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J. Lee Thompson y Bronson con grabadora: tediosa y sin pulso

Por Enrique Fernández Lópiz

En Mensajero de la muerte, un periodista, Garret Smith (Charles Bronson) investiga un asesinato múltiple de una familia de mormones. El hecho aconteció en su granja, en una pequeña localidad del estado de Colorado. Las víctimas de este asesinato ocurrido en la propia casa son tres mujeres y seis niños, y el origen de dichas muertes debería estar en los enfrentamientos entre dos facciones de dos sectas mormonas y un oscuro ritual, que supuestamente habría sido el contexto en el que se cometieron los crímenes. Mientras que la policía esgrime que los hechos tienen un móvil religioso, Garret descubre razones más oscuras y ocultas, entre las que están las de tipo económico.

Una de tantas películas de los ochenta en la que Bronson soporta el peso de una irregular y mediocre cinta dirigida con profesionalidad por el afamado J. Lee Thompson. Ambos, J. Lee Thompson (director de películas tan emblemáticas como Mientras sean felices, 1955; Fugitivos en el desierto, 1958; La india en llamas, 1959; Taras Bulba; o Los cañones de Navarone, 1962) y Charles Bronson ya no están entre nosotros, sin embargo, este tándem firmó algunos de los grandes éxitos comerciales de los años 80, siempre dentro del género de la acción (Yo soy la justicia II, 1987). Aquí, sin embargo, Bronson cambió el revólver por la grabadora y la película fue menos violenta de lo habitual; e ironías del destino, su repercusión fue también menor. La película tiene un guión simplón y atonal de Paul Jarrico, adaptación de la novela del escritor californiano Rex Burns, Messenger of Death. La fotografía de Gideon Porath no está mal y la música de Robert O. Ragland hace lo que puede para sostener con dificultad la trama.

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En cuanto al reparto, Charles Bronson (con 67 años entonces) es el principal actor del film en su papel de reportero de “The Denver Tribune”, en Colorado. Hace su papel como siempre hace Bronson, con hieratismo y llenando pantalla, que para eso servía y le salía a las mil maravillas. El resto de actores hacen un coro actoral mediocre como Trish Van Devere, Daniel Benzali, Laurence Luckinbill, Jeff Corey, John Ireland, Jon Cedar, Ducan Gamble, Bert Williams, Marilyn Hassett o Charles Dierkop por mencionar algunos nombres.

Quizá para entender esta película hay que tener presente que en el interior de los EE.UU. existen muchas comunas religiosas fundamentalistas, basadas en las creencias de sus líderes, que permiten la bigamia y el matrimonio de adultos con niñas adolecentes entre otras cosas. Al ser estas sectas bastante irracionales y además ilegales en muchas de sus acciones y rituales, sus miembros optan por vivir apartados del mundo exterior y no comparten sus vidas ni creencias con forasteros. A veces son protegidos por la policía local, por estar algunos de sus líderes emparentados con algún alto oficial y desconocer éstos los detalles de sus comportamientos. Pues bien, es en este tipo de encuadre que se desarrolla el film.

Las escenas de acción son incluso algo grotescas. Además, la película tiene un tempo lento, lo que la hace pesada, poco emocionante, apenas entretenida, y con el inexpresivo y clásico Bronson encarnando al ángel vengador de turno.

En resolución, la peli habla del periodismo y sus riesgos, de las sectas religiosas en EE.UU., y poco más. El guión deja mucho que desear, la historia parece de Marcial Lafuente Estefanía, las escenas de acción son casi ridículas, tal vez Bronson andaba ya un poco justo para estos trajines. Película sin pulso y sin mayor mérito cinematográficamente hablando. Apenas la veo para la sobremesa en TV, si acaso para dormir la siesta.

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