Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Hitchcok, Freud y Dalí

Por Enrique Fernández Lópiz

Recuerda es la octava película americana de Alfred Hitchcock con guión de Ben Hecht basado en la novela The House Of Dr. Edwardes (1927), de John Palmer y Hilary St. George Sanders. Una excelente música de Miklós Ròzsa que le valió el Oscar a la mejor banda sonora en 1945 (el film fue nominado a seis Oscar). La música de Ròzsa aporta composiciones de gran intensidad dramática junto a temas de amor de gran lirismo. Éstos alcanzan su mayor expresión en el solo de violín (Constance Meets Edwardes) que acompaña a la Bergman cuando se dirige a las dependencias de Peck en el sanatorio. Otros cortes notables son “Sueño”, “En la nieve” y “Final”. La película tiene igualmente una excelente fotografía en blanco y negro de George Barnes (Rebeca, 1940), que aporta imágenes de corte expresionista, enriquecidas con una esmerada iluminación, primeros planos psicológicos y encuadres inquietantes. Se trata de un thriller psicológico y de misterio, que se combina con un drama romántico.

Los intérpretes son de lujo con una inmensa Ingrid Bergman y un Gregory Peck más apocado que no logra la sintonía deseable con una Bergman que, literalmente, se lo merienda. Y acompañando a los protagonistas excelentes actores y actrices como Michael Chekhov, Leo G. Carroll, Rhonda Fleming, John Emery, Norman Lloyd, Bill Goodwin, Steven Geray, Donald Curtis, Wallace Ford, Arte Baker, Regis Toomey y Paul Harvey.

recuerda2

La película comienza en un sanatorio mental. El director de este sanatorio, el doctor Martinson va a dejar su puesto a un famoso medico llamado Anthony Edwards. Trabaja en el Centro la joven Doctora Piterson, que sigue el tratamiento de Gandick, un paciente con complejo de culpabilidad. Cuando llega el nuevo director todos van a recibirlo salvo la Dra. Piterson que está en su tarea médica. Pero en la comida sí se conocen el nuevo director y la Dra. Piterson, y surge el flechazo entre ambos. Ya en ese momento el nuevo doctor empieza a sufrir algunos trastornos. Tras un encuentro del Dr. Edwards con la Dra. Piterson, por la noche la doctora no puede dormir y va a la biblioteca a por un libro para leer (El laberinto de culpabilidad de Anthony Edwards). En este punto se da cuenta que el Dr. Edwards todavía está despierto y entra a su habitación. Las rayas de la bata de ella lo dejan paralizado y casi pierde el conocimiento. Surge entonces una urgencia por un intento de suicidio del paciente Gandick que trataba la Dra. Piterson. Es aquí cuando el Dr. Edwards empieza a desvariar severamente y se desmaya. La Dra. Piterson lo lleva a su habitación y cuando éste despierta no recuerda nada y sigue con desatinos sobre que él no es él y que ha matado al auténtico Dr. Edwars. La Doctora le dice que no es verdad y que sufre de complejo de culpabilidad y amnesia. Tras una serie de avatares, la Dra. Pieterson lo busca, pues ha huido del Hospital y marchado a un Hotel del que tienen que huir pues la policía los sigue. Marchan a la estación de tren donde el Doctor amnésico recuerda asuntos diversos y complejos de su vida. Deciden ir a la casa del eminente Dr. Rochester Drout, quien les pide que se queden en su casa creyendo que son matrimonio. De nuevo diferentes detalles siempre en relación a motivos de rayas sobre un fondo blanco, dejan paralizado al Dr. Edwards. En uno de esos episodios, cuando él baja al salón donde se encuentra el afamado médico Rochester Drout con una cuchilla de afeitar en la mano, el experimentado médico lo duerme con bromuro y lo hace descansar. Cuando despierta, les cuenta un sueño, tras lo cual observa la nieve con las rayas de los esquíes que se ven tras la ventana, lo cual que se asusta. A partir de este suceso el profesor Drout y la Dra. Piterson deciden llevarlo al lugar del crimen. Al llegar al escenario de la nieve y cuando iban a caer por un precipicio, el supuesto Doctor Edwards recuerda que de pequeño, mató accidentalmente a su hermano, y recordó que el verdadero Edwards había caído por un precipicio cuando esquiaban juntos y que por el complejo de culpabilidad, creyó que lo mató él. Tras esto recupera toda su memoria y su identidad. A pesar de que la cosa se complica por la presencia de la policía que lo detiene y lleva a la cárcel, la Dra. Piterson no lo olvida. Al volver a su trabajo, el antiguo Director le hace un comentario que la inquieta, entonces es cuando comprende todo: Martinson es el culpable de la muerte del Dr. Edwars.

La historia es que un joven de nombre John Palantine, que fuera médico en el ejército, sufre amnesia tras ver morir a Anthony Edwards, y por el complejo de culpabilidad que le embargaba, se hace pasar por él. Pero le descubren y se escapa. El Doctor Martinson, director del psiquiátrico que tiene que dejar su puesto a Anthony Edwards, lo mata. Por todo esto, quería echarle toda la culpa a Jonh Palantine, pero le descubre la Dra. Piterson y acaba suicidándose con la misma pistola con la que mato a Anthony Edwards. Al final recupera la memoria gracias a la Dra. Piterson, de la que se enamora perdidamente. Diríamos que en la película se mezcla la cura psicoanalítica con lo el mismo Freud denominó la “cura por amor”. Joven con talento y una mente aguda y abierta, Dra. Inteligente y hermosa, el cuento acaba bien y la Dra. Piterson y Jonh Palantine acaban contrayendo matrimonio

Se trata de una película que mezcla a tres genios: Hitchcock, Freud y Dalí. En cuanto a Hitchcock diré que no es con mucho una de sus mejores películas, pues a parecer sufrió mucho las órdenes y directrices del productor David O. Selznick, que estaba obsesionado en controlar todos los aspectos de la producción. De hecho, la maravillosa secuencia diseñada por Dalí que tenía que durar veinte minutos, Selznick obligó a reducirla ¡a tres!: ¡un despropósito! Y digo despropósito pues nos priva a las futuras generaciones de presenciar decorados y ambientación del mismísimo Dalí, que no sería la única vez que colaboró con Hitchcock.

La película, al igual que otras de Hitchcock habría podido versar sobre una forma de “caza del hombre”, incluidos toques de locura y desvarío llamativos, dado que el protagonista es un hombre trastornado mentalmente. Pero como escribió en su momento el gran cineasta y teórico del cine François Truffaut, al ver esta película sobre el psicoanálisis dirigida por Hitchcock: “Uno espera encontrarse con algo delirante y loco… y finalmente lo que se encuentra es uno de sus films más razonables, falto de fantasía y con demasiados diálogos“. Y ciertamente, todo se desarrolla con una pasmosa fuerza lógica, como quien encaja las piezas de un puzle sobre el tablero.

Hitchcock trata extensamente como en ninguna de sus películas el tema del psicoanálisis de Freud, sobre sus efectos curativos y la necesidad que plantea de explorar traumas psicológicos infantiles ocultos en lo más profundo de nuestro inconsciente. Incluso el productor Selznick contrató a su propio psiquiatra como asesor técnico del film. Es mi opinión que en aquellos entonces, el psicoanálisis era una teoría aún emergente y relativamente nueva. El tratamiento de la teoría freudiana en la película es bastante ingenuo, lo que incluye la teoría del “trauma único”, la amnesia como manera de defensa, los episodios de interpretación de los sueños que resultan muy naif, las intervenciones psicológicas de la Doctora Piterson que son muy directivas e inocentes, e igual las del ilustre psicoanalista Rochester Drout. Todo en su conjunto dibuja una visión inocente y poco madura sobre las verdades compactas del tratamiento psicoanalítico, que sin duda tiene sus beneficiosos efectos, pero a la manera en que lo plantea el film.

Si Freud que da un poco confuso, Dalí queda empequeñecido en su contribución al film, al ser mutilada la parte del sueño en el que él mostraba sus construcciones de ruedas torcidas y otros símbolos geniales de los que lamentablemente puede que ya nunca sepamos nada.

Finalmente, diré que el film es en mi opinión una obra menor de Hitchcock, con la muy grande interpretación de Ingrid Bergman que supera con creces a un Gregory Peck que no da la talla suficientemente, y quizá lo más destacado como ya he señalado sea la grandiosa banda sonora de Miklós Ròzsa.

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Escribe un comentario