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Has pecado, Carrie

Por Javier Fernández López

Kimberly Peirce, quien años atrás nos trajo la excelente Boy Don’t Cry, dirige el remake de Carrie, el clásico de Stephen King que tuvo su primera adaptación de manos de Brian De Palma en 1976. Vendida como una de las grandes cintas del año en lo que a terror se refiere y bastante publicitada por muchos medios, la obra protagonizada por Chloë Grace Moretz (Déjame entrar) tropieza y se queda en el cubo de películas de un solo consumo y listo. No aburre, pero cae en bastantes errores, conceptos que no se han llevado demasiado bien, convirtiendo la película en un mero intento de ganar dinero sin más.

Carrie es un remake sin novedad alguna. Dirán que se ha hecho, para justificar lo artístico de la película, con el fin de llevar la historia a las nuevas generaciones. Sin problema, si lo que vas a hacer es bueno, sigue adelante. Pero, ¿qué merito puede haber en hacer una película que repite escena por escena la versión de Brian De Palma? Y vayamos al problema de raíz: la historia. Hoy día no puedes vender la misma historia y esperar que funcione igual que hace 40 años, es algo imposible. Nos han vendido en centenares de ocasiones películas donde los protagonistas pueden mover objetos con un poder especial, como X-men o Chronicle. No puedes esperar que el público se sorprenda, más aún, algunos se reirán de la simple idea de que una chica adquiere poderes especiales después de su primera menstruación.

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Analizando el reparto, Moretz, Julianne More (Crazy Stupid Love) y Gabriella Wilde (Endless Love) están estupendas en su papel, pero más concretamente, diré que están estupendas en el papel que el guión les ofrece, porque lo que queda patente en la película es que todos reaccionan muy deprisa. No nos dan un contexto con el que crear algún vínculo con los personajes. ¿El problema? No puedes construir una película donde el momento clave ocurre a los sesenta minutos de metraje.

Rob Zombie fue inteligente en su versión de Halloween en añadir elementos psicológicos (aunque no fuesen muy profundos) a una historia que necesitaba un giro más potente. Peirce, sin embargo, no se ha preocupado en dirigir una cinta con algo más de profundidad social, cayendo en tópicos estudiantiles del cine. Y por ello mismo, la película carece de la calidad que merece. Aviso de spoiler, que Carrie hoy día se asuste de su primera menstruación resulta poco creíble. De acuerdo que la chica puede asustarse de ver la sangre, pero con la educación actual en las escuelas, es muy raro que Carrie no recibiera alguna clase de educación sexual y del desarrollo del cuerpo femenino (hasta un servidor tuvo alguna que otra clase de cómo funciona el periodo). Aun así, uno puede llegar a perdonarlo porque no se sabe con certeza lo que pueden enseñar en esos institutos. Bien recibido es el elemento de las redes sociales en las películas, una novedad al menos.

Todo se presenta tan rápido y todo resulta tan precipitado que es imposible meterse en la película. Por ende, es un producto fallido, que puede ser entretenido para una tarde con los amigos, pero que no trascenderá en el género de terror. Más aún, dentro de un año será un producto olvidado. Tampoco me extrañaría demasiado una secuela tan mala como lo fue La ira: Carrie 2.

En conclusión, una lástima de película, pues le tenía muchas esperanzas puestas. Más bien, siempre pongo muchas esperanzas en cualquier remake, porque creo que una historia ya contada puede volver al cine mejor. Carrie no es el caso.

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