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Jamás te volveré a ver

Por Javier Fernández López

Perdonad lo dureza del título, pero es que Ahora me ves ha resultado ser una de esas decepciones veraniegas que rinden de forma decente en taquilla y que luego amenazan con secuelas. Seamos justos, la película tampoco aspiraba a ser la piedra angular de la magia, así que aplaudamos los puntos positivos de una cinta que no se puede valorar por encima de un aprobado justo.

La película se mueve por los mismos mundos de las últimas secuelas de A todo gas, es decir, pongamos a un reparto conocido en una misma película y hagamos que el ritmo sea lo más dinámico posible. Y eso lo cumple sobradamente la película, salvo por alguna que otra escena que no cuadra demasiado con el resto del montaje. Michael Caine (Miss agente especial) y Morgan Freeman (Oblivion) vuelven a encontrarte en esta película dirigida por Louis Leterrier (Furia de titanes). No se crean los avances de la película, porque Jesse Eisenberg (La red social), Isla Fisher (De boda en boda), Dave Franco (Infiltrados en clase) y Woody Harrelson (Siete almas) son meros secundarios de un producto muy bien adornado, como cualquier truco de magia que merezca ser recordado.

Los protagonistas de esta historia son Mark Ruffalo (Los vengadores), que resulta desesperante en algunas escenas, y Mélanie Laurent (La redada), que se presenta como un personaje misterioso durante la película pese a que el misterio se desvanece pronto. Se trata de una historia simple, cuando uno lo que espera de cualquier película donde la magia es protagonista es que haya complejidad, ingenio y asombro. Todo lo contrario, en algunos momentos pretende ser compleja, pero lo cierto es que el espectador puede ponerse un paso por delante del film sin complicaciones (esto referido a cierto chiste del film). Y que a nadie se le ocurra compararla con El truco final, de Christopher Nolan.

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Quizá algunos espectadores puedan ver interés en algunos enigmas que propone el film, pero lo cierto es que no hay demasiado que contar. El director se apoya en unos juegos de luces de gran factura para adornar una película pobre de argumento y solidez. Y el desenlace es demasiado precipitado, incoherente por momentos si nos ponemos algo exquisitos, y la magia se pierde por momentos rozando la inevitable decepción.

Pero claro, como dije al principio, la película sólo busca entretener, y eso lo cumple. No hay profundidad argumental, no hay filosofía alguna ni tampoco personajes profundos. Sólo una buena puesta en escena. Porque así suelen ser los trucos de magia de la vida real, aunque en la película falte cierto ingenio que atrape al espectador.

¿Recomendable? Sí, pero quizá para los días en los que una entrada del cine no significa donar parte de tu sangre. Lo mejor de la película, para todos los espectadores, serán las líneas de diálogos de los cuatro magos, sobre todo con Eisenberg y Harrelson. Lástima lo poco aprovechada que está Fisher en la película.

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