elementos de telefilme. La dirección es mala pero el guión directamente es lamentable, como la propia película. Ahora tras más de dos décadas Colin Trevorrow (Seguridad no garantizada) se enfrenta a la difícil tarea, ya no de superar, sino de hacer una secuela digna del gran espectáculo creado por Spielberg. Para ello cuenta con cuatro guionistas y un atractivo reparto encabezado por el actor del momento, Chris Pratt. ¿Lo habrá conseguido?

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La respuesta es afirmativa, este reboot tiene energía, sentido de la aventura y suficientes monstruos terroríficos para maravillar al gran público. Ha tardado más de 20 años pero por fin el parque abre sus puertas al público, con sus evidentes y terribles consecuencias, porque sino no habría película. Por desgracia no tenemos a Richard Attenborough que fallecía el pasado año a los 90 años de edad. Tampoco está John Williams en la partitura musical, le sustituye el ganador del Oscar por Up, Michael Giacchino, que pese a escepticismos varios hace un trabajo de gran nivel. “Parque nuevo, vida nueva” sería una manera lógica de encarar este reinicio, no obstante no creo que esa haya sido la idea de los guionistas. Me uno a la opinión de muchos compañeros de profesión realizando una analogía entre esta nueva entrega de la franquicia y el propio Indominus Rex, pues hay incontables semejanzas entre ambas. La idea ya funciona de cara a la taquilla, pero para que el público vuelva a pasar por caja se necesita algo más grande, más mortífero, con más dientes y más “guay”. Es un planteamiento definitivamente eficiente y el Indominus es la criatura que necesitaba la saga para “refrescarse”, aunque no sea un lavado de cara en si mismo. Simplemente se ha reciclado ese planteamiento de las entregas anteriores y se ha dopado el resultado hasta tener un producto imponente, aunque no por ello superior al original. Y como virtud hay que señalar que tampoco intenta superar a la de Spielberg, sino más bien homenajearla lo mejor posible.

En los primeros minutos a penas vemos al Indominus, dejando que sea nuestra imaginación la que cree al monstruo más aterrador que pueda. Por otra parte se nos presenta a los personajes principales. Están bastante estereotipados, pero también algo más trabajados que los del resto de secuelas. Los hermanos no hay por donde cogerlos aunque hay alguna pequeña subtrama para que el público logre empatizar. El personaje de D’Onofrio está totalmente desaprovechado, como el de Omar Sy que si no fuera porque nos cae bien el actor no interesaría nada. Los más importantes son Chris Pratt y Bryce Dallas Howard. El primero -como siempre- nos hechiza con su carisma, su rollo de tipo duro y ese punto de sensibilidad y respeto hacia sus raptores. Ella (que sabemos que no es Jessica Chastain) hace un gran trabajo y a pesar de la controversia no me parece que haya ese machismo del que tanto se habla. No todos los personajes femeninos van a ser guerreras de armas tomar como Theron en Fury Road, sería algo aburridísimo hasta convertirse en un cliché. No obstante el famoso diálogo no me parece machista, desde la propia composición de los planos. En otros momentos que si pueden inducir a error opino más bien que es algo coherente, si yo estuviera ahí y un monstruo gigante me quisiera matar también me colocaría detrás del tío entrenado con el arma. De cualquier manera ese personaje tan denostado es el que salva al supuesto “macho alfa” un par de veces. Volviendo al tema, cuando por fin se nos enseña a la criatura, el impacto no es el esperado debido a las expectativas, y es que dejar a la imaginación del espectador al Indominus en el primer tramo, es un arma de doble filo, pues su diseño finalmente no impresiona como debería, algo que se resuelve con rapidez en cuanto empieza a conocerse su inteligencia y sed de sangre.

El guión de la cinta deja mucho que desear, hay algunos detalles excelentes pero en general es un festín de inverosimilitud y tópicos exagerados, lo mejor son los guiños y el sentido del humor con el que los guionistas se toman la comercialidad del proyecto. Sea como fuere cumple con su función. Visualmente la película funciona, los efectos especiales son de lujo y el director de fotografía John Schwartzman (Seabiscuit) hace una correcta labor. Por último, Trevorrow, logra que su película derroche afán aventurero y en algunos momentos puntuales parece captar la esencia de Spielberg. El climax es espectacular en todos los sentidos, con un “planting” sencillamente delicioso y una conclusión que cierra con mucho respeto este digno homenaje a la saga jurásica. Han tenido que pasar 22 años para que alguien lograra una secuela decente del peliculón de Steven Spielberg. Jurassic Wolrd no oculta lo evidente, es un blockbuster con todas las letras, con un ritmo endiablado, acción a raudales, humor, monstruos terroríficos, algunas ideas muy buenas y un Chris Pratt pletórico. La cita perfecta para el verano.

Alejandro Arranz

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