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Jane Austen de la mano de Whit Stillman

Por Enrique Fernández Lópiz

Hay en mi ciudad, como creo ya haber apuntado alguna vez, un cine llamado El Madrigal que sólo proyecta películas en exclusiva, provenientes mayormente de la industria europea. Me gusta ir a este cine que encierra entre sus paredes el aroma de las antiguas salas, de cuando un cine era un solo cine y no una multisala de las que hoy abundan. Recinto amplio aunque asientos un poco incómodos, pero hay que pagar peaje en este tipo de salas, pues a cambio se disfruta de su extensión y buena atención de un personal que parece interesado por el cine como arte y por el público que asiste. Amor y amistad es la última obra que he visionado en este establecimiento, estreno, con unas críticas muy buenas con todo tipo de loas. Sin embargo, debo confesar que yo he “necesitado” desconectar un ratito de este metraje de Stillman, porque en alguno de sus recorridos me ha parecido adormecedor. Sí, me ha dado sueño, cosa poco usual en mí cuando voy al cine, pero el tempo, la narrativa y el exceso de diálogos literarios, todo ello muy comprimido entre otras por su breve metraje (94 minutos) me han producido sopor a mí a mi pesar. Interpreto esto como forma de “contratransferencia” que el film ha producido en mí; o sea, no sólo la película (y su director, claro) mantiene una relación emocional con el espectador (“transferencia”), sino viceversa, el espectador siente el influjo afectivo del film en él. Algunas películas me enamoran, otras me entretienen, otras las saboreo y a esta le ha tocado una sensación transitoria pero que ha sido así, de modorra. Intentaré definir mejor esta reacción a la cinta, que no obstante me ha perecido buena, pero sin que por ello deban repicar las campanas.

Se sitúa la acción en la Inglaterra de 1790. La joven y bella viuda Lady Susan Vernon (Kate Beckinsale) carece de fortuna y su hija Frederica (Morfydd Clark) es una joven casadera de 16 años, que estudia en una escuela de señoritas. Lady Susan vive de la hospitalidad de sus conocidos y se aloja de manera un tanto forzada en la casa de campo de su cuñado, Charles Vernon (Justin Edwards). Pero resulta que la esposa de éste tiene sus reparos al respecto, pues existen habladurías sobre la dudosa conducta de la joven viuda, acerca de sus devaneos, flirteos y desatinos entre la élite social. El tiempo que dura la estancia de Lady Susan, aunque ella carece de recursos monetarios, sin embargo es pródiga en lo que a seducción se refiere. De esta manera va a tratar por todos los medios que el rico señor De Courcy (James Fleet) caiga rendido en sus brazos, a la vez que mantiene otra relación con un noble casado. Y además de buscarse un marido para ella, también comienza a mover los hilos para casar a su hija con un acaudalado noble y asegurarse de esta forma el futuro de ambas.

Whit Stillman es un director nacido en Washington en 1952 con una filmografía breve e irregular. Dice que las mayores influencias de su carrera han sido las películas de Fernando Trueba, Fernando Colomo o Alberto Bermejo, lo cual se explica porque Stillman está casado con una española y ejerció de agente de ventas en EE. UU. de esos cineastas. Su interés en la obra de la clásica escritora británica Jane Austen (1775-1817), que inspira esta película, es según sus declaraciones porque la novelista le parece “una retratista de personajes muy reales, muy sinceros, y porque la fuerza de su narrativa no ha sido siempre bien llevada al cine”. El buen guión del propio Whit Stillman resulta de la adaptación de la novela epistolar breve de Austen, Lady Susan, una obra primeriza de 1794. Stillman ha declarado haber estado “una década dándole vueltas a Austen sin dirigir. A veces la gente no es consciente que no dirigir no significa que estés mano sobre mano […] Vi un ejemplar escrito de su puño y letra en la biblioteca Morgan en Nueva York. Fue impresionante y por suerte ocurrió después de acabar el guion, si no me hubiera impresionado su cuidado por cada palabra. Yo he cambiado, alterado y cortado esa novela epistolar para que funcionara en la pantalla”. Además de que el guión retrata con fidelidad los entresijos de la alta sociedad inglesa del siglo XVIII, posee también un adecuado tempo y diálogos ingeniosos, mordaces, verborreicos y agudos no exentos de maldad, como ese en el que Lady Susan aconseja a su amiga: “No deberías haberte casado con ese hombre. Demasiado mayor para que lo manipules y demasiado joven para morirse pronto”. Me ha gustado la música de Mark Suozzo y es magnífica la fotografía de Richard Van Oosterhout. Gran puesta en escena: ambientación, decorados, vestuario y todo lo relativo al aspecto visual, a fin de respetar el glamour del género sin hacer que derive en la intrascendencia. Bellos rodajes en exteriores sabiamente elegidos.

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En cuanto al cuadro actoral, tanto Kate Beckinsale (como veraz y peligrosa Lady Susan) como Chloë Sevigny están a un gran nivel, mostrando un oficio y una inspiración interpretativa de excelencia. El resto, una fresca y desvergonzada interpretación de un reparto que, además de las dos protagonistas ya mencionadas, incluye artistas revelación como Xavier Samuel y Tom Bennett, acompañados brillantemente por otros renombrados intérpretes como Stephen Fry, Emma Greenwell, James Fleet, Jemma Redgrave, Jenn Murray, Morfydd Clark, Lochlann O´Mearáin, Kelly Campbell, Justin Edwards, Conor MacNeill y Ross Mac Mahon.

Premios y nominaciones en 2016 hasta hoy (noviembre de 2016): Rotterdam International Film Festival: Nominada para el Big Screen Award. Premios Gotham: Nominada a mejor actriz (Kate Beckinsale) y guión. Seattle International Film Festival: Nominada a mejor actriz.

Creo que Stillman consigue crear una película con mucho encanto en todas sus secuencias, con una narración ágil y sintética. La cosa es que me ha parecido en ocasiones excesivamente condensada, con múltiples personajes y situaciones convocados de manera casi inimaginable, lo cual hace que por momentos aturda tanto personaje y el exceso de diálogos muy literarios, tanta intriga y tan complejas maquinaciones. No diré que el libreto no está bien dialogado, sino al contrario, puede que en demasía, pues el lenguaje del cine es en mi parecer más visual que dialogado, aunque no hay que negar la elegante factura de estos intercambios, unido a un humor de prodigiosa sutileza con detalles como cuando se habla de los mandamientos de Dios, el juicio de Salomón o la escena de los guisantes. Todo esto, y si pasamos por alto la densidad a la que me refiero, da lugar a una refrescante comedia de época, “vitriólico retrato de una fauna aristocrática ociosa trufado de lenguas viperinas, tramas amorosas, recelos, conspiraciones, cotilleos, decadencia, etc., con la figura de la susodicha Susan como mascarón de proa, cuya sola presencia anuncia terremotos sentimentales y sociales allí donde vaya” (Batlle). O como escribe Salvá: “una comedia trepidante, en lo oral, sobre los chascarrillos y cotilleos de la alta sociedad británica de 1790, deliciosa en su sátira, fina en su ironía, precisa en su retrato del arribismo de las clases altas”. Buenos resúmenes ambos sobre este film.

La película tiene también la cualidad de la burla, la propensión apuntada a reírse de las actitudes que aquellos ciudadanos y familias de pro mantenían en aquella época, cuando lo habitual era venerar y velar por las buenas costumbres, algo que el común de la alta sociedad asumía pero que en verdad pocos respetaban. O sea, en teoría había que ser decorosos, pero en la práctica prevalecía el adulterio, y otros. Y si nos fijamos, son pocos los personajes del film con un genuino espíritu noble, excepción hecha de Reginald y Frederica. Ni que decir tiene que la semblanza de la mujer encarnada por la protagonista Lady Susan, se asemeja a una auténtica víbora: precisa como una cuchilla, calculadora, sagaz en el peor sentido, despiadada como una hiena, controladora, ambiciosa, lianta, retorcida, manipuladora y conspiradora. La mujer de aquellos entonces, quizá por la restrictiva educación y la severidad moral se veía forzada a sobrevivir utilizando esas estrategias bastante perversas para mantener la cabeza y el corazón a flote.

En resolución, Whit Stillman consigue una elegante, delicada y afiligranada adaptación, que demuestra una sorprendente facilidad intuitiva para mostrar en el cine, la obra de la novelista británica Jane Austen. Sin embargo, es un film que no me ha impresionado especialmente y tampoco creo que estemos ante una película de importancia o de notable entidad: le falta solidez y en ocasiones invita a la desatención.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=8MaSK3POHI0.

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