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Joseph L. Mankiewicz y el torturado mundo de Tenesse Williams

Por Enrique Fernández Lópiz

Hace algunos días tenía varias opciones de películas: ir al cine, pues había ofertas de interés, o ver un film en TV. Y un poco por instinto, de entre las opciones decidí quedarme en casa a ver esta película que ahora comento, con esta joya, que nunca me arrepentiré de haber visto: De repente, el último verano.

Mankiewicz es un maestro de la cinematografía, y particularmente en la dirección de actores como es bien sabido, y nada tengo que añadir a lo que todo buen aficionado conoce sobre este gran Director. Además, los sensacionales intérpretes Elizabeth Taylor, Montgomery Clift y Katharine Hepburn están de lujo para arriba, de puro esplendor.

Estamos en la Nueva Orleans de 1937. Tras la muerte en Europa de Sebastian, el protagonista ausente de la obra, su madre y su prima bordean la locura. La señora Venable solía viajar con Sebastian, pero ese último verano prefirió que lo acompañara su prima Catherine. Tanto la paranoica madre (Hepburn) como la angustiada prima (Taylor) están obsesivamente enamoradas de él. La madre de Sebastian, una genial Hepburn, es una mujer con humor y simpatía, empero delirante, que pretende que el doctor neurocirujano de la historia, nada menos que Montgomery Clift, ante la inoperancia de los fármacos le practique una operación quirúrgica cerebral (lobotomía) a su sobrina (Liz Taylor) para curarla de su dolencia nerviosa. Para ello, la rica viuda señora Venable ofrece al Dr. Kucrowicz, fondos para crear un Hospital. De otro lado, los únicos aparentemente sanos, la madre de Catherine (Mercedes McCambridge) y su hermano (Gary Raymond) son retratados en el film con una gran dureza. La película es de alto voltaje dramático con tal vez un ligero exceso de teatralidad. En realidad son sobresalientes todos cuantos intervienen en la obra, con guión del propio Tennessee Williams y Gore Vidal, sobre obra homónima del primero.

No está de más decir que Tenesse Williams estuvo muy ligado en la realidad a su hermana Rose, una bella y delgada mujer que pasó gran parte de su vida adulta en hospitales mentales. Sus padres autorizaron una lobotomía prefrontal en un último intento de que recuperara su salud. La operación, llevada a cabo en 1943 no sólo fue mal, sino que incapacitó a la joven para el resto de su vida; esto provocó desavenencias irreconciliables entre Williams y sus padres. Williams intentó que todo el mundo entendiera la enfermedad de su hermana con la obra El zoo de cristal, referida a su madre; Un tranvía llamado deseo donde refleja a su enferma hermana Rose; y De repente el último verano (Suddenly, Last Summer) donde carga de manera directa contra la práctica quirúrgica de la lobotomía que tanto daño hizo entre un enorme pero indeterminado número de pacientes, sobre todo en los EE.UU. Como escribe Ángel Palomo: El maestro Mankiewicz adapta el torturado mundo de Williams y crea una película absorbente y modélica, angustiosa y bellísima. Un filme duro, casi brutal, de inesperado desenlace. Una absoluta obra maestra.”

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Y como Tenesse Williams y por consiguiente el film hablan de la lobotomía, y tal vez los espectadores de la película no sepan en qué consiste este pseudotratamiento quirúrgico contra la enfermedad mental, haré una breve reseña al respecto, pues supuso todo un error a la vez que un horror, una especie de barbarie médica en su momento. El período de las llamadas lobotomías se inicia en 1928 y llega hasta 1967. Fue una época cruel de la psiquiatría que ojalá no se repita. Y en el film se ve la insistencia familiar en que la joven protagonista sea tratada por este cruento procedimiento de la lobotomización, que no es sino una forma de castración neurológica, una intervención de cirugía cerebral que produce en el córtex daños irreversibles. Quiero apuntar este detalle no menor, para que entendamos los errores que en nombre de la ciencia se cometen con las personas ¡Ah! Su descubridor, por decirlo de alguna forma, el Dr. Moniz recibió nada menos que el Premio Nobel de medicina en 1949, que por cierto se lo quitó de las manos a un egregio neurólogo español, el Dr. José Rodríguez Delgado (1915) que hacía interesantes investigaciones en la Universidad de Yale, sobre la estimulación en animales con electrodos implantados en el cerebro interno, más concretamente en la denominada amígdala cerebral, a fin de manejar las emociones. Nuestro paisano era también acreedor del Nobel, pero se lo llevó el matasanos Moniz: ¡las injusticias! Pero sigamos con la película.

Entre premios y nominaciones en 1959 obtuvo: 3 nominaciones al Oscar: actriz (Taylor), actriz (Hepburn), dirección artística (Blanco y Negro). Globos de Oro: Mejor actriz – Drama (Taylor). Nominada Mejor actriz (Hepburn). Premios David di Donatello: Plato dorado (Elizabeth Taylor).

Amigos, es una película de gran tensión, muy intensa, sofisticada, turbia y como decía, algo/bastante teatral. La verdad es que ya desde los títulos de crédito turba. Y aturde y apabulla porque uno comprueba la enorme cantidad de talento que reúne la obra. Guión de Tennessee Williams y Gore Vidal (obra teatral de Williams), Joseph L. Mankiewicz, quizá el más ingenioso director de cine de Hollywood, y del reparto qué decir: Elizabeth Taylor, Katharine Hepburn y Montgomery Clift. Esto se llama escalera de color y con esas mimbres sólo puede surgir una maravillosa creación.

Y además, el final es antológico, pues emergen las causas y maneras en que murió Sebastian, un tema delicado, el de la homosexualidad, que Mankiewicz toca con un tacto exquisito, de otra parte lo propio de la época. En los minutos finales, unos flashbacks rompen la trama en mil pedazos. Hasta ese momento, el gran guión de Williams había conseguido ofrecer la información del pasado sin recurrir a los flashbacks. De esta manera, la cinta tenía un tono asfixiante. Pero en el tramo final todo se vuelve evidente, y la forzada declaración de Catherine quita misterio y terror al personaje desconocido: Sebastian. La película no trata abiertamente de la homosexualidad, aun así, Williams supo cómo hablar de una temática que era tabú para la época.

En este film no hay escenas truculentas, no hay efectos especiales, ni coches destrozados, ni sangre a borbotones, ni sexo a discreción, orcos ni robots, sino un cúmulo de genialidades que confluyeron en una inconmensurable dirección, un guión que se sale de bueno, intérpretes de los que ya no hay, fotografía en blanco y negro de primer orden, y mucha inteligencia, parodia, desenvoltura, ironía, elegancia, erotismo implícito, y todo eso que hoy no se lleva. Ese era el cine de la época, ese era Mankiewicz. Qué suerte, pienso, que aquel venturoso día eligiera esta peli por encima y para mi suerte, de otras producciones aparentemente más llamativas y modernas. Y no me arrepentí en absoluto, al contrario.

Puedes ver el tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=HBPwPIqYXtg

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