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Jugar a “las casitas”, Funny Games

Por Manuel G. Mata

A pesar de haber visionado hace años el remake americano que el mismo director hizo de una de sus obras cumbres, decidí ver, por fin, la primera versión del controvertido film de Michael Haneke. La pena ha sido verla sin cabida a las sorpresas. Es lo que tienen los remakes, mas es curioso que un director ruede la misma película, con la misma esencia, pero con otros actores y en otro país.

La palabra “polémica” tal vez no es la más adecuada para acompañar cualquier cinta del genial director austriaco, puede que “perturbadora” o “controvertida” sean más idóneas para adjetivar cualquier título de este artista, aunque yo me quedo con la palabra “salvaje” para esta película en concreto.

Todo comienza como un cuento de hadas, lo que parecen unas vacaciones idílicas de un matrimonio convencional y acomodado, se tornará pesadilla, y lo sabemos cuando nos damos cuenta que mientras el espectador escucha un terrible canto sacado de las profundidades del infierno, la pareja y su pequeño viajan escuchando música clásica, jugando a adivinar piezas de los grandes maestros, ajenos a todo. Ahí lo vemos claro desde nuestra butaca o nuestro sofá: Vamos a sufrir, vamos a estremecernos, vamos a flipar. Vamos a sentir el metal.

Desde que aparecen en escena los dos antagonistas, somos conscientes de los objetivos de cada uno de los presentes, el desenlace que buscan ambos es bien distinto, pero tendrán que luchar con todo lo que tienen alrededor para llegar a él.  No obstante, al conocer las motivaciones de cada uno, conseguimos meternos de lleno en la historia, y  Michael Haneke, con su mente perturbada, consigue algo muy difícil: convertirnos en espectadores ruines y miserables al hacernos sentir empatía hacia los dos malvados antagonistas, Peter y Paul (Frank Giering y Arno Frisch respectivamente). Obviamente,  cualquier persona civilizada, no haría esto en una situación similar (por cosas así, el cine es un arte y no un mero consumible) aunque el desarrollo y la evolución de los acontecimientos nos hará cambiar de parecer desde que la cosa se complica, se complica tanto que desgarra, que estremece, que te hace sentir mal, y que te acojona.

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La historia es original, (una manera de divertirse un tanto bizarra, pero al fin y al cabo, una manera de hacerlo) y no hace aguas, el guion es sólido y contundente, tiene diálogos macabros y a la vez ingeniosos, es atractivo. La cinta cuenta con una puesta en escena muy lograda, que consigue meterte de lleno en la historia y creer en lo que estás viendo (cosa que no consigue The Purge: la noche de las bestias, cinta de la que hablé en esta página también) y cuenta con un reparto que trabaja muy bien (el resto del elenco está formado por el protagonista de la premiada Das Leben der Anderen (La vida de los otros) Ulrich Mühe, Susanne Lothar y el pequeño Stefan Clapczynski (que ya será todo un mozuelo) y que cuida con todos los detalles posibles el desarrollo de los personajes creados por el director. Creo que el gran éxito de la cinta reside en las interpretaciones del matrimonio, pero, sobre todo, en la construcción de Peter y Paul, me han parecido, a pesar de los sentimientos que se puedan sentir hacia ellos, la esencia de la película, la guinda del pastel, los artífices del éxito del film.

Pero tiene algún que otro “pero” que le restan veracidad y fuerza a ésta producción. Que uno de los personajes le hable a la cámara es un buen recurso para reforzar el papel del espectador en la cinta, pues nos hace sentir como romanos en el circo sedientos de sangre cristiana, el problema es que suceden otras cosas que tirar por la cuneta lo que hemos vivido. A pesar de ello, Funny games es un buen ejercicio cinematográfico, macabro y ruin tal vez, pero consigue lo que cualquier película debe hacer: hacernos sentir algo. En este caso miedo.

Manuel G. Mata

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Comentarios

  1. Lourdes Lueiro

    Muy buena crítica Manuel, como fan que soy de las películas de terror también vi las dos versiones, y como tú primero la americana, y luego la original (austríaca). Sorprendentemente me quedo con la americana, aunque sabemos que son bastante iguales la verdad, pero no sé porque prefiero la americana (eso que me gusta mucho el cine europeo). Como bien dices la esencia del film son los malos malísimos, y es un film que crea casi desde un principio un mal rollo total y un nudo en el estómago, de lo mejorcito de terror de los últimos tiempos sin duda

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