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Juego de armas

Por Alejandro Arranz

-Todd Phillips regresa a la comedia para narrar un drama sobre el negocio de las armas. El problema es que su película está diluida, es esquemática, no es tan graciosa ni tan punzante como debería y no parece contar nada.
-Hill y Teller consiguen que la película parezca mejor de lo que es. El primero es sencillamente lo mejor de la película, y construye un personaje muy interesante.

Después de la trilogía Resacón y esa intermedia Salidos de Cuentas, Todd Phillips podía salir por muchos lados. De las cuatro películas mencionadas, la primera Resacón la considero una inteligente, gamberra y excelente comedia. El resto son copias feas, estridentes, horribles y sin gracia. Por eso le agradecemos al señor Phillips que nos ofrezca un nuevo proyecto diferente y más maduro. War Dogs (mejor título que el de Juego de Armas en nuestro país) nos ofrece una historia más o menos basada en hechos reales, de dos veinteañeros que se forraron a costa de contratos armamentísticos con el ejército de Estados Unidos en plena guerra de Afganistán. El guión corre a cargo de Todd Phillips y Jason Smilovic (El caso Slevin) y el reparto protagonizado por Jonah Hill y Milles Teller, lo completan -entre otros-: Ana de Armas, Bradley Cooper, Jeff Pierre, Shaun Toub y Barry Livingston. Si queréis saber cuantos escalones ha subido Phillips en Hollywood, gracias a su nueva comedia, seguid leyendo.

Ninguno. A pesar de las más que interesantes ambiciones y de que los objetivos fueran factibles; la película se desvía hacia caminos fáciles y estropea su premisa. La historia que antes os he resumido está narrada en forma de flashback a través de la voz en off del personaje de Miles Teller, y está contada en tono satírico. El filme se divide en dos partes bien diferenciadas. Una primera hora de comedia de enredo de colegas y retrato del éxito en clave de sueño americano (que entretiene bastante aunque gracia no hace demasiada) a la que sigue un giro de guión que hace que su segunda hora se desvíe hacia una especie de drama moral que intenta ser satírico, profundo y matizado; pero resulta plano, vacío y falto de garra. El esquema de triunfo y caída aburre a las piedras, pero es su extrema frivolidad lo que mata la película. Por otro lado tanto el primer tramo como un fragmento del segundo dejan algunas escenas muy bien resueltas que resultan bastante divertidas mostrando lo mal estructurado que está el sistema político, económico y de defensa; razón por la cual estos dos personajes lograron hacerse ricos en el negocio de la venta de armas. Si los miramos por separado, el primer tramo define mejor lo que busca vender la película. Otra resaca para chavales de dieciséis que no buscan pensar demasiado en nada de lo que ocurre. De hecho esa primera hora más allá de ser esquemática, es un claro producto manufacturado de arriba a abajo, una planificada comedia de estudio. Los diálogos, las situaciones, la banda sonora repleta de “hits” rockeros. Todo diseñado desde el principio para gustar a un target específico y falto de personalidad. Sin embargo el segundo intenta adentrarse más en temas complejos, una pena que irónicamente lo haga de forma más torpe que la ligera sátira de la primera hora. Dejando sólo algunos instantes de interés, entre ellos las apariciones de un irreconocible Bradley Cooper.

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La verdad es que Juego de Armas satiriza la guerra con mucho cinismo y algunos destellos de ingenio al tiempo que Phillips sigue retratando el tema de la amistad. Lastima que lo primero viva de destellos intermitentes y la trama de la amistad sea igualmente esquemática y por ende previsible desde los primeros minutos. Así como el resto de “subtramas” (si se pueden llamar así), que son tan innecesarias y sosas como sonadas de otras tantas películas. Evidentemente no está ni cerca de películas como “El señor de la guerra”. Pues el filme de Andrew Niccol es una verdadera sátira que crea un retrato complejo del negocio y es capaz tanto de poner la piel de gallina en sus momentos dramáticos, como de hacerte retorcer las entrañas tras una carcajada provocada por su fino y lacerante humor negro. Y todo esto -entre otras cosas- hace que te des cuenta de que esta no es sino otra película de entretenimiento más, que pierde la posibilidad de ser algo más que eso, que prefiere las migajas al pastel; porque para algunos es más que suficiente. Lo que se desmarca dentro de ella y hace que mejore es Jonah Hill, que sigue siendo el rey. Hace que su personaje no sea un mero arquetipo sino que le aporta elementos de interés y brinda un par de excelentes escenas dramáticas dentro de su rol cómico. Que su forma de reír haga más gracia que todos los diálogos del guión, dice mucho del filme y del actor. En la otra cara de la moneda está Teller, que está muy competente y tiene una fabulosa química en pantalla con Hill. Estos dos actores son los que hacen que la película sea lo suficientemente entretenida como para llevarse un aprobado en extremo, ajustado.

Por lo que en definitiva, Todd Phillips busca madurar como director y guionista manteniendo el género y el estilo que le han definido durante los últimos años. Su película tiene algunos apuntes de genialidad y momentos en lo que parece poder llegar a contar algo relevante, pero siempre acaba diluyéndose. Al menos quedan dos horas de entretenimiento planeado y funcional al que se le ocultan las costuras gracias a esos War Dogs llamado Miles Teller y Jonah Hill. Dos chavales muy prometedores que deberían volver a trabajar juntos. El verano va llegando a su fin, las películas mediocres están por encima de la media.

Alejandro Arranz

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