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Guerra Mundial Z

Por Jon San José Beitia

Aprovechando el tirón del mundo zombi llega a las pantallas una superproducción con una superestrella a la cabeza, como es Brad Pitt, para lucir protagonismo y hacerse el héroe de la función.

Brad Pitt anda alternando pequeñas producciones e incluso producciones de cine independiente con otras de mayor alcance mundial, cumpliendo en todas ellas con su rol de estrella mundial.

Guerra Mundial Z es, como La Guerra de los Mundos que protagonizó Tom Cruise, un vehículo perfecto para el lucimiento de su estrella principal. La película es una montaña rusa repleta de acción y emociones fuertes que, desde el primer momento, se lanza a una persecución implacable y agotadora, haciendo a los espectadores testigos del caos que genera una extraña epidemia.

El director maneja la cámara con nerviosismo y dota a la trama de una tensión constante, palpable a cada paso que dan los protagonistas. Los guionistas se olvidan de complicaciones emocionales y del desarrollo de los personajes y van directos al grano, creando innumerables situaciones de peligro a las que deberá hacer frente el protagonista. Cada secuencia supera a la anterior en grandiosidad y espectacularidad, haciendo que el espectador, como el propio protagonista, no tenga un instante de suspiro.

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Logra alternar la espectacularidad de secuencias rodadas con numerosos extras y participantes con otras que hacen contener la respiración, para evitar generar cualquier mínimo sonido, logrando crear una atmósfera de tensión plagada de suspense.

Para ser una especie de película de zombis se echa de menos la presencia de más sangre y violencia en determinadas secuencias. Supongo que, al ser una superproducción de Hollywood, han preferido edulcorar el relato para mantener la calificación de la película para todos los públicos y, de esta manera, aumentar las ganancias mundiales.

Otro aspecto que genera cierta risa es la capacidad del protagonista para salir ileso de innumerables situaciones de riesgo, en algunas, no llega ni a despeinarse.

A pesar de ciertos puntos débiles y del tratamiento edulcorado que le ha dado sus responsables, la película no deja un instante de respiro y cumple con lo que es una superproducción a gran escala, creada para entretener y generar grandes masas de dinero.

Jon San José Beitia

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