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Intriga, drama y suspense: tres en una

Por Enrique Fernández Lópiz

En esta película el doctor Richard Walken (Harrison Ford) asiste a un importante Congreso médico, junto a su esposa, lo cual les brinda a ambos la oportunidad de vivir de nuevo su luna de miel en París. Mas al poco de instalarse en la habitación del Hotel, su mujer desaparece misteriosamente, sin que nadie se haya percatado de nada. Harrison Ford es un americano en París, completamente solo, en una nación extraña para él y cuyo idioma desconoce. A partir de aquí Walken empezará una angustiosa y frenética búsqueda para encontrar a su esposa, la buscará desesperadamente, hasta la extenuación. Sólo tiene una pista: un número de teléfono apuntado en una caja de cerillas. Pero a partir de aquí la trama se irá haciendo cada vez más compleja, al punto de convertirse en una auténtica pesadilla.

Sin duda es un film bueno dirigido magistralmente bajo la batuta de Román Polanski que estira la tensión al límite y nos muestra un relato de angustia y tensión trepidante; el suspense está servido de manera brillante y es como si Polanski con este hacer, le hiciera un homenaje al maestro Hitchcock. La película se vertebra con un excelente guión –quitando el final quizá muy comercial- del propio Roman Polanski y Gérard Brach. Tiene una gran banda musical de Enio Morricone (no hay que olvidar la bellísima canción que se repite de I´ve seen that face before interpretada por Grace Jones); y no desmerece la buena fotografía de Witold Sobocinski, que sabe enfocar de manera notable las calles mojadas de París con el sello Polanski. El montaje y el ritmo te dejan pegado a la butaca o al sillón y no te mueves durante las dos horas que dura la cinta.

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En cuanto al reparto, goza de la presencia en uno de sus mejores papeles dentro de su filmografía de Harrison Ford, que hace muy creíble su rol de hombre angustiado que busca con desesperación a su esposa, en una brillante interpretación. Sobre su interpretación descansa la mayor parte del film. Pero también es destacable la actuación sensual y un tanto alocada de la hermosa Emmanuelle Seigner, que se mueve como pez en el agua ante la cámara y resulta excitante verla tan bonita en las diferentes escenas que interpreta, amén de ser un personaje que, además de atractivo, es enigmático; será quien ayude a Ford en su búsqueda.

Hay en esta película escenas para recordar, como cuando al principio de la misma se dan los indicios y la búsqueda de la “dama blanca”; la muerte de Dedé que hasta ese momento no se sabe quién era; la angustiosa y tensa escena de Ford en el tejado –con horribles calcetines-, que si me caigo que si no me caigo; o el genial baile sensual y alocado que se marca la Seigner con Ford y que no se sabe si es tango, si es baile liberador, si es insinuación…

Nadie puede negar que Polanski, en este film, cumple a pies juntillas con las directrices del thriller, esto es: generar suspense a partir de individuos de la vida cotidiana, pero con los rasgos típicos de su cine, su sello: a cada episodio le dedica el tiempo que necesita y ni un minuto de menos o más; y también la destreza para crear atmósferas turbias y vagas (no hay que olvidar que uno de los puntos clave de Frenético es la filmación de un París oscuro, sórdido, sombrío, imagen absolutamente alejada de lo turístico). Así pues, una apuesta bien llevada que nos atrapa de principio a fin como antes decía.

En definitiva, un film que hunde sus raíces en Hitchcock en cuanto a la forma de manejar el suspense, a pesar de ser una obra claramente polanskiana, y una película que tiene tintes de gran calidad, unido a una veta innegable propia del cine comercial. Yo, particularmente, la recomiendo, a pesar de los añitos que tiene.

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