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Jeux d’enfants, ¿Capaz o incapaz?

Por Lourdes Lueiro

Por lo visto, para la mayoría de cinéfilos, la película francesa por excelencia de los últimos años, es Amèlie, yo no me incluyo en esa mayoría, en primer lugar porque Amèlie es una película que no me dice absolutamente nada y en segundo lugar porque considero que las hay mucho mejores, como el film al que le voy a dedicar unas líneas a continuación, titulado Jeux d’Enfants (en España se hace llamar Quiéreme si te atreves); un film arrollador e impecable, tremendamente infravalorado en España a pesar de ser realmente grandioso, de todas formas, muchas son las veces que he visto hacer comparación sobre estas dos cintas del país vecino, sin entender muy bien por qué, ya que para mi el parecido se basa simplemente en su país de origen y en su estética colorista, el resto poco o nada tiene que ver.

Jeux d’Enfants ve la luz en el año 2003, dirigida de forma arriesgada y magistral por Yann Samuell, y protagonizada por Marion Cotillard y Guillaume Canet, dos actores maravillosos que llenan de magia la pantalla, que están excelentes en cada escena, que poseen una química brutal; bellísima y dulce Cotillard en todo el metraje, y guapísimo y seductor Canet en cada secuencia, podría decir incluso que son dos de los mejores actores franceses de su generación; y de la historia también, ¿porqué no? (como me gusta a mi catalogar…).

Magnifica, cómo no, la Banda Sonora, con la canción La viè en Rose en todas sus versiones, fantásticas todas ellas, desde la original de Édith Piaf, hasta las posteriores, como la de Donna Summer o Louis Armstrong, así como varios cortes instrumentales.

El film está contado de forma muy auténtica y original, a modo de fábula, incluso de trágico cuento de hadas; la historia comprende dos partes muy bien definidas, la primera, cuando nuestros protagonistas son pequeños; Julien es un niño incomprendido con una madre enferma de cáncer que entabla una amistad inquebrantable con Sophie, una compañera polaca de la que todos se burlan; su diversión da comienzo cuando la madre de Julien le regala a este una pequeña caja de hojalata, a partir de ese momento los dos construyen un demencial juego, para olvidar un poco todos sus problemas, un juego del que no podrán escapar jamás, ¿capaz o incapaz?, el juego consiste en que, el que tiene en posesión la caja debe proponer un reto al otro, si el reto es superado con éxito, se llevará de nuevo la caja y la oportunidad de ser él quien proponga el desafío; la inocencia de Julien y Sophie cuando son niños se palpa en cada escena; la segunda parte da comienzo cuando Julien y Sophie son ya adolescentes, su amistad continúa y por supuesto, el juego también, cada vez con un nivel de dificultad mayor, llegando incluso a convertirse en algo completamente desagradable, peligroso y grotesco; y por fin sucede lo inevitable, lo que estaba claro desde que eran niños: los dos se enamoran perdidamente, llegando a emular aquel refrán que muchos conocemos ”ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio”; los años seguirán pasando, hasta convertirse en adultos, cada uno con su vida; pero su juego siempre será el ingrediente principal de su existencia, una existencia que para ellos sin este entretenimiento está vacía; y así, aún a riesgo de perderlo todo Julien y Sophie llevan su juego al estado máximo, a una obsesión enfermiza, sin remordimientos, llegando así, de cabezas, a un final tan terrible como fascinante, un final que no todos entienden, pero que yo sería incapaz de imaginar de otra forma; de todos modos, Yann Samuell regala a todos los que no quedasen satisfechos con el fin de la historia, otro final alternativo, el supuesto ”final feliz”. Yo me quedo sin duda con el primero, como muestra de que el amor eterno si existe.

Las secuencias inolvidables e irrepetibles, son muchas durante el film, el momento en el que Julien y Sophie aún siendo niños asisten a una boda, y debajo de la mesa hablan sobre lo que les gustaría ser en un futuro, a él le hubiese gustado ser un tirano (tal vez lo fue), y ella hubiese querido ser un flan (uhmmm); el momento en el que Sophie se opone a la boda de Julien por una apuesta que se hicieron siendo niños; la escena en la que se besan por primera vez, parando el tráfico y subiéndose encima de un coche, admitiendo por fin que estaban enamorados, el momento, durísimo, en el que Julien decide acabar con todo poniendo a Sophie sobre las vías del tren y dejándola a su suerte, y el momento siguiente en el que esta, dándose cuenta de lo que Julien acababa de hacer decide que se irán juntos al infierno y que no se volverán a ver hasta pasados diez años, o la escena en la que Sophie llama a la policía y Julien tiene que escapar; sin olvidarnos del final, un final que tuvo que ser, no podía ser otro, los dos enterrados bajo el hormigón, juntos eternamente.

La relación entre Julien y Sophie es apasionante, excitante, maravillosa, conmovedora, pura, real, pero también trágica, devastadora, destructiva, desgraciada, nefasta y brutal. Adjetivos enfrentados, pero que dan sentido a una de las historias más extraordinarias llevadas a la gran pantalla, una historia que deja un sabor de boca agridulce, pero también la sensación de haber presenciado una historia de amor sin precedentes, que desprende tanta magia como si de las mejores películas de Disney se tratase, es sencillamente fantástica; de hecho, ni Romeo y Julieta llegaron tan lejos.

¿Capaz o incapaz de imaginar un Julien en tu vida?, ¿Capaz o incapaz de reírte con la locura de su juego y de llorar por la brutalidad del mismo?, ¿Capaz o incapaz de verla sin poner todos tus sentidos en ella?, ¿Capaz o incapaz de creer que se amaban aún cuando su juego consistía en hacer todo el daño posible al otro?, ¿Capaz o incapaz de odiar al padre de Julien por no querer a Sophie, si no había otra mejor?, ¿Capaz o incapaz de no conocer los límites entre lo que está bien y lo que no lo está tanto?, ¿Capaz o incapaz de ver a Julien como un tirano, aunque en realidad lo fuese?, ¿Capaz o incapaz de desear que no terminase de llover nunca?, ¿Capaz o incapaz de imaginar otra película tan negra y a la vez tan llena de color?, ¿Capaz o incapaz de imaginar a alguien en el mundo más loco que Julien y Sophie?, ¿Capaz o incapaz de imaginar tu vida con alguien que no sea él?, ¿Capaz o incapaz de creer que acabarían juntos, aún sabiendo que era casi imposible?, ¿Capaz o incapaz de imaginarles vivos pero separados?, ¿Capaz o incapaz de, después de verla, compararla con Amélie, si no tienen punto de comparación?, ¿Capaz o incapaz de ver Jeux d’Enfants y no enamorarte irremediablemente de ella hasta convertirla en una de tus películas favoritas? Esta es fácil, CAPAZ.

Este film es imprescindible para todos los apasionados del séptimo arte, para los amantes de las historias de amor, y para los que no lo sean también, ya que posee un nivel bajo de edulcorante (que a veces se agradece).

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Creo no haber visto en mi vida una película con frases tan hermosas, como las que este film nos regala:

‘‘¿Qué quieres ser de mayor?”
‘‘¡Tirano!”
”¿Con todo un pueblo sometido?”
”¡Pues claro! Con un harén, muchos esclavos y torturas los jueves por las mañanas. ¿Y tú?”
”Pues yo… no sé, es una estupidez…”
”¡Cuéntamelo! ¡Yo te lo he dicho!”
”Quisiera ser un flan, un flan de albaricoque, o uno normal en la repisa de una pastelería…”

”Nunca hemos hablado del futuro tú y yo, quiero decir de nuestros futuros…”
”¿Nuestros futuros? Yo hubiera dicho espontáneamente nuestro futuro. Supongo que me conformaba con el presente. Supongo que nos veía seguir así durante años… En fin… Por cierto, hablamos del futuro una vez… y no nos equivocamos mucho… Tú estás aprendiendo a ser un tirano y yo un flan…”

”Hay dos o tres cosas que nunca me has pedido y lo lamento, habría sido capaz”
”¿Qué cosas?”
”Comer hormigas, insultar a los parados que salen del INEM, amarte como loco…”

”Y ya está, así es como ganamos la partida. Juntos y felices. Y ahí, sepultados bajo el hormigón, por fin pudimos compartir nuestro sueño de infancia: el sueño de un amor sin fin”.

Y por último, incluyo el excelente monólogo de Julien, que justifica todas las locuras de esta maldita historia de amor:

”Felicidad en estado puro, bruto, natural, volcánico, ¡Qué gozada!, era lo mejor del mundo… Mejor que la droga, mejor que la heroína, mejor que el costo, crack, chutes, porros, hachís, rayas, petas, hierba, marihuana, cannabis, canutos, anfetas, tripis, ácidos, lsd, éxtasis… Mejor que el sexo, que una felación, que un 69, que una orgía, una paja, el sexo tántrico, el kamasutra, las bolas chinas… Mejor que la nocilla y los batidos de plátano… Mejor que la trilogía de George Lucas, que la serie completa de los Teleñecos, que el fin del Milenio… Mejor que los andares de Ally Mcbeal, Marilyn, la Pitufina, Lara Croft, Naomi Campbell y el lunar de Cindy Crawford… Mejor que la cara B de Abbey Road, que los solos de Hendrix… Mejor que el pequeño paso de Neil Amstrong sobre la Luna, el Space Mountain, Papa Noel, la fortuna de Bill Gates, los trances del Dalai Lama, las experiencias cercanas a la muerte, la resurrección de Lázaro, todos los chutes de testosterona de Schwarzenegger, el colágeno en los labios de Pamela Anderson, mejor que Woodstock y las leyes más orgásmicas… Mejor que los excesos del Marqués de Sade. Arthur Rimbaud, Morrison y Castaneda… Mejor que la libertad… Mejor que la vida…”

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