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Infiltrado

Por Alejandro Arranz

-Otra película más sobre narcotraficantes que no tiene nada nuevo ni interesante que contar o mostrar. Tiene energía, pero ni esa parece propia.
-Este pastiche de Furman se ve bien, entretiene gracias a una vibrante interpretación de Bryan Cranston.

Tras entregar un fracaso como Runner Runner, que al menos dejaba otra prueba más de que Ben Affleck sabe actuar, Brad Furman repite en el thriller pero en un contexto diferente y que está muy de moda ahora mismo, el narcotráfico. Después de que Netflix rompiera moldes con su serie, Narcos, y ahora que ha conseguido crear toda esa beneficiosa polémica con el anuncio gigantesco de “Blanca Navidad”, todo el mundo está deseando hacer películas sobre drogas, en especial si como es el caso, están relacionadas con Escobar y basadas en hechos reales. Para ello, la madre de Furman y ahora guionista debutante, Ellen Brown Furman, adapta la novela autobiográfica de Robert Mazur, un policía estadounidense que se infiltró como blanqueador para los narcotraficantes colombianos. Para ponerse en su piel está Bryan Cranston, le siguen -entre otros-: John Leguizamo, Diane Kruger, Joseph Gilgun, Benjamin Bratt y Rubén Ochandiano. Veamos si merece la pena este llamativo estreno.

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Furman entrega una película totalmente corriente, que transita sobre una estructura vista mil veces y sin pizca de identidad propia. El guion es un cúmulo de clichés y lugares comunes que dan forma a una trama poco interesante, a ésto se suman las apariciones constantes de unos personajes secundarios a cual más plano e incluso caricaturesco. El espectador debe conformarse con algunos detalles y un par de escenas de interés que profundizan en la vida de una persona infiltrada, aunque lo hacen de una forma más curiosa que sorprendente o psicológica. Llama la atención el gusto de Furman al ambientar el filme, que recuerda a American Hustle; aunque realmente toda la película es una mezcolanza de estilos entre Scorsese, O.Russell, De Palma, etc. The Infiltrator es una ironía de farsa, papel pintado bajo el que no encontramos nada, pero tiene ritmo y se ve bastante bien. La razón de seguir en la sala es el electrizante trabajo de Bryan Cranston, sobre el que descansa este decepcionante trabajo. El intérprete reafirma su capacidad de mudar de hombre corriente a jefazo criminal, aunque aquí los matices son diferentes a sus trabajos anteriores. Por otro lado el papel le da la oportunidad de mostrar el modo de introducirse en un personaje. Lo mejor de la película llega en los últimos minutos, con la escena de la boda, no es que sea un final excelente o inesperado, pero desde luego es más interesante que todo lo precedente.

Brad Furman fracasa de nuevo, porque todo lo que vemos u oímos en The Infiltrator, es una fotocopia de peor calidad. Lo único auténtico es Cranston, es una delicia cada segundo que aparece en pantalla, pero no es suficiente para sacar adelante esta mímesis convencional, plana y de ritmos prestados.

Alejandro Arranz

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