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Joy

Por Alejandro Arranz

-David O. Russell decepciona con un drama pobre, mecánico, unidimensional y complaciente que supone otro paso atrás para una carrera que se antojaba formidable.
-El filme es entretenido, tiene algunas escenas geniales y Lawrence está magnífica; Joy no tiene mucho más que ofrecer.

David O. Russell es uno de los directores mejor valorados de los últimos años y uno de los mejores directores de actores del momento. Se ha ganado ese título, su cine ha sabido ir modificándose, manteniendo la frescura de sus inicios al mismo tiempo que optaba por historias y formas de contarlas más atractivas para los académicos, algo que le ha funcionado muy bien. También ha sabido rodearse de grandes actores tanto veteranos como nuevas promesas que han ido evolucionando junto a él. Por último su ritmo frenético lleno de subidas y bajadas es una de las cosas que más atrae al público. Sin embargo este año parece que no le ha ido muy bien al director de Silver Linings Playbook, en primer lugar tuvimos la “oportunidad” de ver hace unos meses esa extraña cinta titulada Accidental Love que tanta polémica causó. Para los que no lo sepan los problemas financieros impidieron que el director rodara la última escena que era fundamental para su visión de la historia. O. Russell renegó de la película y mucho tiempo después los ejecutivos decidieron estrenarla tras ser montado el material que había, eliminando el nombre del cineasta de los créditos. La película es realmente terrible, neurótica y sin pizca de ingenio, se encuentra actualmente en la lista de peores películas de 2015. Aún así el director podía hacer que nos olvidáramos de ella con su nueva producción, Joy. El filme está vagamente basado en las experiencias de Joy Mangano, una humilde trabajadora de Long Island que acabó convirtiéndose en una popular inventora de productos del hogar y también en uno de los rostros más conocidos de la teletienda americana. El guión corre a cargo del propio O. Russell y de Annie Mumolo (Si fuera fácil, La boda de mi mejor amiga) y en el reparto repite el trío de actores fetiche del director: Jennifer Lawrence, Bradley Cooper y Robert De Niro. Además encontramos a otros secundarios interesantes entre los que se encuentran: Isabella Rossellini, Diane Ladd, Édgar Ramírez y Virginia Madsen. Sólo quedaba esperar que David O. Russell volviera a sorprendernos con algo fresco, ingenioso y sorprendente.

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No ha sido así ni mucho menos. Joy es un producto manufacturado, al que le falta tiempo de preproducción y un guión más arriesgado, humano y verosímil. El director neoyorquino ha contenido más que nunca sus excesos para contar la historia de esta mujer fuerte, tenaz, independiente y firme en sus valores. Era una decisión correcta para encarar esta especie de “biopic” y no parecía que el gran público fuera a notar demasiado la diferencia. El personaje de Joy tiene sueños y esperanzas, trabaja sin parar, intenta sacar adelante a su familia a costa de dejar a un lado todos esos deseos e ideas a realizar, y a pesar de que gran parte de su familia, ni la apoya, ni empatiza con ella, ni valora lo que hace. La apalean sin parar, no se queja nunca y es algo que llega a crispar. Este es un biopic convencional de caídas y levantamientos hasta que al final la figura protagonista triunfa y cumple el sueño americano. El filme es entretenido en todo momento, tiene algún gag e incluso alguna escena caótica divertida (que parece haber sido vista en otras ocasiones), sin embargo lo que hace que el espectador la vea con interés es Jennifer Lawrence. Este es su show y ella deslumbra, la cámara de Russell no aparta la vista de ella porque sabe que su musa es lo que hace que compremos la película. El resto de actores está por debajo de lo esperado, Cooper le da energía a la película mientras que De Niro, Rossellini y demás secundarios se conforman con ponerles movimientos y gestos a unos personajes arquetipicos y totalmente irreales. Y es que el guión no va a ninguna parte, repleto de diálogos innecesarios, simbolismos, elementos y resoluciones del manual de guionista novato y un buen puñado de ridiculeces incomprensibles. Por si fuera poco con eso y una estructura convencional compuesta por escenas tan poco creíbles como los giros de una telenovela, además tenemos a esos mencionados personajes que tampoco son realistas. Estos simplemente tienen sus funciones primitivas en la trama, son como folios en blanco, están los que apoyan a Joy y los que desaprueban todo lo que hace. Todo un aburrido, escaso e inocuo esquema para llegar al final triunfal en el que el biopic prácticamente se convierte en una hagiografía. Llámese melodrama sin sustancia, telefilme recargado o simplemente fábula acartonada, plana y condescendiente.

Finalmente 2015 no es el año de David O. Russell, que deja atrás una de las peores películas del año y una de las mayores decepciones del mismo. La caza de premios puede que vaya bien, porque el director le cae bien a la academia y su película es “del tipo”, pero deberíamos pedirle a este excelente -pero sobrevalorado- director que vuelva a buscar la frescura que poseían sus anteriores producciones. A riesgo de que me agredan diré, Joy es un Capra descafeinado, endeble y pueril -entre otras cosas- que brilla únicamente por el estupendo trabajo de Jennifer Lawrence.

Alejandro Arranz

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