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Gran thriller psicológico con la guía de John le Carré

Por Enrique Fernández Lópiz

La película transcurre en plena guerra fría, en los años setenta. La trama se desarrolla a partir del fracaso en Hungría de una misión especial, lo cual que provoca un cambio en la cúspide de los servicios secretos británicos. El agente George Smiley es cesado por ese motivo y sin embargo, cuando ya se disponía a iniciar su nueva vida de retiro, le encargan la misión de averiguar quién es el “topo” que al parecer se ha infiltrado en la inteligencia británica. Sólo alguien de fuera puede averiguar quién es. Para ello recurre a la ayuda de otros agentes jubilados, y Smiley, poco a poco, se irá informando y poniendo orden con la ayuda de las piezas de un ajedrez, como para desvelar la identidad del traidor.

Excelente película dirigida con maestría por Tomas Alfredson, conducido por un excelente guión de Bridget O’Connor y Peter Straughan, basada en la novela homónima de John le Carré. La música de Alberto Iglesias es genial, junto a una gran fotografía de Hoyte Van Hoytema. Excelente puesta en escena, cuidando mucho los detalles de la época de los setenta hasta en el mínimo detalle.

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En cuanto al reparto, estamos, como en toda buena película británica, ante un conjunto de actores y actrices de primer orden. Así, un excepcional Gary Oldman acompañado de Colin Firth, Tom Hardy, Mark Strong, Benedict Cumberbatch, Toby Jones, Simon McBurney, David Dencik, Stephen Graham, Ciarán Hinds, Svetlana Khodchenkova, Kathy Burke, Roger Lloyd-Pack, Stuart Graham, Christian McKay, Arthur Nightingale, Konstantin Khabenskiy, Philip Martin Brown, Laura Carmichael, en un extenso y excepcional equipo actoral. Es realmente un lujo ver a Firth, a Hurt, a Jones, y no digamos a Gary Oldman, todos ellos actores consagrados, en roles a los que otorgan auténtica veracidad y estilo. A veces se trata de personajes breves a la vez que de trazos realmente sabrosos.

En el curriculum de este film, en 2011, tenemos: Oscar: 3 nominaciones: Mejor actor (Oldman), guión adaptado y banda sonora. Premios BAFTA: Mejor película británica y guión adaptado. 11 nominaciones. Festival de Venecia: Sección oficial largometrajes a concurso. Satellite Awards: 3 nominaciones, incluyendo mejor película y director. Asociación de Críticos de Los Angeles: Nominada a mejor diseño de producción. Asociación de Críticos de Chicago. 2 Nominaciones. Y en 2012: Premios del Cine Europeo: Mejor música y diseño de producción. 5 nominaciones.

Estamos, pues, ante una obra magnífica, una cinta que te absorbe y te mete de lleno en su compleja trama. Película inteligente que sabe dar cuenta del espíritu de John le Carré (el propio la Carré asume el papel de productor ejecutivo en la obra). Como apunta Boyero: “Alfredson ha captado el espíritu de Le Carré, su estilo visual es tenso y pausado, describe los matices y hace entendible una historia complicada de narrar en imágenes. Los flashbacks no chirrían y tienen sentido. También han desaparecido mis prejuicios ante la excelente interpretación que hace Gary Oldman de Smiley, ese hombre que habla poco y observa mucho, cuyo poderoso cerebro analiza un mundo en el que resulta muy problemático distinguir la verdad de la mentira, las apariencias de la realidad. El topo posee una estética que parece de otra época, tiene un tono hipnótico, es transparente su alergia al efectismo”.

La película es laberíntica, intrincada, emocionante y que te mantiene muy pero que muy atento a la pantalla durante los 127 minutos que dura la película; en realidad hay que muy atento para no perder el hilo conductor, es como hacer un puzzle auténticamente complicado. Pero el espectador se ve recompensado con un thriller desconsolado, complicado y envolvente. Pero hay algo más, dimensiones que se vinculan con el espíritu humano propiamente dicho. Como dice Luís Martínez: “… el director se empeña en la perfecta reconstrucción no de una historia con alma de laberinto, que también, sino de la geografía emocional de algo más que de un periodo histórico. Y esto es lo interesante. El director empuja al espectador a seguir el hilo en zig-zag de un relato que a medida que avanza se transforma en un denso tapiz de emociones. Y, la verdad, abriga bastante”.

Estamos ante un espía que nada tiene que ver con James Bond o similares; en realidad El Topo es el anti James Bond pues no hay persecuciones en autos deportivos, ni en lanchas rápidas, ni sexo a gogó, ni balaceras, ni explosiones nucleares, y apenas escenas de acción. El director Tomas Alfredson dice hablando del personaje de le Carré: “En realidad, Smiley es el espía perfecto. Alguien cuyo rostro olvidarías inmediatamente si te lo cruzaras por la calle. Nunca expresa nada, nunca deja ver en qué está pensando. Hace preguntas y obtiene sus respuestas. Se podría pensar que no es un personaje muy cinematográfico, pero sí lo es.”

Amigo cinéfilo, lo que te digo es que en este film encontrarás una recreación sobre la soledad y la desesperanza de hombres que existieron –y existen- y que no pueden mostrar los secretos de sus corazones, ni lo que piensan, ni lo que saben. Por eso es una película a la vez que internamente trepidante y una auténtica cinta de espías, una obra de sobria intriga psicológica. Yo la recomiendo.

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