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Grande y ruinosa superproducción musical

Por Enrique Fernández Lópiz

La película Cotton Club nos sitúa en la Norteamérica de final de los años veinte, a escasos meses de la gran Depresión. Por ese entonces, el Cotton Club era un local de jazz muy famoso en Harlem (Nueva York). En la película, los entresijos de este establecimiento nocturno son desvelados a través de los personajes que lo frecuentan: Dixie Dwyer (Richard Gere), un atractivo y excelente trompetista cuya vida cambia radicalmente cuando salva la vida del gánster Dutch Schultz; Sandman Williams (Gregory Hines), un bailarín negro de claqué que sueña con la fama; o Vera Cicero (Diane Lane), la novia del mafioso Dutch Schultz, bella joven ambiciosa que está enamorada de Dixie, un amor prohibido que pone en riesgo su vida.

Es sin duda una excelente película en la que Francis Ford Coppola hace un excelente brindis de luz, colorido y música en homenaje a una época, a una manera de entender la vida, e incluso nos habla sobre cómo hacer cine. Es una lujosa evocación de los tiempos gloriosos del jazz a través del Cotton Club. Un film que no reparó en gastos, con un reparto de relumbrón en ese entonces (Richard Gere, Diane Lane –que estuvo regular y fue incluso nominada a los Premios Razzie como peor actriz secundaria-, Nicolas Cage, Gregory Hines y Bruce McVittie), que conformaron un reparto de lujo. Junto a ellos otros actores y actrices secundarios magistrales como Lonette McKee, Bob Hoskins, James Remar, Allen Garfield, Gwen Verdon, Tom Waitz, Jennifer Grey o Sofía Coppola por mencionar algunos.

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Además, el film cuenta con la excelente música de John Barry, la gran fotografía de Stephen Goldblatt y un guión irregular basado en la novela del escritor de color de Alabama Jim Haskins, The Cotton Club, cuya adaptación escribió el propio Coppola, junto a William Kennedy y Mario Puzo. Cabe empero una reflexión que yo considero importante: esta película es una muestra de virtuosismo cinematográfico a la que le falta enjundia en el libreto, o sea, una base literaria más solida, lo cual que se hace notar. O sea, una superproducción que a pesar de su calidad, de su excelencia y de su buena acogida de crítica, no tuvo el éxito requerido por la industria, como ahora diré.

Entre premios y nominaciones en 1984 tuvo los siguientes: 2 nominaciones al Oscar: Mejor dirección artística, montaje. 1985. BAFTA: Mejor diseño de vestuario y nominada mejor sonido. Algo más habría merecido, por su calidad en muchos aspectos.

Cotton Club es una de esas películas denominadas “malditas”, que cambió el signo de muchas personas y profesionales. Fue una obra cuyas pérdidas multimillonarias fueron sonadas, lo cual supuso la ruina de su productor Robert Evans. Y por añadidura en la cadena de desplomes, Francis Ford Coppola cayó en una crisis de envergadura y se refugió en un cine más íntimo e independiente, hasta que tuvo la oportunidad de recuperarse económicamente y en prestigio, en el año 1990, cuando rodó El Padrino. Parte III.

Ciertamente, en ocasiones la trama puede parecer en exceso atropellada, como que contara demasiadas vidas y acontecimientos en un tiempo muy limitado, breve, a lo cual se une que es un tanto exagerado querer contar a través de meramente el famoso Cotton Club el retrato de una sociedad y de una historia tan compleja como la de los EE.UU en aquel preludio del crack económico del año 1929.

Sin embargo y a pesar de todo, yo me inclino por el elogio para hacia cinta que vi en su estreno y volví a visionar hace poco en TV. Eso a pesar de no ser yo un gran aficionado a las películas de cabaret, jazz, musicales etc., y de las rémoras que he mencionado. Pero el film es todo un lujo de luz y sonido, de jazz del bueno: la calidad es la calidad.

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