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Hombre con dinero, lobo con dientes

Por Víctor Lozano

Con este viejo proverbio anónimo quiero empezar mi crítica, que he invertido, porque lo que nos hace ver en la película que Jordan Belfort es un hombre con dinero y, al mismo tiempo, es un lobo con dientes. El prestigioso cineasta de origen italoamericano Martin Scorsese vuelve pisando muy fuerte al género que le dio fama mundial, después de un alegre paseo por los terrenos del cine familiar con vistas a la historia del cine y la infancia aventurera con La invención de Hugo. Regresa con su compañero de juergas venideras Leonardo DiCaprio, cuya nueva colaboración entre ellos es la quinta, lo que ya le convirtió tras Infiltrados en su segundo actor fetiche por detrás del indiscutible Robert De Niro. Vamos a analizar el quinto proyecto de ellos. El lobo de Wall Street se basa en la compleja e impulsiva historia de un personaje real del que poco se sabía, pues bien, nos encontramos en 1987, año del famoso “lunes negro”, y el individuo en cuestión es Jordan Belfort, un chico noble que persigue el sueño americano en la famosa Wall Street, pero allí aprende con mucha rapidez lo imprescindible del asunto: ganar una estupenda comisión y ser ambicioso en vez de hacer ganar a la ingenua clientela. Sin éxito como corredor de bolsa en su primera agencia bursátil en la que trabaja, se plantea crear la suya propia por su pie sin pensar en las adversidades que conllevará. Gracias a su éxito, fortuna, ambición y sin límite de locuras llega a convertirse en una especie de Gordon Gekko y se gana el apodo de “El lobo de Wall Street” debido a la estela de “macho alfa” de su manada de corredores de bolsa que veían la discreción como algo obsoleto.

Basada en las memorias del propio Belfort y escrita por un excelente Terence Winter, guionista de Los Soprano y creador de Boardwalk Empire (serie producida también por Scorsese), nos retrata sin agujeros la divertida y ostentosa vida de un broker sin escrúpulos que quería tenerlo todo: dinero, poder, lujo, prostitutas y drogas; vamos que quería ser “el rey del mundo”, que siendo bastante imprudente se mete en lo más profundo de su boca de lobo, todo con tal de vivir la vida loca. Nunca antes una película de Scorsese me había hecho reír tanto, de lo cual casi me sale agujetas en la mandíbula, de hecho creo que es el único film de Marty con el que me he tomado unas buenas carcajadas, si no olvidamos dos breves momentos hilarantes de su anterior película mencionada en el primer párrafo. El lobo de Wall Street funciona gracias a la destreza veterana y brillante de Marty y la versatilidad de DiCaprio a la hora de interpretar personajes desenfrenados ficticios o reales, aquí valga bien la redundancia.

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Con este nuevo éxito indiferente a las espaldas de Marty, nos recuerda a sus antiguos trabajos como Uno de los nuestros o Casino, que ya retrataban a personajes que quieren escalar hacia los más alto y al final van a la decadencia con el paso del tiempo por culpa del peor enemigo del ser humano: la avaricia; incluso en El aviador cuenta algunas anotaciones de esto.

A pesar de durar 3 horas -a mí se me pasaron volando-, te deja con ganas de más. No me extraña que me ocurra esto siendo un proyecto que junta de nuevo dos talentos de la dirección y la interpretación, en verdad lo que resulta potencialmente atractivo es el combinado de humor negro y zafio, de cinismo brutal o de sobredosis de drogas y prostitutas por doquier realmente detallistas que se gasta Winter en el guión, todo eso hace que el espectáculo sea sublime, aunque todo ese libertinaje le pueda aburrir o disgustar al espectador, no todo es alegría y diversión para algunos. DiCaprio ha vuelto a dejar huella en el cine haciendo una magnífica actuación del “inquieto” fundador de Stratton Oakmont, pero parece ser que la huella no se impregna en la Academia, allí no son capaces de digerirlo del todo, sólo saborean con nominaciones. Otro sobresaliente se merece es el resto del idóneo elenco empezando por Jonah Hill que ha demostrado una increíble habilidad mezclando con su lado cómico al meterse en la piel de Donnie Azoff, el “brazo ejecutor” de Jordan; pero esa habilidad se le va en algún momento de las manos y da la sensación de que está imitando a Joe Pesci, si bien le ha valido su segunda nominación a los Oscar como Actor de Reparto que esta vez la veo mejor que lo hecho en Moneyball. Aunque haya tenido una corta presencia de 5 minutos sobre 180, el papel de Matthew McConaughey (un año de suerte por Dallas Buyers Club y Mud) también aporta fuerza a la película como el mentor de Jordan que tiene un tarareo ingenioso para tener suerte. Y qué decir de la nueva y exuberante tentación rubia llamada Margot Robbie, actriz que en 2013 la vimos por primera vez con Una cuestión de tiempo, que también hace bien el papel de Naomi Lapaglia, segunda esposa de Belfort, y cualquier diría que esta desconocida actriz no aparenta tener sólo tiene 23 años. Con los demás actores tampoco voy a expandirme en que lo hayan hecho estupendamente bien como Jean Dujardin, Jon Bernthal, Kyle Chandler o directores disfrazados de actores como Spike Jonze, Jon Favreau o el veterano Rob Reiner.

Bueno, ya no me queda más qué decir sobre la nueva cinta del dúo de Scorsese-DiCaprio, sólo que ya es para mí la mejor película de ellos por delante de Infiltrados, ya que antes me gusta más aquella. Hubiese molado más añadir al magnífico guión más argumento a las secuencias de investigación del FBI que se han quedado muy sosas para mi gusto. En fin, he vuelto a disfrutar con el Scorsese más rebelde, inconformista y arriesgado que he podido encontrar. El lobo de Wall Street puede que no triunfe y aúlle en la próxima edición de los Oscar, pero es un auténtico show que sirve de delicia para nuestra vista y oído. Nunca verle las orejas al lobo ha sido tan excitante.

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