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Hardcore Henry

Por Alejandro Arranz

-Normalmente comparar una película con un videojuego tiene muchas connotaciones negativas. Aquí no, Hardcore Henry es divertida, adictiva y orgásmicamente salvaje.
-Uno se sienta a ver esta película y no busca más que la violencia estilística y socarrona, los chistes groseros y los excelentes efectos de serie B. Puede que a algunos les parezca algo indigno, pero hay muchos tipos de cine, y uno que divierta tanto no debe despreciarse.

Seguro que os suena Timur Bekmambetov. Es un director de cine bastante malo. Ha dirigido -entre otras cosas- Wanted, Abraham Lincoln: Cazavampiros y las más que deleznables películas de Guardianes del día y Guardianes de la Noche. De toda su filmografía seguramente Wanted es la única cosa medio pasable. Y aún así debes ser un tipo de espectador muy concreto. Y ahora va a estrenar una de esas películas que merece todo nuestro odio incluso antes de verlas. El remake muy digital de Ben-Hur. Pero no vengo aquí a que odiéis a este hombre si no lo hacéis ya (deberíais…), vengo a darle un respiro. Porque es el productor de una película que a priori tiene todos los ingredientes de sus anteriores películas. Es tonta, grosera, violenta e innecesaria. Sólo que en esta ocasión, funcionan. El director de la película es un debutante, Ilya Naishuller. Este joven ruso, ha colaborado en el guión de Payday 2, un conocido FPS (First Person Shooter) que nos metía en la piel de unos atracadores de bancos. Su debut como guionista y director de largometrajes representa una bizarra y poco equilibrada unión entre cine y videojuegos. Hardcore Henry es la definición de placer culpable más deliciosa de los últimos años ex-aequo con Drive Angry de Nicolas Cage. Es la fantasía sanguinolienta y chabacana en primera persona que todo fan de los videojuegos o “gamer” (no se me vayan a ofender) lleva años imaginando. Los haters dirán que es un juego que no se puede jugar, pero creo que cualquier jugador de videojuegos amante de las películas de acción va a disfrutar de principio a fin, va a convertirla en una película de culto y exigir una secuela. Yo exijo una secuela.

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Aunque he nombrado Payday 2 la película que vengo a comentar es más como una mezcla extraña entre un “Call of Duty”, un “Deus Ex” y el toque gamberro de “GTA V” con la actualización para jugar en primera persona. No me voy a liar con esta crítica porque no hay mucho que decir sobre esta película. Es un producto muy puro, sabes lo que compras desde el principio y eliges si te gusta o no lo que ofrece. Ahora bien, si aceptas que la lógica y las normas no forman parte de este videojuego, vas a pasar un rato desmesuradamente excéntrico y gozoso. Su premisa es la de una simple, violenta y jocosa estupidez, pero la película es mucho más inteligente de lo que parece. Sabe aprovechar su estilo y sus obstáculos volviéndolos a su favor. Un ejemplo de esto es el personaje cambiante de Sharlto Copley, que juega constantemente con la mitología de los videojuegos. El actor está sensacional y se come cada escena. Aparte de esto hay lo que se podía esperar. Acción a raudales, gamberrismo constante, chistes ofensivos, sangre a borbotones y unos efectos muy conseguidos; todo ello orquestado con una habilidad visual nada desdeñable. Un juego de permanentes filigranas de cámara que ofrecen unos fugaces 90 minutos de placeres primarios. Y aunque podría hacerse repetitivo, el filme siempre le da una vuelta de tuerca a la situación, apostando por algo más grande, más violento, más explosivo, etc. Y así muchos dirán que es una mera floritura molona o un mero ejercicio de estilo. Y puede que tengan razón. Pero madre mía, qué estilazo.

Muchos quieren ir al cine para volver a sentirse como niños, pero nos olvidamos de que podemos ir para sentirnos como adolescentes tontos que disfrutan con acción boba y unas palomitas. No hace falta que te gusten los videojuegos para que te guste esta película, simplemente que te apetezca ver un par de cabezas explotando mientras suena un poco de buena música. Eran placeres que se entendían en los años ochenta. A día de hoy parecen inadecuados, inmorales tal vez, como la eterna denuncia de que la violencia en un videojuego pueda provocar muertes en la vida real. “Hardcore Henry” es una serie B incendiaria, chiflada, furiosa, gamberra, caótica, poseedora de una energía constante y un ritmo no decae nunca porque la acción no da respiro. El dios de los placeres culpables y las chifladuras irresistibles dice que “Hardcore Henry” merece un sitio en su olimpo. Y es que tal vez debería ser ilegal disfrutar tanto con una película tan violenta, incoherente, grosera, falta de contenido y que sacie unas necesidades tan primitivas. Pero no lo es. Y doy gracias por ello.

Alejandro Arranz

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