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Interesante thriller entre lo psicológico y lo mágico

Por Enrique Fernández Lópiz

El guardián invisible es una película del celebrado Fernando González Molina tras sus éxitos, entre otros, en 2015, Palmeras en la nieve. Y a fe que no defrauda tampoco este film pulcro y artesano, con el tinte del cine policial americano, pero a la vez muy español, dada la temática, el entorno cultural y la idiosincrasia de los personajes. A lo que se une un ritmo excelente, una tensión in crescendo y un suspense y misterio que se mantiene hasta el final. Fernando González confiesa que “siempre había querido rodar un thriller empático” y que esta fue la ocasión ideal. A la vez, define su película como “un thriller muy emocional“, que busca centrarse en el drama personal de la protagonista, y que tiene “la ilusión de que la película guste a mucha más gente todavía que a los que les ha gustado el libro”. Creo que lo consigue.

Estamos en Navarra, en los márgenes del río Baztán. Aparece el cuerpo desnudo de una adolescente en circunstancias que relacionan ese crimen con otro ocurrido un mes atrás; el cadáver está pulcramente peinado y tiene una pieza de la pastelería local en la zona del pubis. La inspectora Amaia Salazar (Marta Etura) formada en los EE.UU., en Virginia, con el FBI es enviada por sus superiores de la policía foral navarra, desde Pamplona a Elizondo, para que investigue el caso junto con un equipo bajo su mando. Amaia es natural de Elizondo, pueblo del cual guarda recuerdos amargos y del que siempre quiso huir. La inspectora Amaia Salazar, una vez comienza a dirigir la investigación, se da cuenta de que se trata de un asesino en serie con un particular modus operandi. La investigación se mezcla con los fantasmas y el pasado de Amaia, sus hermanas, cuñados y su querida tía. Todo ello en una mezcla de pueblo “profundo” donde abundan las supersticiones, la magia y la brujería.

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González Molina conoce bien el oficio y maneja correctamente las formas y maneras de construir un thriller bien narrado. La historia es fruto de una adaptación brillante y fiel que el guionista Luiso Berdejo hace de la celebérrima novela homónima de Dolores Redondo, que es el primer título de la trilogía El Baztán (junto con Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta). El libreto “contiene los suficientes giros y elementos para impedir que al aburrimiento le dé tiempo siquiera a abrir la boca” (Marín Bellón). Cuenta una historia que se mueve entre la profesionalidad de la protagonista, la oficial de policía encargada de resolver los casos de asesinato, y su esfera personal, que será importante y sorprendente, al igual que el desenlace de la indagación.

Tanto González Molina como Berdejo no defraudan, construyendo un buen retrato de los personajes y de su pasado, del entorno navarro en el que se desarrolla el entramado inquietante de muchachas asesinadas una tras otra, y comandando las pesquisas una agente sagaz y experimentada. En este punto destaco que además del elemento mágico de la cultura de la zona, se expone también, esta vez encarnado en la protagonista Amaia, su capacidad incluso extrasensorial, su intuición y su perspicacia psicológica que la hace sensitiva al mal y que finalmente, debe acudir a sus orígenes para averiguar el quid que explicará los crímenes. “La producción […] y la enigmática belleza del entorno del Baztán otorgan sabor y olor a la intriga, que siempre fluye bien” (Ocaña). Hay que unir a esto una banda sonora de gran empaque de Fernando Velázquez, que te introduce en los adentros del valle empujando a la intriga y al misterio, lo cual acompaña y ayuda a que el espectador se mantenga en vilo todo el metraje. Es excelente la acrisolada fotografía oscura rodada al límite del día, como precisa la historia, de Flavio Martínez Labiano, un maestro de la luz. La resultante es una película profesional que sabe lo que quiere y sabe a dónde va, sin olvidar el sello comercial que la cinta pretende.

En cuanto al reparto, la película pivota sobre el personaje que interpreta de manera inmensa Marta Etura, que perfila un papel complejo en el cual hay de todo: experta inspectora de policía que nos conduce a un mundo hipnótico guiada por su valentía y su intuición; mujer perseguida por su drama personal, sus traumas y miedos de infancia, que incluyen una madre demente; un viaje de seis días a su patria chica que habrá de cambiar su vida; joven igualmente enamorada; y también investigadora que con la ayuda de un inspector americano de color, llega a la convicción de que la solución del caso está en ella misma, en el autoconocimiento (“conócete a ti mismo”). El resto es todo un homenaje a los actores de reparto, pues tiene, tanto la novela como el film, personajes muy variados encarnados por figuras muy interesantes de la interpretación como Elvira Mínguez (impecable en la inquietante figura de hermana); Juan Carlos Librado (´Nene´) (monologuista de la Paramount Comedy que debuta en el cine como policía que ayuda en el caso); Manolo Solo, Ramón Barea, Francesc Orella, Miquel Fernández o Itziar Aizpuru espléndidos; y acompañan con igual efectividad Pedro Casablanc, Colin McFarlane, Benn Northover, Paco Tous, Patricia López, Quique Gago, Mikel Losada, Susi Sánchez, Miguel Herrán, Richard Sahagún y Javier Botet. O sea, en torno a Etura, se mueven con gran nivel todo un elenco de secundarios de primer orden.

La película goza de unos exteriores asilvestrados y hermosos, y panorámicas, rurales pintorescas. Fue rodada durante nueve semanas entre Madrid y el Valle del Baztán, en localidades como Lesaka y Elizondo, que es el lugar donde transcurre la novela. Cuentan también que además de rodar en lugares impracticables como ríos, bordas aisladas y otros parajes de difícil acceso, se sumaba a ello la circunstancia de que la película requería de un gran despliegue de material para su rodaje, y efectos prácticos que ayudaran a reforzar la atmósfera del lugar como efectos de lluvia y niebla; y las inclemencias meteorológicas de la zona, que dificultaban y ralentizaban mucho el trabajo. Y ocurre que con este film, que González M. lo dirige en localizaciones vinculadas al director por su condición de navarro. “Ha sido una de las experiencias más intensas y duras de mi vida profesional […] Nunca en mi en mi carrera había sentido interrelacionarse de tal modo el rodaje de una película con la historia relatada”, ha confesado.

Quiero cerrar estos comentarios señalando que este thriller, una de las películas españolas más esperadas de este año, tiene, como vengo apuntando, buenas e interesantes dosis de misterio, mitología y enigma de la cultura navarra y vasca, tema tan estudiado por el insigne antropólogo y etnógrafo Julio Caro Baroja en sus investigaciones sobre arquetipos, leyendas, ritos, mitos, brujería, etc., en parte de la zona donde se desarrolla la historia; todo lo cual vemos en la película cuando se escenifican aspectos mágicos como el fabuloso “guardián (invisible)” de las montañas, el Tarot como método para adivinar el futuro o los recursos paranormales de la investigadora cada vez que extiende sus manos sobre los cuerpos yacentes de la jóvenes asesinadas, para atisbar indicios. Hay en todo ello, una “dosis de misterio, atmósferas telúricas con un punto sobrenatural y la recreación del elemento folclórico de leyendas ancestrales en el seno de un ‘thriller’ psicológico con protagonista atormentada por su pasado” (Beatriz Martínez). De manera que no sólo es un policial, o una película de acción, sino que confluyen además, aspectos psicológicos evidentes, y también un retrato socio-antropológico muy interesante.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=Usl0QdUjB9Q.

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