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Joya de nuestro cine sobre la emigración andaluza a Cataluña

Por Enrique Fernández Lópiz

La piel quemada es a mi parecer una gran obra de carácter neorrealista, con un tono cuasi documental, que narra la miseria y la pobreza del sur andaluz que vio, en aquellos plomizos años cincuenta y sesenta, una opción de prosperidad en el mediterráneo catalán, donde la construcción y el turismo ofrecían una visión de bienestar y libertad que no dejaba de tener elementos ilusorios. Estamos ante una joyita de nuestro cine, que cuenta con una gran valentía en su emprendimiento, narando acontecimientos que sucedieron a nuestros padres o abuelos; película que ha aguantado bien el paso de los años y que merece ser visionada décadas después.

El film tiene el título “la piel quemada”, como contraste entre la piel bronceada al sol de los turistas en la playa, y la piel tostada fruto de la solanera por el trabajo en la construcción de los albañiles andaluces. En ella se cuenta la historia de un granadino, accitano para más señas, José (Iranzo), que habiendo dejado atrás su pueblo se ha instalado en la turística localidad de Lloret de Mar (Girona), donde trabaja en el boyante mundo de la construcción. Pero José espera la llegada de su familia, de su esposa Juana (May), sus dos hijos y su hermano. Y este viaje desde Guadix (Granada) a Lloret de Mar de la esposa, hijos y hermano de José, marca el ritmo y el desenlace de la película. Mientras Juana y compañía se ven obligados a hacer un viaje que hoy resultaría impensable, combinando autobuses viejos y destartalados con trenes de vapor en asientos de cuarta, pasando hambre, en conversaciones triviales con otros pasajero y plan calamitoso; mientras eso ocurre de manera dura y dramática, a José le toca festejar su “última noche de soltería” con amigos y con las primeras turistas extranjeras que hacía buena la leyenda de la facilidad del sexo foráneo en aquella época. Además, José, en su aventura con una turista belga, descubre un mundo para él insospechado. Tiene esta cinta un sentido estético admirable, con una fuerza visual difícil de encontrar en el cine español actual, y no creo errado afirmar que cada fotograma constituye una estampa de belleza digna de ser analizada, amén de un mensaje social importante.

El barcelonés Josep Maria Forn hace una obra testimonial, valerosa y clara que tiene el mérito de haber reflejado directamente una realidad que sucedió cincuenta años atrás: el flujo migratorio andaluz a tierras catalanas. Es quizá la mejor película de Forn. El desarraigo, la pobreza de una Andalucía olvidada por el régimen de Franco y obligada a abandonar sus pueblos, casas y familia para ganarse el sustento. Con un guión de su propia autoría, Forn consigue centrar la atención del espectador, aun hoy. A pesar de alguna deficiencia técnica, tiene aspectos destacables como el uso del flash-back para rememorar los motivos de la marcha de Juan desde Granada, y otros a los que ahora me refiero.

El film es un grito contra la pobreza, el desarraigo y la necesidad de supervivencia. También destaca en la película el retrato de los habitantes de Lloret hacia los andaluces o “charnegos”, sus reticencias e indirectas hacia ellos, los recién llegados y nuevos vecinos, con comentarios como el que se expresa al final de la película: “mira son como caracoles, vienen con toda la casa a cuestas”. Está bien la música de Federico Martínez Tudó y me ha gustado la apropiada fotografía en blanco y negro de Ricardo Albiñana.

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No tiene la película actores de relumbrón, pero el reparto cumple su cometido de manera excelente encabezando un Antonio Iranzo muy bien en el rol de esposo, albañil, al que se la ha abierto un mundo inopinado ante sus ojos; Iranzo, espléndido en un personaje entrañable y lleno de matices que oscila entre la ingenuidad y la intuición, ganó en 1967 el Premio Fotogramas de Plata al mejor actor de cine español, por su interpretación en esta película. Marta May está excelente como sufridora y resignada esposa que tira de sus hijos y hermano del esposo, desde las cuevas de Guadix (capital de la arquitectura escavada), para encontrarse con José. Y acompañan muy bien Silvia Solar, Luis Valero, Ángel Lombarte o Castillo Escalona excelente como “pagador”, entre otros.

Quiero mencionar aquí dos secuencias equivalentes. La del capataz en el pueblo de Purullena de Granada, que elige, mal paga y maltrata a sus trabajadores. Y en Lloret, al pagador que también explota y paga un misérrimo salario de sangre y sudor. Los explotadores están siempre en el mismo lugar, en el de los canallas, nos viene a decir Forn con gran razón, sea en Granada o en Cataluña. Además, este estereotipo, este personaje se repite hoy cuando reparamos en la inmigración latinoamericana, magrebí o de los países del este europeo, que sufren en su carnes el mismo mal trato.

En unas declaraciones en prensa, Forn dice, que tanto el capataz como el pagador son peones utilizados por el poder económico en los años sesenta, cuando los andaluces, los extremeños o los murcianos llegaban a Cataluña porque cobraban unos salarios que les permitían malvivir, mientras que en sus lugares de origen se morían de hambre. Dice Forn: “Esta problemática, creo que queda muy clara en la película cuando después de la bronca en la taberna, el personaje de Antonio Iranzo se queja de su precaria situación social diciendo: ´pero yo prefiero a estos señoritos —se refiere a los catalanes— que por lo menos trabajan, a los de mi tierra, muy finos, muy dicharacheros, que no dan golpe y cuando te ven muriéndote de hambre te dicen: con Dios hermano´”.

Hay también diálogos premonitorios y que hoy son una realidad, como cuando un camarero advierte a los señores a los cuales sirve las bebidas: “Y los hijos de estos –andaluces- serán más catalanistas que yo”. Lo cual que cualquiera puede comprobar hoy. En las filas de algunos grupos políticos independentistas catalanes, hay, declarado por ellos, hijos de padres de Jaén o Granada que ahora se muestran más a favor que nadie de la independencia catalana. De hecho, Forns declaró que las palabras del camarero que antes he mencionado, hoy él las habría escrito así: “Y los hijos de estos serán más independentistas que yo”. Como dice mi colega hpBordon, en esta película: “Se afronta el tema del catalanismo con una veracidad más que convincente, sin tomar partido en ningún caso. Es por eso, que no vendría mal fomentar la proyección de esta película entre diferentes sectores de la sociedad española actual, para dejar constancia de cómo han transcurrido ciertos acontecimientos que permiten comprender algo mejor el contexto que se plantea. No con el ánimo de aleccionar ni con el de revelar nada nuevo, sino con el de mostrar una realidad que, mal que le pese a muchos, es la que es”. Así es, digamos las cosas como fueron, sin demagogia, como creo que hace Forns.

Y por no alargarme, hay un enfrentamiento en un Bar entre unos catalanes ricos que se quejan de cómo cantan y montan su juerga los andaluces a los que llaman “charnegos”, o sea, discriminándoles y haciendo bueno el arquetipo del andaluz marginal, de gente de menor rango que ha venido de fuera y que no es bien vista por algunos oriundos. Como dice Fernández: “Preguntar a los tópicos por el tópico genera un juego de reflejos donde todo pasa a formar parte de un mismo escenario. Josep María Forn logra en ´La piel quemada´ revelar por qué las cosas son lo que son y lo que se puede hacer al respecto. La decisión, en última instancia, siempre será nuestra”. Nuestra, de todos, de la colectividad, sin falseamientos históricos, pues el independentismo no es troglodita, sino actual. Me disculparán los accitanos que tome esta frase que rezaba no hace mucho a la entrada de la ciudad: “Guadix, troglodita y actual”, dado que hablamos de un personaje de Guadix.

Esta película puede parecer una continuación de Surcos (1951) de José Antonio Nieves Conde, pero salvando las diferencias, pues en aquella la emigración va de Madrid al norte y tiene un desarrollo diferente en su historia. Pero tanto aquella como esta son sin duda, películas recomendables, tanto para conocer los orígenes y dificultades que tuvieron que vivir nuestros inmediatos antepasados de la España pobre y rural, como para quienes estén interesados en la geografía humana y cuantos cambios culturales, sociales y políticos han producido los flujos migratorios dentro de nuestro territorio.

Tráiler comentado: https://www.youtube.com/watch?v=-wjOVs7G62c.

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