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Historia de múltiples connotaciones e implicaciones

Por Enrique Fernández Lópiz

Crónica de una mentira es una película magníficamente dirigida por Xavier Giannoli, quien es también autor del guión, un libreto escrito con precisión y los trazos necesarios para reflejar la médula de esta interesante historia real: las múltiples cara del ser humano, del factor humano. Tiene una música que me ha gustado de Cliff Martinez. La fotografía de Glynn Speeckaert hace maravillas tanto en los ámbitos cerrados donde se desarrollan los tensos conflictos, como en los espacios abiertos, donde la pantalla ancha permite exponer la megalomanía de un proyecto de envergadura ¡toda una señora autopista!, que se concreta sobre el aire, sin el más mínimo soporte.

El reparto es muy profesional y de excelente nivel, con François Cluzet que hace una interpretación medida y convincente de un timador redimido; la protagonista Stéphanie Sokolinski (AKA Soko), una cantante y actriz francesa que borda el rol de joven de pueblo que queda prendada del protagonista; Gérard Depardieu, que aunque en pocos minutos, pone su sello en el film como mafioso acreditado; Emmanuelle Devos, bonita mujer y excelente actriz, con un César en su haber, que está muy bien en su papel de alcaldesa viuda, ingenua y romántica; Vinvent Rottiers es el joven incondicional y trabajador, ladronzuelo y traficante también, muy bien; e igualmente bueno Brice Fournier, el hombre experimentado y entregado a la causa.

Este cuarto largometraje de Giannoli cuenta una historia extravagante pero real, tomada de una crónica periodística: la de un profesional del engaño, la trampa y la simulación que, poco después de salir de la cárcel, recala en un pequeño pueblo del norte de Francia para enriquecerse ilícitamente. Así, es un drama basado en hechos reales. Es un estafador que al llegar al susodicho pueblo, se hace pasar por el responsable de una empresa constructora que debe continuar un tramo de autopista que había quedado paralizado en esta pobre zona de la Francia profunda. Su intención es desplumar obviamente a los parroquianos, lo cual que empieza a hacer. De hecho, logra convencer y embaucar a toda la población, y expide contratos falsos a docenas de trabajadores. Con absoluto cinismo va disfrutando de los beneficios de la estafa. Pero en este punto hace su aparición la bonita alcaldesa del pequeño pueblo por donde va el trazado de la autopista. Ella, mujer sin mucho mundo ni experiencias, descubre con el timador la órbita de sus sentimientos, enamorándose del peligroso pájaro, sin saber lo que es, evidentemente. Entonces, el delincuente parece recapacitar, en él afloran también los sentimientos nobles del amor, y en el transcurrir de la trama encontrará una forma de redención a sus fechorías y mentiras. O sea, un fresco en toda regla, un psicopatón, un estafador que descubre la posibilidad salvarse por la vía de la solidaridad y el amor.

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En 2009 este film obtuvo 1 Premio Cesar a la mejor actriz de reparto (Emmanuelle Devos) y 11 nominaciones. Festival de Cannes: nominada a la Palma de Oro (mejor película). No está nada mal.

La película es bastante metafórica, o sea, nos expone cómo funcionan aspectos humanos de hondo calado de una forma sencilla y comprensible a cualquier espectador. El protagonista es un tramposo que juega con la ambición del prójimo, como buen timador que se precie, así, en el film salen a relucir elementos negativos como la avaricia o la inmoralidad, pero a la vez, como hace aparición el amor entre los protagonistas, también emergen la ayuda o la clemencia. Si algo no tiene de bueno el guión en este punto, es que la historia se hace demasiado previsible.

El bribón Cluzet es un impostor a la vez conmovedor y patético, con el que se puede empatizar e incluso sentir simpatizar. Un personaje raro de esos que generan aversión y cariño a la vez, pues además de oportunista, es igualmente una persona que le pone entusiasmo a lo que hace, ni tampoco se rinde fácilmente, es obstinado y perseverante. Un hombre capaz de seducir a la bonita alcaldesa, una mujer vulnerable y amorosa que anhela un momento sentimental en su fría vida. Y todo ello en un entorno en que las instituciones y el sistema económico han dejado en la ruina de manera despiadada a todo un pueblo, a toda una región. Como apunta Batlle: “Giannoli expone en toda su dimensión y en sus múltiples facetas la contracara, las contradicciones, las miserias, las grietas (los agujeros) del capitalismo más salvaje”.

También es una cinta sobre un emprendimiento importante, que requiere una amplitud de escena en lo que toca al movimiento de máquinas, la ordenación de las diversas tareas que conlleva la construcción de una carretera, etc. Y qué verdad entonces la que escribe Lerer cuando refiere que esta película se dedica a mostrar “…el trabajo en sí: la construcción, las grúas, los problemas meteorológicos, la aventura de construir una autopista en el medio de la nada mostrada como si fuera un sueño. Y, de hecho, lo es. Y ahí es donde la película vuelve a la realidad”.

La película resulta todo un desarrollo visual, ideal para servir de sostén a una historia perspicaz y con múltiples connotaciones e implicaciones. Y aunque pasa por momentos desiguales, normal en un poco de exceso de metraje (130 minutos), Crónica de una mentira combina muy bien el thriller con la obra de tipo social y a la postre no se hace pesada, ni pos su temática ni por el adecuado ritmo de la cinta. Yo echo en falta, eso sí, algo más de mordacidad, de virulencia, y un poco más de incorrección. Si así hubiera sido, entonces creo que Xavier Giannoli lo habría bordado del todo.

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