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Industrial Britain

Por Clara Castro

John Grierson está considerado como uno de los padres del documental. Siendo precisamente la persona que primero utilizó este término (cuando se refería a Moana, la obra de Robert Flaherty), Grierson fue un gran defensor de la “visión creativa de la realidad” (el cine documental ya no como mero registro y documento de lo filmado), abogando siempre por un “cine con propósito”, en el que los documentalistas debían implicarse con la sociedad y el momento en el que vivían sin olvidar la forma y la construcción del relato que lo mostraba. Conduciendo su obra siempre hacia el documental social, Grierson pretendía la creación de una opinión pública formada utilizando una estética clásica, lejos del vanguardismo y la experimentación soviética coetánea.

No obstante, Grierson no sólo dejó huella en el cine de no ficción por su trabajo como realizador, sino que también fue productor, teórico y propulsor de dos de las Escuelas Documentales más importantes: la británica (a través de su participación en distintos organismos) y la canadiense (actualmente la National Board of Canada sigue siendo referente).
Centrándonos precisamente en su papel como impulsor del cine documental, hablamos hoy de Industrial Britain, una película dirigida por Robert Flaherty y realizada dentro del programa de la EMB. En esta ocasión, Flaherty abandonó su habitual retrato de lo exótico para centrarse en los cambios que la revolución industrial producía en el paisaje y en la sociedad británica. Aunque por problemas de presupuesto y material Flaherty fue despedido y no pudo terminar el documental personalmente, Industrial Britain es un reflejo del proceder y de la ideología de la escuela griersoniana.

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Industrial Britain pretende ser un retrato de la Inglaterra de la época. Centrándose en las distintas industrias en auge (la minería de carbón, la industria del acero, la fabricación de vidrio…), este documental se acerca a cada uno de los sectores de producción para ver su funcionamiento y personalizar el proceso de industrialización en sus trabajadores. Vertebrado en torno a una voz over con tono épico, el discurso comienza hablando de cada uno de los sectores, pero imagen y voz siempre acaban aludiendo directamente al individuo: representando al colectivo del pueblo inglés, los trabajadores son los héroes modernos que, con su sacrificio, luchan cada día por conseguir que Gran Bretaña avance.

Predominando primeros planos que muestran sus rostros y que reflejan el esfuerzo de sus duros trabajos, y planos algo más amplios que permiten captar su movimiento y los retratan en sus lugares de trabajo, también destacan los planos detalle que enfocan la complejidad de sus labores. Funcionando como recurso, imágenes de los pueblos, de las chimeneas de las fábricas y de las cosas construidas: los efectos del progreso.
Conduciendo el discurso visual, la voz over comenta siempre lo que ve e incita a que el espectador valore y reconozca el esfuerzo mostrado. Potenciando el tono, la banda sonora de ritmos fuertes e inspiración épica terminan de movilizar y persuadir al espectador para que reconozca y se identifique con el proletariado.

Con Industrial Britain tenemos una muestra del documental social propagandístico que predominará en Europa (y, en ocasiones, incluso en EE.UU.) antes y durante la II Guerra Mundial. Del mismo modo, la forma de entender el documental que Grierson impulsó dejará huella en los cineastas posteriores, abriendo la puerta para una nueva tendencia documental: el direct cinema de finales de los años 50.

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