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Gusto exquisito y un estilo al servicio de la nada

Por Enrique Fernández Lópiz

El americano comienza con una impresionante escena que nos mete de pleno en el impenetrable mundo de un hombre frío y calculador, un sicario que trabaja por su cuenta para diferentes organizaciones criminales, no pudiéndose permitir el mínimo error en su trabajo pues le va la vida en ello.

El tal sujeto es Jack (George Clooney), mercenario solitario, hierático y un auténtico maestro entre los asesinos a sueldo. Pero viene a tener un problema al llevar a cabo un trabajo en Suecia, lo que hace que tenga que huir a toda velocidad para refugiarse en un ignorado pueblecito italiano, donde empieza a disfrutar de un anonimato que le proporciona cierta tranquilidad. Es ahí donde resuelve realizar un último trabajo. La decisión de abandonar la profesión se la comunica a su contacto Pavel Pavel (Johan Leysen), cuando le dice que la próxima misión será definitivamente su retirada. En este trabajo ha de cumplir con el encargo de una mujer belga (Thekla Reuten), a la que tiene que construir un fusil de francotirador con ciertas características técnicas. Mientras está en la tarea, establece amistad con el cura del pueblo, el padre Benedetto (Paolo Bonacelli), a la vez que comienza a tener una relación amorosa con una bonita joven, Chiara (Violante Placido), a la sazón una prostituta local en un burdel donde ¡oh detalle!, suena “La Bambola” de Patty Btravo.

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El holandés Anton Corbijn, prestigioso fotógrafo y realizador de videoclips alumbra un thriller claramente vinculado con el cine “polar francés” (cintas francesas de intriga criminal muy influenciadas por los maestros del cine negro de Hollywood de los años 40) y con la intriga política europea de los años setenta. O sea, es un film con tintes retro y muy alejado, pues, del cine criminal americano de hoy. Es, como dice Ocaña: “Una película de exquisito gusto artístico e impecable puesta en escena, que sin embargo cojea en su último tercio”, lo cual ocurre por algunas decisiones narrativas que lo tornan previsible y un poco fatigoso en la conclusión del metraje.

Tiene la película un guión sutil y preciso, con pocos diálogos, escrito por Rowan Joffe, adaptación de la novela del versátil Martin Booth, “A very Private Gentlement” de 1990. No obstante, el libreto se pierde en algunas partes en detalles accesorios, por ejemplo que Chiara lleve un arma, algo que carece de entidad para la trama, un detalle tramposo; el hecho de que un lobo solitario de largo recorrido como Jack quede prendado de una chica de pueblo que ejerce la prostitución; en fin, y algunos atajos argumentales que introducen imprecisiones en la historia.

La música Herbert Grönemeyer no da para demasiado; la radio ofrece junto con la banda sonora, a los sones del Tu vuò fa’ L’Americano, de Renato Carosone, y cuando Carosone no suena, la TV local emite Hasta que llegó su hora” de Sergio Leone de 1968. Magistral la fotografía de Martin Ruhe, tanto en el tratamiento del color y la luz, como en unos encuadres francamente hermosos.

En el reparto, su protagonista principal es un minimalista George Clooney cuyo principal mérito es hacer flexiones o musculación diversa para que veamos su buena forma física, porque su trazado actoral queda bastante desdibujado e incluso yo diría que apenas hace otra cosa que poner su cara… bonita y pétrea. La actriz italiana Violante Placido se desempeña con oficio y escenas de cameo interesantes. Thekla Reuten bien en su rol de mujer hermética, otra asesina profesional. Paolo Bonacelli excelente como sacerdote, no hay que olvidar que Bonacelli es un experimentado actor italiano de teatro. Johan Leysen hace bien su muy breve papel de malo malísimo. Y acompañando Bruce Altman, Filippo Timi, Anna Foglietta y Irina Björklund.

Mi parecer es que el excelente fotógrafo Corbijn ha hecho una obra con tintes estéticos apreciables, pero con una trama cuyo exclusivo propósito parece ser revisar el tiempo de espera de un asesino que desea cambiar de vida, aunque sabe que le han puesto precio a su cabeza, o sea, siempre en constante sobresalto, pues cualquiera puede ser quien venga a matarlo.

Por otro lado, hay cierto fallido intento poético en detalles como la bonita mariposa blanca, una especie en extinción que aparece una tarde en el río, cuando Jack retoza con su amada Chiara. Por supuesto sobra la tentativa de director y guionista de introducir la peregrina idea de que el cura convierta y redima al asesino Jack de sus muchos pecados. De igual manera y en tono bucólico, se nos presenta a una buena y linda mujer de la vida que con su gran corazón enamora al psicópata Clooney. Todos ellos, como dice Sánchez, “son ingredientes que trivializan un poco la propuesta de Anton Corbijn, acaso menos radical de lo que le gustaría aparentar” (Sánchez).

Son defectos que no quitan para que la obra haga una aproximación dulzona, con detenimiento y sin mucha prisa (con buenos planos, eso sí), sobre el paradigma del asesino a sueldo. Pero tanto esfuerzo en hacer una narración pausada con vocación de trascendencia, lo que provoca es tedio en bastantes momentos del metraje. Aunque Costa puede que lo diga con más rigor y menos indulgencia cuando escribe: “Es un trabajo facturado con gusto exquisito y control de la forma, pero que pone su estilo al servicio de la nada o, para ser más precisos, al servicio de un espejismo donde las limitaciones de la coolidad de Clooney quedan demasiado en evidencia” (Costa). Así es, el logro principal de Corbijn se resume en un juego de texturas, atmósferas y composiciones formales de cuadro muy conseguidas, pero poco más. Esta es la gran conclusión.

Según mi experiencia, al poco de verla, ya prácticamente no te acuerdas de nada. Lo digo porque yo, que ya la había visto en su estreno, la segunda vez que me la tropecé en TV, hasta bien avanzada la cinta, era como si no la hubiera visto: ¡no recordaba casi nada! Y cuando un film no es perceptivamente “pregnante”, o sea, no tiene suficiente significado y organización relevante, mala cosa.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=4v6UfetuoDk.

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