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Hércules, el origen de la leyenda

Por Jon San José Beitia

Hércules, el origen de la leyenda, es una prueba evidente de que las productoras de Hollywood se dedican a exprimir, hasta la saciedad, lo que les permite llenar sus arcas económicas. Cuando parecía estar enterrado y olvidado el famoso “Peplum”, tras el éxito de producciones como Braveheart, Gladiator y la reciente 300, han hecho que surja una oleada de películas que presentan el mismo tratamiento visual en lo referente a relatos épicos de espada y brujería.

Sin duda, los relatos épicos ya tenían sus seguidores, pero la aparición de la película 300 de Zack Snyder, convirtiéndose en una obra de culto inminente, ha hecho que salgan a la luz numerosos productos similares, obteniendo resultados dispares. Por un lado, tenemos el éxito de la propia 300 y de la serie de televisión Espartaco, mientras que, por otro lado, podemos encontrar productos baratos que intentan emular lo conseguido por 300, sin ofrecer un argumento que resulte verdaderamente interesante y que se limita a explotar el estilo visual y los efectos especiales. Este último caso es, en el grupo en el que se puede colocar sin equivoco, Hércules, el origen de la leyenda, un descarado intento de exprimir, al máximo, la fórmula del éxito de 300 para obtener beneficios económicos.

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El argumento de la película resulta insostenible y desarrolla toda la historia de Hércules con verdadera celeridad, tomándose numerosas licencias artísticas para avanzar con dinamismo hacia el sinsentido. En apenas cinco minutos presenta la concepción del hijo de Zeus para pasar a presentarnos a un hombre hecho y derecho, con más músculo que inteligencia, dispuesto a todo por amor. Lo mejor para disfrutar de una película de estas características es no depositar verdadero interés en su argumento y dejarse llevar por la batalla y el espectáculo visual que ofrece, gracias a unos modestos y, mínimamente convincentes, efectos especiales.

El estilo visual sin lugar a dudas, bebe de lo presentado en la película de 300, pero no llega a superarla, teniendo más bien el aspecto visual de la serie de televisión, Espartaco, de la que también toma a alguno de sus protagonistas, los que dejan muestras de un cuerpo, verdaderamente trabajado, pero incapaz de transmitir una mínima emoción, lo que hace recordar la memorable interpretación de Rusell Crowe en Gladiator. Algunas escenas y el empleo de los efectos especiales, en las mismas, se podrían haber evitado para no caer en el ridículo más profundo. Sin ir más lejos, la secuencia del ataque del león tiene un aroma a mediocridad, insultante, que los encargados de la película podrían haber ahorrado al espectador y a la propia producción.

Los encargados de la película pecan de ser poco originales y se aprecian notables referencias a películas como 300, en su estilo visual, y las escenas de combates recuerdan, en exceso, a las ofrecidas en Troya, haciendo que, Hércules, el origen de la leyenda, tenga poco de originalidad y pueda convertirse en el fin de este tipo de producciones que, antes o después, acabarán cansando al público, al abusar del empleo de las mismas ideas y no ofrecer la calidad necesaria.

Jon San José Beitia

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