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Interculturalidad, desarraigo y arrepentimiento

Por Enrique Fernández Lópiz

La película se inicia en Manchester, año 1975. La familia de origen pakistaní Khan, trabaja con ahínco para salir adelante. El hijo menor, Sayid, está pasando de lleno la “edad del “pavo” o crisis de identidad propia de la pubertad. Además, en el colegio es maltratado por otros compañeros debido a su origen oriental, a lo cual se une la actitud severa y la insistencia de su padre por imponerle las tradiciones de Pakistán. Viendo el padre que no puede con la situación de rebelión de su hijo, y en un intento desesperado por encarrilarlo, viajan al Punjab donde vive su primera mujer y sus hijas, a las que abandonó 35 años atrás.

Una singular película del conocido Director inglés de origen paquistaní Andy De Emmony, digo conocido pues fue el director del film “Oriente es oriente” de 1999, que ganó la Espiga de Oro de la Seminci y el BAFTA al mejor film británico. Esta película trata el tema intercultural sin posar su cámara sobre ningún aspecto concreto, sino que más bien hace una serie de tomas flotantes donde quien más destaca es el adolescente rebelde Sayid, pero donde hay diferentes personajes pintorescos y particulares con sus vidas, sus experiencias, sus costumbres y su cultura. El guión de Ayub Khan-Din es meritorio justamente por esta atención libre y flotante que la historia mantiene sobre el siempre actual tema oriente “versus” occidente; además, el argumento tiene su profundidad por lo que tiene de atinado retrato social, de recreación de diferencias y contrastes permanente, de lucha entre la realidad y el deseo. Tiene una estupenda fotografía de Peter Robertson y una interesante y trepidante música de corte oriental de Rob Lane y Shankar Ehsaan Loy.

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Los actores, desconocidos para mí, hacen unas interpretaciones muy buenas, así Aquib Khan, Om Puri, Jimi Mistry, Linda Basset, Robert Pugh, Vanessa Hehir o John Bramwell conjuntan una acción actoral en coro muy buena y convincente, al modo en que suele ser habitual en el cine británico.

Apunta Fausto Fernández y no sin razón, que este film no es en puridad cómico, sino más bien “una comedia de desarraigo”, con el regreso al Pakistán natal a buscar el perdón por los errores del pasado. Es yo diría, una historia de regreso a las raíces, el encuentro con quién uno fue, y cómo, fascinado por la alharaca de occidente, el protagonista abandonó en su momento a su mujer y a sus hijas y se fue a Inglaterra, a la supuesta tierra de promisión. Pero en su pueblo natal, ya ha dejado un reguero de mala fama, lo cual que le cuesta trabajo encontrar una esposa para su hijo varón tenido en segundas nupcias con su actual mujer británica. También ocurre que justamente Ella (Linda Bassett), su actual esposa británica, viaja a buscar a u esposo que tarda en volver, y esto hace que pueda conocer a la primera esposa de su marido, Basheera (Ila Arun). Y es curioso pues no la ve como a una antagonista o rival por los amores del patriarca, sino como una semejante, o sea, hay una complicidad entre las dos, como que cada una de ellas es víctima del mismo y burdo señor.

Pero en el epílogo, como señala Jordi Costa: “la mención del británico té y el oriental kebab en un breve diálogo sanciona la entente entre las dos culturas y, de paso, confirma que a esta película, más empeñada en ser amable que en ser verdadera, no le quita el sueño resolver las tensiones entre el pasado colonial y un futuro multicultural con cuatro aplicaciones rutinarias de pintoresquismo costumbrista.” Y ciertamente, en esta parte la película afloja un poco y se aproxima a una telenovela o similar. Siempre, teniendo en cuenta que es una película muy digna y recomendable.

El film tiene sus apuntes de comicidad que tal vez habrían podido aprovecharse mejor. De otro lado hay un manejo un poco frío del conflicto central del film, de las subtramas que aparecen, y cierto pecado de buenismo y amabilidad al obviar elementos dramáticos, difíciles o sencillamente problemáticos que se intuyen en la historia.

Finalmente, Sayid, el díscolo y conflictivo adolescente descubre por su propio actuar y sus experiencias en el pueblo, el sentido de su religión, su país –que antes del viaje no sabía ni ubicar en el mapa-, la riqueza de afecto y emociones presentes en sus ancestros, logrando así superar sus prejuicios y sus traumas, gravados a modo de troquel en su psiquismo por la discriminación y el mal trato de que fue objeto en Inglaterra en su condición de paquistaní.

Creo que es una película recomendable, entre tanta baratija hollywoodiense que se exhibe, por más que esta no tenga muchos efectos especiales. Pero es humana ¿qué más efecto especial queremos?

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