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Hacia la vida

Por Javier Fernández López

No todo en este mundo competitivo es estudiar, sacarse una carrera, tener un trabajo, una familia estable, etc. Quizá nos preocupamos demasiado de cosas insignificantes y dejamos de lado aquello que nos acerca a nosotros mismos. Christopher McCandless había vivido desde su infancia una mentira cuyos padres eran protagonistas, mientras que él y su hermana estaban en medio de todo. Y todos tenemos algo de espíritu aventurero. A todos, o casi todos, nos gusta viajar, conocer gente nueva, sentir nuevas experiencias… por eso Christopher emprende una aventura hacia lo desconocido, sin saber qué le deparará la vida y si logrará llegar a Alaska, un lugar salvaje y natural.

Hacia rutas salvajes es una película de 2007 dirigida por el cineasta Sean Penn, el cual también escribió el guión basándose en el libro homónimo del periodista Jon Krakauer escrito en 1996. La película, como narra el propio Christopher, se divide en varios momentos de su aventura, un desarrollo en el que él decide cuándo nace, cuándo se convierte en adulto e incluso decide escoger un nuevo nombre: Alexander Supertramp.

La cinta es un cuento acerca de la búsqueda de la felicidad, del sí mismo, del yo interior. No nos encontramos ante un individuo hipócrita, sino ante un chico que sabe lo que quiere y deja de lado todas las comodidades de su anterior vida. Hay verdad en la película, hay naturaleza y hay humanidad. Estamos ante una narrativa impecable del propio Sean Penn, que dirige con eficacia y sin llegar a convencionalismos. Hacia rutas salvajes nos sirve para darnos cuenta de que aún existe la posibilidad de encontrar en la naturaleza cosas maravillosas y extraordinarias.

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De aplauso la interpretación de Emile Hirsch (La vecina de al lado), que sabe dónde poner la sonrisa y dónde poner la mirada. Ha sabido captar la esencia de Christopher, la historia real de un chico que buscaba algo más. Quienes veo un poco mal situados en sus papeles es a Marcia Gay Harden (El profesor) y a William Hurt (Dark City), aunque quizá sea eso lo que haya querido transmitir Penn en el film. Bien es cierto que los minutos finales de Harden resultan absolutamente emotivos. Jena Malone (Los Juegos del Hambre: En llamas) no aparece demasiado en la película, aunque su voz en off es suficiente como para aplaudir su trabajo. Aparece un desconocido Brian Dierker, quien se come su papel gracias a la buena química que transmite junto a Catherine Keener (Virgen a los 40), la que seguramente más dramatismo transmite a lo largo de la película quitando a Emile Hirsch. Luego tiene un pequeño papel Kristen Stewart (Crepúsculo), que como siempre no puede evitar morderse el labio, aunque cabe decir que en esta cinta tiene un papel más sexy que de costumbre. También aparece apartado de los roles cómicos Vince Vaughn (Los becarios), pero quien se lleva a la palma a dramatismo y a emotividad es Hal Holbrook (The Majestic), aunque en la película se ha omitido algún momento dramático del libro. Dejo aquí un pequeño fragmento de la obra, una carta que Christopher le envía a Ron después de despedirse:

«Los momentos que hemos pasado juntos han sido muy agradables y te agradezco de todo corazón la ayuda que me has prestado. Espero que nuestra separación no te haya deprimido demasiado. Puede que pase mucho tiempo antes de que nos veamos de nuevo…»

Animo a que os leáis el libro o que lo pongáis en la lista de pendientes como lo tengo yo, porque la carta completa es preciosa, una genialidad.

Y ahora una pequeña reflexión sobre la película con spoilers. Chris, o Álex, se equivocó, pues aunque en sus palabras y sus pensamientos hay verdad, la felicidad no está en aquello que decía, y de ello se da cuenta al final de su vida. Son muchos los filósofos que han intentado dar una definición de felicidad, pero aún se sigue discutiendo sobre ello. ¿Es un estado de ánimo? ¿Es un sentimiento? ¿Una emoción? Chris llega a la conclusión de que uno sólo puede ser feliz si puede compartir esa felicidad con alguien, porque de qué sirve ser feliz si no podemos compartir esa alegría, ese entusiasmo y esas ganas de vivir. Las personas somos seres que interactuamos los unos con los otros, hablamos, nos comunicamos. Estamos hechos para vivir los unos con los otros. La soledad puede traernos sabiduría, experiencias increíbles, pero si no tienes una persona a tu lado, puede llegar el arrepentimiento, algo que ya nos contaron en otras obras como Magnolia.

En definitiva, una preciosa y épica historia de un chico que buscó una aventura en su vida y se adentró en la salvaje naturaleza. Juzguen ustedes la vida de Christopher, porque la película despierta el debate y la reflexión, mas es un hecho real que pasados los años seguirá siendo actual. Chris al menos tuvo la suerte de no ver lo “conectados” que estamos ahora al mundo. Sólo por la banda sonora y la fotografía merece la pena Disfrútenla.

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