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Impostada y vacua

Por Enrique Fernández Lópiz

Vi noche esta película: Tomorrowland, precedida por críticas nada desdeñables. En realidad fui por ese motivo y el deseo de pasar un buen rato. No como dicen algunos que a ellos no les gusta ir al cine para “pensar”, frase con perdón asaz estúpida, que quiere decir que sólo van al cine a ver algo ligero, y no sesudo o dramático; algo de electroencefalograma plano, aunque sea mentecato. Pues bien, yo sí iba dispuesto a pensar y a reflexionar, y también, ya que llevaba el sello Disney, a disfrutar, pues no están reñidas unas cosas y otras. A cambio, lo que vi fue una película mediocre sin más fondo que el buenrollismo de los iluminados, optimistas y luchadores elegidos por un robot de orden superior, con un tinte cuasi teológico que no viene al cuento por su falta de sentido; una ciencia ficción más ficción que ciencia, mucho efecto especial y del bueno –en esto no pondré pegas-, genial fotografía de Claudio Miranda con unos campos de trigales que parecen rodados para un anuncio de margarina de tan bonitos y amarillos que son, y una.

Tratase de una película pretendidamente ambiciosa, con suntuosos festines visuales, futurista, con saltos continuos adelante y atrás en el tiempo, PERO que carece de coherencia, de sentido, de convicción, sin ni siquiera emoción. Y entonces me pregunto: ¿Pero que ha hecho Brad Bird? ¿Cómo puede ser que este señor haya construido semejante adefesio al que no hay por dónde meterle mano? Sí, parece que Bird nos quiere hablar de una lucha entre la esperanza-optimismo y la fatalidad-pesimismo, pero es algo que apenas se intuye diluidas las intenciones en una farragosa trama. Como apunta Cuéllar: … es un proyecto tan ambicioso en la forma que el fondo no le puede seguir. Es confuso en su veloz desarrollo, tanto que se va dejando tiras de piel en el cohete con el que se propulsa.

Una explicación podría ser el peregrino guión de los iluminados Damon Lindelof, el propio mesiánico Bird, amén de Jeff Jensen que pienso han querido confeccionar una ensalada tipo cosmovisión futurista, y se les fue la mano por el caminito de un petardo que lo mejor que tiene es que se te va a olvidar a las primeras de cambio.

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El reparto es tremendo en todo sentido, con un George Clooney que no sé si realmente sabe qué quiere ser en la vida o si meramente hace lo que le echen para meterse unas monedas en el bolsillo y no decaer; y recordaba yo a tantos actores de los cuarenta, cincuenta o sesenta a los que no faltó un papel en al menos en alguna gran obra, cosa que yo aún espero de Clooney, aunque la verdad, no sé si le da el talento. Los/las demás, normalitos, aunque a veces sobreactúan. Actores y actrices como Thomas Robinson (estupendo el niño Disney), Tim McGraw (bien), Kathyn Hahn (más o menos), Keegan-Michael Key (vale) o Judy Greer (para mí la mejor). No es que estén mal, es que el film está mal.

¿Y cuál es el tema del film? Veamos, por un lado una muchacha a la que desde el principio se le ven unas extraordinarias dotes para las ciencias, además de ser arrojada y optimista al máximo. Un antiguo niño prodigio y pequeño egregio inventor de aparatos para volar, que se mete en una enigmática aventura en un lugar perdido del tiempo y del espacio, conocido en la memoria de la humanidad como “Tomorrowland” (esto se parece el “inconsciente colectivo de Carl Gustav Jung y sus denominados arquetipos). Y una niña-robot con un nivel extraordinario muy mona y que al niño le gusta mucho. Todos, y algunos más, unidos por un mismo destino, y con un objetivo: salvar al planeta.

La primera cosa que me deja perplejo es que en la película no se ofrece ni media idea sobre cómo salvar a la humanidad ni a la Tierra. Pero bueno, la cosa está al parecer en tener un nivelito mental, ético y de optimismo y lucha, y entonces, ese puñado de gentes heterogéneas repartidas por todo el mundo y a quienes se les da una especie de pin mágico, son quienes nos salvarán de la debacle final.

Me recuerda todo esto a lo que se dice en la Biblia de los “falsos profetas”. O meramente los que tienen Complejo de Moisés o salvadores, algunos no muy cuerdos según demuestra la Historia o a veces vemos en prensa y radio. Yo, antes que el film y dado que estamos en la cosa de salvar al planeta y a sus habitantes, les recomiendo que lean la nueva Encíclica del Papa Francisco, que trata el tema en profundidad y que comienza conforme al título de esta forma: «LAUDATO SI’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba». Aprenderás más si haces esta esta lectura, que con las más de dos horas de este cansino film.

La película, finalmente y desde mi modo de ver, resulta ser un pastiche o potpurrí de cosas ya vistas en otros filmes o lecturas de ficción, que no llega al espectador, y que sólo gustará a los entregados a este tipo de trabajos mitad Disney, mitad espirituales. El que avisa no es traidor, luego, que cada cual haga de su capa un sallo.

Puedes ver aquí el tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=K6FuTuykXIY.

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