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Gran película social

Por Enrique Fernández Lópiz

Relata este film francés (El odio), los sucesos acaecidos en un barrio marginal de las afueras de París tras una noche de disturbios. En la historia, tres amigos adolescentes: Vincent (judío), Saïd (árabe inmigrante) y Hubert (negro y boxeador amateur), son testigos de cómo la policía hiere a su amigo Abdel. En la vida de estos muchachos una constante será la violencia entre bandas y los conflictos con la policía.

La estructura de El odio es transparente e intensa. Cuenta una historia que arranca a las 10.38 en La Cité (una zona marginal o especie de Fuerte Apache) para culminar veinticuatro horas más tarde. Cada salto en el tiempo está subrayado por un cartel. El resultado es un puñado de fragmentos en tiempo real que concentran lo más espeso que aconteció ese día. La muerte de un joven árabe a manos de la policía es el motor. Y la violencia contenida o manifiesta, omnipresente.

Se trata de un drama y película de culto con excelente guión y dirección de Mathieu Kassovitz. La película podría haber pasado por un auténtico documental donde se relata la vida de los pobres jóvenes de un París racista y que margina a la juventud árabe, de color o meramente de los suburbios. Es igualmente una película premonitoria, pues algunos años después se producirían los graves disturbios en Francia provocados por estos jóvenes marginados y sin futuro que se lanzaron a quemar automóviles y al vandalismo, obviamente por razones de exclusión y hartazgo en un mundo que no les brinda oportunidades de realización personal o mínimamente de trabajo.

La fotografía es muy buena de Pierre Aim, con ángulos y encuadres de las cámaras logrando un juego sutil pero perfecto visualmente con los personajes. Y la interpretación coral de los jóvenes noveles actores es magnífica, con Vincent Cassel (que ya despuntaba en ese entonces y que aporta gran personalidad a la película), Hubert Koundé, Saïd Taghmaoui, Abdel Ahmed Ghili, Solo, Joseph Momo y otros, todos a la altura del film. Por cierto, Kassovitz (director), los actores Vincent, Hub y Said vivieron durante dos meses en el mismo barrio donde se llevó a cabo el rodaje, formaron parte del mismo impregnándose del ambiente que allí se respiraba, se fusionaron con sus gentes, convivieron con ellos, lo cual que se puede percibir en cada fotograma de la película. Filmada en blanco y negro, con planos magistrales y escenas inolvidables. La puesta en escena es igualmente espléndida.

Este film obtuvo excelentes críticas en Francia, fue un éxito de taquilla y consiguió tres premios César de la academia francesa -incluyendo el de mejor película del año-, además de 10 nominaciones, que la confirmaron como una cinta clave del cine francés de los noventa. Además, obtuvo otros Premios y nominaciones en 1995 como: Festival de Cannes: Mejor Dirección. Premios del Cine Europeo: Premio de la juventud.

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Esta película es ante todo es un manifiesto contra la exclusión, y una crítica social de primer orden en un país como Francia que se dice avanzado y civilizado, pero que trata como animales a un sector de su población encarnada en inmigrantes o hijos de inmigrantes, a los cuales no brinda oportunidades en la vida. De modo que para los protagonistas y tantos miles como ellos han transcurrido años de dejadez, de marginación, de falta de educación, de promesas falsas y pérdida de oportunidades. Así, la visión que del mundo da la película no está exenta de un humor negro y ácido, con diálogos y frases como cuando Hubert y Vincent arbitrados por Said se dicen: Si hubieras ido al colegio sabrías que el odio atrae al odio”; y la respuesta consiguiente: “Yo no he ido al colegio, soy de la calle, y eso me ha enseñado que si ofreces la otra mejilla te dan por el culo, así que déjame en paz.”

Estamos ante una cinta real como la vida misma, en el extrarradio de una gran ciudad que es francesa, pero que podría extrapolarse a cualquier otro país. A la par que profética, pues todo lo que expone sucedió a posteriori y a fortiori, es o debe ser una peli-advertencia y pedagógica para todos en general y para los políticos en particular, pues la convivencia social ha de constituir el eje central de las políticas públicas. Está más que demostrado que la represión policial (la represión institucionalizada de que hablaba Marcuse), la que vemos en esta película y la que podemos ver igual en los noticiarios o leer en la prensa escrita, solo da lugar a más descontento y rencor. Como bien dice Hubert en los baños públicos, el odio solo atrae odio. Si no se actúa atendiendo esta verdad, los conflictos no acabarán jamás. Que la violencia engendra violencia, además de ser un tópico mil veces repetido (hasta en la Biblia se dice: El que a hierro mata a hierro muere), es también un aserto científico demostrado y evidenciado por afamados psicólogos sociales como Leonard Berkowitz, psiquiatras criminalistas como Daniel Lagache, etólogos estudiosos de la agresividad como Konrad Lorenz, psicólogos tan afamados como Albert Bandura o juristas como Eugéne Aroneanu, por mencionar algunas figuras de relieve.

Quiero, a modo de antefinal, transcribir la, digamos broma, que abre y cierra la película: Un tipo cae desde el piso cincuenta de un rascacielos. Mientras cae, se dice a sí mismo al pasar por cada piso: “Bien de momento. Bien de momento. Bien de momento. Bien de momento. Bien de momento”. La moraleja de la historia es: lo importante no es cómo caigas, sino cuando llegues al suelo. Pues eso, a reflexionar.

Y ahora sí, para finalizar he aquí una letra musical de José Rivera Morales, cantante, compositor, productor y arreglista, más conocido como Kendo Kaponi, o Kendo la Mano Derecha. Un joven nacido en Minilla Bayamon, Puerto Rico, huérfano, su infancia transcurrió en algunos residenciales de la isla. Parte de una de sus canciones dice así:

Yo Sé
(yo sé)

Que El que hierro mata a hierro muere
(El que hierro mata a hierro muere)
Asi es la vida de la calle
(asi es la vida de la calle)
Y no piensan en sus madres que se ahogan en dolor por ver derramando su sangre
(por ver derramando su sangre)
(BIS)

Ahora Es qe Algunas personas
Cometen actos como estos
Por querer hacer nombre y mantener
Su respeto
En la calle perooo..
La realidad es que por matar a personas
Inocentes
Nunca prevalecen
Total de toas manera
Es un acto de cobardía

Kendo Kaponi

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