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Irregular y mediocre ejercicio de estilo

Por Enrique Fernández Lópiz

Manchas de sangre en un coche nuevo cuenta la historia de Ricardo (López Vázquez), un hombre atildado, un rico empresario de los que no hace ascos a las corruptelas que se le presentan, que estrena el coche Volvo que le acaba de regalar su querida esposa igualmente rica, interpretada por una Lucía Bosé en plenitud y rebosante de elegancia. A su vez, Ricardo tiene una hermosa empleada como amante (May Heatherly). Pues bien, un día, de vuelta de su taller de restauración de valiosas piezas de arte, al pasar con su flamante carro observa que en la margen derecha de la carretera se ha producido un fatal accidente de tráfico. Para su coche, se acerca y oye voces suplicantes, incluso voces de niños, pero el individuo omite el obligado socorro a los heridos y prosigue su camino, no sin antes quedar fijado mirando su impoluta tapicería blanca como pensando cuán manchada habría quedado si allí hubiera metido a los heridos. Al poco tiempo presencia por el retrovisor cómo el coche siniestrado explota y se incendia, pero sigue adelante con semblante cariacontecido. Ese hombre que hasta ese momento vimos como mediocre y soberbio, se revela como un tipejo repugnante capaz de huir del lugar sin prestar ayuda al herido. Al poco se da cuenta de que tiene la inquietante y recurrente visión de que los asientos de su coche, sin motivo aparente, se llenan de sangre, fenómeno que le ocurre de tanto en cuando a lo largo de la cinta.

Estamos ante el primer largometraje del director Antonio Mercero, un largometraje que deja que desear tanto en sus aspectos técnicos como de guión, como ahora diré. El guión, del mismo Mercero, habla de los sentimientos de culpa que acosan al empresario por no haber socorrido a los accidentados. Esta tiranía de la culpa y el arrepentimiento se traduce en alucinaciones según las cuales ve cómo se mancha de sangre su rutilante y nuevo coche. El espectador que ve el film puede inquietarse pues no sabe a ciencia cierta si las manchas son reales o producidas psicológicamente por esa mala conciencia, por la intranquilidad del protagonista que genera producciones ilusorias. Esta es una de las razones por las que el film logra mantener la atención de la concurrencia. Aunque desde mi modo de ver la alucinación repetida es demasiado elemental y poco gradual. Hubiera sido más interesante una refracción más inadvertida e indirecta, un derrumbe más sutil y complejo del personaje.

Pero hay otros elementos malos en el libreto, sobre todo que lo que se narra alrededor de la historia que nada tiene que ver con la temática central que es la culpa y los trastornos psíquicos del empresario. Se añade a esto un ritmo muy lento y una vaga condensación en el montaje, lo que convierte la obra en una cinta plomiza y aburrida.

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Si la fotografía de Manuel Berenguer puede tener un pase, la estruendosa música Teddy Bautista (el de los “Canarios” y luego Capo de SGAE) es desde mi modo de ver infame y nada apropiada. También son de destacar los primeros planos insistentes y diversos elementos de la puesta en escena como formas de crear tensión y desasosiego.

En cuanto a los actores, José Luis López Vázquez, sin ser su mejor papel, está bien, porque es un actor de primer orden y esto se tiene que notar. Hay que destacar la formidable sutileza con la que Lucia Bosé compone su personaje que es sin duda uno de los mayores atractivos de la obra. De otro lado, May Heatherly, ya conocida en nuestro cine, pues la guapa norteamericana hizo carrera en España (p.e. Ella y el miedo, 1964; El asesino está entre los trece, 1973; o, Ambiciosa, 1976), está más o menos acertada en su interpretación. Y el elenco femenino lo completa Yelena Samarina que en su interpretación demuestra poseer una singular y especial personalidad que atrae al espectador. Pues bien, la sutileza de las tres actrices, el talento puro de López Vázquez y en menor grado el interés del tema, da lugar a un resultado mediocre pero que sirve a modo de entretenimiento. Otros actores del reparto son Ricardo Tundidor, Manuel Andrés, Pedro del Río e Ignacio Paúl.

Estamos ante un irregular ejercicio de estilo de Mercero que sólo acierta por momentos. Pretende abordar muchos aspectos a la vez. Por un lado diseccionar el discreto encanto de la burguesía (salvando las enormes diferencias con Buñuel, obvio); quiere introducirse en su corrupta falta de moral, lo que incluye una pizca de terror; arremete contra su ausencia de conciencia, lo cual puede tener la contrapartida del exceso de culpa; también dibuja el materialismo del hombre moderno, su gusto por el consumo y el lujo, la falta rampante de misericordia y la incapacidad de compadecerse del que sufre.

En fin, todo esto confluye en un thriller de terror psicológico en el que Mercero pretendió ser ambicioso sin conseguir su objetivo. Quizás son demasiados aspectos y mal cocinados, lo que da lugar a una obra anodina. Película que no puedo recomendar y de la que se salvan pocas cosas, sobre todo las interpretaciones, aunque tampoco éstas sean para tirar cohetes.

Escena clave del film: https://www.youtube.com/watch?v=rlNVGd_O8xU.

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Comentarios

  1. Sancho P.

    ¡Qué agradable ver una crítica actual de esta película! Para mi es un thriller psicológico bastante bueno. Además retrata bastante bien la época tardofranquista en cuanto a temas sexuales, laborales y burgueses. Grande José Luis López Vázquez, un actorazo de los pies a la cabeza.

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