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Jason Bourne

Por Alejandro Arranz

-Jason Bourne ha vuelto en plena forma. Al menos en lo que se refiere a la técnica y la energía cinética, la trama y el contenido han quedado muy relegados.
-Si buscas tensas persecuciones, mucha acción y emociones fuertes; esta es tu película del verano. Puede decepcionar que Bourne se haya convertido en un héroe palomitero, pero eso no quita que sea un placer volver a verle en acción.

En 2002 el más que competente director Doug Liman, adaptó al cine el personaje del famoso novelista de espionaje, Robert Ludlum. Jason Bourne llegó a la pantalla grande con el inicio de una trilogía que influiría de sobremanera en el cine de acción del nuevo siglo. El encargado de dar vida al personaje sería un joven Matt Damon, que lograría una excelente mezcla de dureza y fría sensibilidad. Tras dirigir Liman la primera entrega, el testigo de las dos secuelas lo tomaría el británico Paul Greengrass. Este director llevaría la saga a nuevos niveles de calidad técnica. Asimismo los guiones de las secuelas le darían forma a un mundo ficticio alejado de las novelas y muy parecido al real. Y también le aportarían el debido desarrollo al personaje de Jason Bourne, que se convertiría en una especie de antihéroe moderno alejado de los tópicos del género. Jason Bourne es uno de los héroes cinematográficos más importantes de nuestra era. En 2007 nos alejamos de él con la tercera entrega de la saga (y la mejor). Y tras una trilogía memorable, los ejecutivos de Universal pensaron que podrían estirar el chicle con un nuevo héroe. Aaron Cross, al que dio vida Jeremy Renner, protagonizó el spin-off titulado El legado de Bourne, dirigido por Tony Gilroy, guionista de las anteriores entregas. Una película irregular, poco efectiva, pero eso sí, entretenida para una tarde de domingo. Ahora bien, Damon no volvería a la saga sin la dirección de Greengrass. Algo que acabaron consiguiendo, por eso estoy escribiendo este artículo. Porque Greengrass y Damon han decidido traer de vuelta Jason Bourne. Toca decidir si a este héroe, aún le queda algo que decir.

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Hay que diferenciar entre lo que necesitábamos y lo que queríamos. La verdad es que el regreso de Jason Bourne es totalmente innecesario. Su historia se concluyó con mucha eficacia en El Ultimátum de Bourne. Pero la taquilla pedía a gritos el regreso del personaje, y lo pedía con envoltorio veraniego. En este punto llega lo difícil de reconocer, y es que por mucho que Bourne siga resultando tan emocionante como hace 14 años, la historia no es más que una mera excusa argumental para volver a la acción. La acción por la acción es lo que ofrece esta secuela. Persecuciones, tiros, peleas y destrucción; bajo la elegante y minuciosa batuta de Greengrass. Lo que llama la atención desde un principio, es la forma en que el mundo de Bourne ha evolucionado junto con el nuestro, volviéndose más tecnológico. La escena inicial logra unas admirables cotas de tensión mediante el enfrentamiento de dos ordenadores, toda una declaración de intenciones. Y es que ahora el arma más poderosa no es la pistola, sino el ordenador o el teléfono móvil. Y en un mundo real post Snowden, se nos ofrece una desaprovechada trama de tintes Orwellianos post 11-S. Así que del mismo modo que Bond aprendió de Bourne, Bourne progresa con la influencia de las dos últimas aventuras del agente 007. Todo queda en familia. En cuanto al reparto, Matt Damon interpreta al personaje con un aura de fatiga muy necesario en la trama, además teniendo en cuenta que el actor se acerca a la cincuentena. Los secundarios cumplen con creces, en especial un magnífico Tommy Lee Jones y una fría y matizada Alicia Vikander, que acaba por representar el -por inesperado que parezca- interesante futuro de la franquicia. El problema de esta cuarta entrega es lo descompensada que está la forma y la capacidad de entretenimiento con respecto al contenido. Y es que a la excusa argumental hay que sumar un guión esquemático, falto de contenido, muy escaso en diálogos y con una narración proclive al uso de trucos baratos y algunos efectismos. Por otro lado técnicamente es irreprochable, algo a lo que Greengrass nos tiene acostumbrados. Gracias a las planificaciones y ejecuciones matemáticas de cada escena. El virtuosismo de la realización y un montaje impecable de ritmo imparable logran que no puedas ni pestañear a pesar de la catarata de planos. De nuevo el director demuestra ser el mejor rodando persecuciones en ciudades, pues aprovecha cada localización de forma magistral y logra transmitir el caos incluso cuando la puesta en escena está calculada al milimetro. Así es como la película entrega tres magníficas escenas de acción en Atenas, Londres y las Vegas. En concreto la de Atenas, es para estudiar en las escuelas de cine. Como apuntes técnicos, la fotografía no es tan fría como en la primera trilogía y en las persecuciones con vehículo, Greengrass utiliza bastante el plano subjetivo.

Llegados a este punto queda hacer balance. Si eres de los que buscan acción, tensión y emoción, debes ir sin falta a ver la nueva aventura de Jason Bourne. Si por otro lado esperas el pack completo: guión inteligente, poderosas metáforas visuales y una interesante trama dramática que sumar a las impresionantes persecuciones. Entonces seguramente te decepcionará el regreso de Bourne. Me he entretenido mucho con esta entrega, creo que es un producto muy bien hecho y capaz de lograr lo que se propone en todo momento, aunque también creo que Jason Bourne se merecía unas vacaciones permanentes, o un regreso mejor planeado en concepto además de en forma. Peor que la trilogía, mucho mejor que El legado de Bourne.

Alejandro Arranz

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Comentarios

  1. Pedro Romanosky

    Un bodrio como un piano. Plana y aburrida hasta que llega, gracias a Dios, una persecución final cojonuda. Por cierto, el director que se lo haga mirar, que eso de grabar con una mano mientras se la casca con la otra no lo veo.

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