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Imponente película descarnada y aleccionadora

Por Enrique Fernández Lópiz

Vi esta película el día de su estreno, cuando era joven. Un año antes, había tenido ocasión de inscribirme en un ciclo completo sobre el cine del gran director polaco Andrzej Wajda (1926). Ese ciclo me cautivó, era una filmografía en blanco y negro la mayoría de las películas, intimistas, profundas, películas de esas que te calan el alma y el corazón y que cuando las ves, ya no sales igual que entraste a la sala. Obras como Cenizas y diamantes, 1958; Los brujos inocentes, 1960; Sansón, 1961; o Paisaje después de la batalla, 1970. No ha sido el único ciclo de autor al que he asistido, pero este de Wadja me impactó especialmente.

Era el tiempo de cuando la URSS aún pisoteaba a los pobres polacos y éstos tenían que arreglárselas como podían para sortear la censura comunista. Wadja vivió los duros gobiernos pro-rusos de Edward Gierek y Wojciech Jaruzelski, la represión sin coto, hasta el advenimiento de los años ochenta. En esa época, con la influyente presencia anticomunista del también polaco Karol Wojtyla (Papa Juan Pablo II), junto con el apoyo de los EE.UU. del pujante Ronald Reagan, la influencia del reformista soviético Mijail Gorbachov y la presión interna del líder sindicalista polaco Lech Valesa, que sería Presidente en 1990 (Wadja le dedicó su último film Walesa, la esperanza de un pueblo, de 2013), cayó finalmente el Muro de Berlín y con él la dictadura comunista en el llamado “telón de acero” y el advenimiento de la democracia.

Wadja es sin duda uno de los más grandes directores del cine europeo contemporáneo. La reputación de Wajda se debe sobre todo a haber sido un cronista sensible y comprometido de la evolución política y social de su país. En su momento fue todo un símbolo de la Polonia “ocupada” en el mundo, y es conocido por su capacidad para dibujar la historia de su país con sensibilidad trágica, realizando una obra artesanal que conmueve al tiempo que informa.

Pero vayamos ahora a la película que me interesa, La tierra de la gran promesa. Para mí, el visionado de este film fue todo un acontecimiento, una revelación, y desde aquellos entonces y tras haberla visto tres o cuatro veces más a lo largo del tiempo, la tengo entre las diez mejores películas de mi preferencia y gusto. En este film se narran los inicios del período industrial en la ciudad de Lodz (Polonia) a final del siglo XIX, con una crudeza inaudita. Lodz fue el epicentro de la industria textil, lo cual que requería mano de obra inmigrante. En la película, tres jóvenes estudiantes de Riga: uno polaco y católico, hijo de terratenientes provenientes de la nobleza; un judío avaro y codicioso; y un alemán de religión luterana, se unen para abrir una fábrica en la ciudad para hacer fortuna. Estos personajes genialmente retratados en la obra, sin consideraciones ni cautelas se disponen a acumular dinero y poder.

Tan terrible es esta obra, que desde entonces y para siempre aborrezco a los empresarios sin escrúpulos y a los ambiciosos sin límite, que anteponen sus propios beneficios materiales a la vida humana. Y esto, tan común hoy, es lo que expone este magnífico film de Wajda que aconsejo ver a todo el que quiera conocer históricamente aquellos tiempos de producción salvaje y sin miramiento con los trabajadores, y a los que quieran entender lo que fueron los principios de la revolución industrial, cuando eclosionó la ambición sin límite y esa parte de la naturaleza humana y social descarnada e impiadosa, capaz de cualquier cosa con tal de ganar unas monedas.

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Dirigida con la batuta maestra de Andrzej Wajda, quien también escribió un gran guión, adaptación de la novela de W.S. Reymont (el alias literario del también polaco Władysław Rejment y Premio Nobel de Literatura en 1924) Ziemia Obiecana (La tierra de la gran promesa). Excelente música de Wojciech Kilar y una soberbia fotografía de W. Sobocinski.

El reparto es auténticamente de calidad, donde hasta los muy secundarios están de auténtico lujo. Destacan Daniel Olbrychski (una interpretación brillante y magistral; parece mentira que actores como este hayan tenido tan poca proyección), Wojciech Pszoniak (perfecto), Andrzej Seweryn (muy bien) y Anna Nehrebecka (perfecta). A cual mejor.

En 1975 obtuvo entre nominaciones y premios: Nominada al Oscar: Mejor película de habla no inglesa. Festival de Seminci: Espiga de Oro: Mejor película. Medalla de oro en el “Moscow International Film Festival”. Cuatro premios en el “Polish Film Festival”. Desde mi modo de ver, poco para lo que merece, pero sin duda son reconocimientos sustanciosos.

En este film se puede casi palpar el sólido cine de Wajda, que desborda por supuesto el canon cuadriculado del realismo socialista. En Wadja confluye su doble formación de pintor y cineasta, y esto le permite dotar a sus películas de una estética envolvente, a lo cual contribuye la calidad del encuadre y el refinado tratamiento de la imagen, con una puesta en escena impresionante que incluye interiores elaborados, minucioso vestuario de época, paisajes maravillosos, así como una ambientación de época que propiamente un fresco de las injusticias de la revolución industrial.

Wajda adapta novelas históricas polacas, buscando profundizar en las raíces nacionales. El relato del ambicioso emprendimiento de los tres jóvenes empresarios le permite analizar y describir con gran intensidad, la lógica feroz y darwinista de la burguesía industrial polaca del siglo XIX, cuyo objetivo era ganar y acumular como fuera. Esa lógica incluye el trato inhumano hacia los obreros fabriles. Hay una escena en la que un patrón se encoleriza al descubrir los metros de tela estropeados por la sangre de un obrero al que una máquina acaba de triturar un brazo: https://www.youtube.com/watch?v=bkkAsdV6MNc.

Igualmente se pone de manifiesto en el film la ostentación, la utilización del amor como modo de ascenso social donde la mujer se valora por su fortuna prefiriéndose una rica heredera, aunque sea tonta, a la noble y leal prometida cuya fortuna ha menguado; y se subraya igual el sometimiento de una nobleza decadente, en aras al modelo burgués emergente.

Una película con un mensaje poderoso, que roza el expresionismo; a veces es delirante y con tintes de parodia, a veces es seca y dura, y las más pretende reflejar la deshumanización de las relaciones sociales y la pérdida de valores morales en la sociedad de las máquinas y de la producción masiva. Igualmente nos pone delante de los ojos la triste y ofensiva oposición entre el lujo y la miseria. Hay escenas que son una cruel manifestación de la ignorancia de los grandes industriales de la época y un concluyente testimonio del cinismo, la mezquindad, la intriga, la explotación, las injusticias, etc., que subyacen bajo el oropel y la apariencia.

La aconsejo vehementemente. Para mi modo de ver es una de las películas que más me han impactado e influido en mi forma de ver la vida, la economía y esa canalla que ahora se encarna en forma de corruptos y especuladores sin fin, pero que tuvieron sus antecedentes no muy lejanos en los comienzos de la industrialización en Europa ¡Hay que recordar para no olvidar!

Conclusión: Desde mi punto de vista, y no creo errar mucho, una de las mejores películas de la historia del cine.

Como quiera que es una película lamentablemente olvidada, si quieres verla lo puedes hacer aquí, si te gusta el cine no te arrepentirás: https://www.youtube.com/watch?v=k9OrkIU87hM

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