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Jane Got a Gun

Por Alejandro Arranz

-Una película sencilla como las de antaño. No es un western feminista, pero el género sigue reflexionando con actitud, sobre el rol femenino en el Salvaje Oeste.
-Edgerton y Portman realizan dos buenas interpretaciones en la nueva apuesta de Gavin O’Connor. Un sólido filme del género que entretiene y juguetea con algunas potentes ideas.

Ha costado sacar adelante este proyecto, y también ha costado distribuirlo, pero ahora ya está en los cines de nuestro país. Hace cinco años que no sabíamos nada de Gavin O’Connor. Ese señor que nos descolocó la mandíbula con una joya que aún a día de hoy sigue infravalorada, Warrior. De repente se encontraba con tres proyectos por estrenar (contando la película que vengo a analizar). Un western aparentemente feminista, un thriller y una película fantástica. Y un servidor esperaba ansioso por ver en que forma regresaba tras semejante peliculón sobre la familia y las artes marciales. Pues bien, la primera en estrenarse ha sido Jane Got a Gun (con el espantoso título de La venganza de Jane es nuestro país). Con un guionista (Brian Duffield) que escribe su segundo libreto tras debutar con la terrible “Insurgente”, y un brillante reparto encabezado por Natalie Portman y secundado por nombres del calibre de: Joel Edgerton, Ewan McGregor, Rodrigo Santoro y Noah Emmerich. Con estas notas iniciales os pongo al día antes de redactar mis impresiones sobre lo nuevo de este prometedor cineasta.

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Siendo esta mi segunda crítica del día no me alargaré en exceso e iré a la clave de la cuestión. La nueva ola del género está reconfigurando los arquetipos, reflexionando en especial sobre la posición de la mujer en el oeste cinematográfico y en el cine en general. Como una especie de “macrometacine” que se retroalimenta de sus microcosmos. Traduciéndose ésto sin pedanterías en un séptimo arte global (o un género específico) que experimenta con múltiples historias y personajes para aprender de esos resultados. Un cine que aprende de si mismo (algunos pensarán que es obvio, pero a menudo no es así). En relación con el rol femenino tenemos muchos ejemplos recientes en el western: Slow West, The Hateful Eight, The Homesman, etc. En esta ocasión no estamos ante un western feminista, sino ante uno de los casos antes citados. Realmente el conflicto se crea con respecto a los hombres, aunque el personaje femenino se mantenga siempre enfocado en el centro. Ahora bien, estamos ante un western de lo más convencional. Lo que funciona a favor y en contra. No es la quintaesencia del género o el “súmmum” de la innovación, el ferrocarril hace mucho que se inventó. Sin embargo su sencillez funciona como una aliada fuerte que recupera la esencia de una época más fácil en la que el género brillaba con luz propia. Gavin O’Connor aprovecha la sencillez de su historia para jugar con ideas interesantes que lamentablemente se quedan -mayormente- en meros detalles. Aún así la propuesta desprende solidez, gracias a una puesta en escena pulcra y bastante atractiva de aire minimalista, un par de admirables escenas de acción y un estilo narrativo que ayuda simultáneamente a captar la atención del espectador y romper la linealidad, ofreciendo flashbacks que rellenan los huecos en torno a las relaciones entre los protagonistas. El reparto está muy bien, destacando una coherente Natalie Portman y un nostálgico Edgerton; por desgracia los personajes secundarios son innecesarios y planos, ni siquiera sus actores consiguen remediarlo. En este sentido el guión sí que logra un par de personajes -protagonistas- sólidos, así como ciertas reflexiones valientes sobre el oeste y la moral, un tratamiento de la trama romántica con pulpa trágica (dando esta subtrama las mejores escenas de la cinta) y una estimable honestidad emocional de tono comedido. No obstante falla en cuanto a que deja en el aire ciertas incógnitas necesarias con respecto a la trama y los personajes.

Finalmente y sin darle muchas vueltas, estamos ante una apuesta sólida del género. Que sin reinventar la rueda, brinda un generoso entretenimiento sin ínfulas de ninguna clase. Jane Got a Gun posee un cautivador aliento melancólico, un lirismo triste y callado, con personajes llenos de secretos escondidos en los claroscuros de la fotografía de Mandy Walker (Australia). Gavin O’Connor regresa con una película demasiado convencional pero ante todo interesante dentro del nuevo canon de westerns. Una pena que el horroroso desenlace le reste nota a un proyecto nada desdeñable.

Alejandro Arranz

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