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Hace un millón de años no había tinte…

Por Javier Fernández López

La vi de pequeño como unas cincuenta veces. Al fin y al cabo estuve marcado por aquel boom de los dinosaurios que se generó en la década de los 90 con Steven Spielberg y su Jurassic Park. A ésta se sumarían Rex, un dinosaurio en Nueva York y En busca del valle encantado, todas con sello de Spielberg. Pero no todo el género tiene que ver con el llamado “Rey Midas del cine”, hubo otras películas antes, y en una ocasión, y viendo mi afán por el género, en mi casa se grabó directamente de la televisión en formato VHS la película Hace un millón de años, de 1966, todo un clásico del cine de aventuras y de fantasía. ¿Fantasía? Sí, por supuesto, sólo así podría llamarse a una película en la que hombres y dinosaurios convivían y en la que, de pronto, aparecen iguanas, tortugas y arañas de 30 metros. Supongo que alguno de los productores pensaría que los dinosaurios no eran más que lagartijas gigantes y concluyó que hace miles y miles de años todos los seres vivos eran gigantescos, excepto los seres humanos.

La película tiene detalles propios de otras cintas como En busca del fuego, con ciertos aspectos antropológicos al igual que también se podían observar en la adaptación cinematográfica de El clan del oso cavernario. No obstante, el rigor científico de Hace un millón de años es cero, y el elemento más importante de la película, aunque haya alguien que quiera discutirlo, es sin duda ver a Raquel Welch en bikini. Por cierto, como dato es bueno saber que la película fue rodada en las Islas Canarias.

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La acción se desarrolla en un tiempo imposible de concretar científicamente, pues tampoco es que haya excesiva preocupación por el maquillaje en la película. No hay mandíbulas más grandes ni espaldas más robustas, nada de eso. Aquí vemos al Homo Sapiens tal y como lo vemos ahora, sólo que dependerá de la tribu el cociente intelectual que tengas (y el color de pelo).

Hace un millón de años ha tenido especial repercusión en el tiempo gracias sobre todo a la película Cadena perpetua, en la que el personaje de Andy Dufresne (Tim Robbins) usa como segundo póster una imagen de la guapísima y mítica Raquel Welch sacada de esta misma película.

Ahora bien, ya yendo a un análisis un poco más profundo de la película, la coherencia brilla por su ausencia. ¿De verdad que tenía que ser tan descarada esa diferencia entre las dos tribus de la película? La primera está formada por hombres de pelo moreno, rudos, bastos y salvajes, sin sentido alguno de la ética y sin ningún conocimiento más allá de la caza y algún ritual sexual. La segunda es, permítanme la expresión, la hostia. Todos rubios, guapos, limpios (estos se lavan, los primeros temían al agua), tienen profesores, viven civilizadamente e incluso tratan bien a las mujeres. Que no es por ser machista, pero lo de que la mujer sea tratada de igual manera que al sector masculino es que algo que no llega unos cuantos de miles de años después, y todavía alguna persona lo discutiría en los tiempos que corren acerca de si ha llegado la igualdad de género.

No sé si era un mensaje que quería transmitir la película, pero al protagonista, Tumak (John Richardson) no parece maravillarle del todo esa segunda tribu de seres humanos. Más bien sigue a lo suyo, aunque llega a conocer un amor más profundo alejado de los cánones salvajes de los que él provenía.

Lo que sí me gusta de la película es la banda sonora compuesta para la ocasión por Mario Nascimbene, muy ligada a la fotografía de la película. Pero por lo demás, yo creo que esto es una muy libre interpretación de nuestro pasado, mejor verla con la idea de que lo importante es ver aquí al par de protagonistas, el rubio y la morena, caminando por ahí perdidos en el desierto. De vez en cuando se encuentran con algún dinosaurio (lo cierto es que me parecen bastante convincentes para el año en que se rodó la película), y también se puede disfrutar de alguna pelea entre modelos, porque eso sí, la mujer quera guapa hace un millón de años, era guapa de verdad, todo un símbolo sexual.

Por lo cual yo me encuentro con una superproducción al menos mínimamente entretenida. Que lo del rigor histórico y científico tampoco es algo muy negativo, lo importante es disfrutar de lo que nos ofrecen, pero claro, hay detalles que no se pueden ignorar. Si me enfrentas a dos tribus, una de morenas y otra de rubios con los ojos azules, a mí me cabeza viene directamente alguna reflexión sobre el nazismo. Las escenas con los dinosaurios me parecen de lo mejor de la película, pero lo de la iguana gigante es infumable, un chiste malo. En definitiva… mejor vean American Pie Beta House. Si es por ver a Raquel Welch en bikini, mejor vayan a algo más directo y ciertamente con más sentido común.

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