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Héroes cotidianos

Por Jorge Valle

Con presupuestos mucho menores y con nombres casi desconocidos para el gran público, y sin la atención mediática ni las expectativas creadas por las grandes superproducciones de Hollywood, el habitualmente excelente cine independiente estadounidense nos ofrece cada año varias joyas que pasan, desgraciadamente, casi desapercibidas por nuestras carteleras.

Algunas llegan incluso con años de retraso, como la Blue Valentine de Derek Cianfrance, estrenada en España dos años después que en Estados Unidos. No obstante, en la última década los académicos han sabido rescatar algunos de estos títulos y nominarlos en las principales categorías de los Óscar, reconociéndoles así como lo que son: unos de los mejores films del año. Winter’s bone (2011), la película de Debra Granik basada en la novela de Daniel Woodrell y candidata a cuatro estatuillas doradas, es el mejor ejemplo de ese cine de autor que destaca por su inteligencia y personalidad a la hora de afrontar historias tomadas de la vida cotidiana, pues estos directores prefieren apostar por la complejidad de lo inmediato y lo cercano en detrimento de grandes y épicos argumentos.

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Y aun así su cine es fascinante y terriblemente duro, pues muestra la realidad desprovista de ornamento, con todos los obstáculos que estos personajes de carne y hueso tienen que salvar en su día a día. Winter’s bone narra la cruel crónica de un proceso acelerado de maduración, el de Ree (Jennifer Lawrence), una adolescente de diecisiete años encargada de cuidar a su madre enferma y sus dos hermanos pequeños que de repente se ve obligada a buscar a su padre desaparecido si no quiere perder su casa. Para ello cuenta con la ayuda de su tío Teardrop (John Hawkes), un hombre peligroso e impulsivo, como casi todos los individuos que pueblan la zona rural de los montes de Missouri, un hervidero de drogas, violencia y hostilidad. Lawrence, en la mejor interpretación de su carrera, se mete en la piel de una joven atrevida cuya única arma es su determinación y valentía para salvar a su familia y a ella misma del hambre y la pobreza. Otra demostración más de su indiscutible talento, solo equiparable a la frágil belleza de la que hace gala en Winter’s bone, que se apoya en una fotografía gélida y un notable reparto coral –con mención especial para la siniestra construcción que hace John Hawkes de su personaje- para contagiar al espectador la soledad, el miedo y el sacrificio de esta heroína maltratada injustamente por la vida.

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