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Into the Woods

Por Alejandro Arranz

Toda una delicia visual que naufraga debido a su débil propuesta conceptual. No me provoca como lo hacía el musical original, le falta mucho carácter y alma.
-El reparto es estupendo y algunas ideas se mantienen frescas, sin embargo la mitad del filme es terriblemente insípido y eso es algo que ni siquiera la magia de Meryl Streep puede arreglar.

Que a Rob Marshall le gustan en exceso la música y los musicales es algo que a estas alturas todos sabemos de sobra. Que una actriz como Meryl Streep puede llevarnos al cine a ver cualquier película sobre cualquier tema, también. Y cuando Disney se propone llevar al cine un musical tan conocido como Into the Woods, del mismisimo Stephen Sondheim. Todo sin reparar en gastos para lograr una maravillosa ambientación y contratar a un llamativo reparto. Pues nosotros lo único que tenemos que hacer es ir a nuestro cine más cercano y dejarnos entre 6 y 10 euros de media en una entrada para ver el musical truncado en una gran pantalla de cine en vez de disfrutar de él en su versión original, para la que fue creado. Ni siquiera yo tengo claro si me estoy quejando o animando a que vayáis al cine a disfrutar de este espectáculo de la casa Disney. Lo que está claro es que a Marshall le tocaba levantar cabeza después de realizar la última y execrable entrega de la franquicia Piratas del Caribe. Y si la pregunta que debo responder es sobre si lo ha conseguido, la respuesta es no. Sin duda alguna estamos ante una película entretenida, con virtudes más que evidentes y no pocas maravillas visuales, sin embargo no le hace justicia al material de Sondheim y Lapine, ni consigue convencerme de que estoy viendo algo mágico, es un producto más que no pudo hacerme sentir como sí lo hizo la obra original, es un bosque falto de frondosidad y voluntad.

Pero claro, aunque el precio de la entrada os pueda parecer caro, no es comparable a lo que os costaría ver la obra en Broadway, eso sin contar el viaje y todo lo demás. Así que esta es una gran oportunidad de disfrutar de la inolvidable obra de Sondheim y Lapine sin dejarse el sueldo mensual en ello, aunque por si acaso no compréis palomitas. Bromas aparte, con sus portentosos decorados, el encantador vestuario y en general un apartado visual que puede dejarte catatónico, este es un lugar que vale la pena visitar. Al menos si tienes hijos o si nunca has disfrutado del musical original, en tales casos alguien se lo pasará de lo lindo con este subversivo e irregular cuento. Y digo irregular porque lo es, y mucho; el comienzo es excelente y el resto de la primera hora mantiene una energía admirable que logra captar nuestra atención permanentemente, a partir de ahí el conjunto decae en picado con el paso de los minutos y a penas un par de momentos intentan salvar la situación, en vano.

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El guión ha sido adaptado por el propio James Lapine, algo que a priori podía hacernos sentirnos seguros de que lo que ibamos a ver se acercaría lo maximo posible a la calidad del original. Error de novatos, la eficacia narrativa de Lapine funciona aquí a medias, quizás porque parecer poner el piloto automático, muchas cosas funcionan estupendamente pero muchas otras sencillamente, no. Si hay que cortarle la cabeza a alguien seguramente sea a Marshall, que más allá de un guión minuciosamente respetuoso con la obra original, es el encargado de que la adaptación cuaje correctamente. Como dije antes la primera hora es enérgica y divertida, las presentaciones de los personajes funcionan y los claroscuros del guión también, por otro lado la segunda hora resulta bastante más pesada y repetitiva, fallando en demasiadas cosas de las que propone. El elenco es una de las pocas cosas que mantienen a flote el relato, pero tan solo algunos me cautivan como es debido, Emily Blunt y James Corden están encantadores de principio a fin, Anna Kendrick y Chris Pine tienen un par de momentos muy buenos, pero es Meryl Streep la que domina el filme de principio a fin granjeándose una decimonovena nominación al Oscar gracias a su papel de bruja, un trabajo magnífico, sin duda, pero que personalmente no me parece de nominación al Oscar, menos aún cuando está más que claro que no se lo van a dar. Y es que para nominar a una actriz que no opta de ninguna manera, sería mejor hacerlo con una que tuviera posibilidades.

Después de todo Rob Marshall y James Lapine no logran transferir las sensaciones que provocaba el musical original, no obstante este espectáculo cuenta con un fantástico apartado visual, un par de buenos actores y las inolvidables canciones de Stephen Sondheim. Además posee una primera hora muy agradable y algo de la fuerza del material original que sigue desperdigada por algunos fragmentos del filme. Si tienes hijos, este es un lugar que la familia disfrutará explorado. Pero cuidado con el lobo, la estrafalaria actuación de Johnny Depp puede provocar urticaria.

Alejandro Arranz

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